sábado 28 de marzo de 2009

Universidad

Publicada el 27 de marzo 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

S
eguramente, es una buena noticia que la Universidad esté en pie de guerra. Pidan lo que pidan. Ya sabemos (los estudiantes todavía no) que la vida termina devorando a los revolucionarios y en las personas casi nunca queda gran cosa del ardor de la batalla juvenil, aunque la causa por la que disputan (la democratización en 1956, un poco de todo en 1968) termine llegando a buen fin. No puede decirse hoy que toda la Universidad esté alborotada pero en algunas sí se está armando ruido. De las protestas iniciales, los medios de comunicación hacen flotar el temor de los jóvenes a que la universidad llegue a manos privadas. La verdad es que viendo cómo se manejan algunos bancos la idea sería para echarse a temblar. Pero creo que no hay para tanto. Hace treinta años ya se decía lo mismo y ni entonces ni ahora hay empresarios dispuestos a hacerse cargo de un monstruo como la Universidad pública. En cuanto a los de fuera, menos que temer. Los jeques viejos y nuevos compran cosas que dan postín, como equipos de fútbol, y si es posible de relumbrón. ¿Pero quién va a querer quedarse con una universidad que, si es la mejor del país, es sólo la 188 del mundo? No hay que tener miedo a que se cambie de dueño, ni a que los empresarios quieran imponer las asignaturas. Ellos prefieren seguir a lo suyo y enseñar a los egresados que contraten lo que tienen que hacer en el tajo. A lo que hay que tener miedo es a que sigan estando tan abajo en todos los escalafones y a la falta de imaginación (y de otras cosas) que achaca todos los males a la falta de dinero.






viernes 20 de marzo de 2009

Franca minoría

Publicada el 20 de marzo 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

D
icen las crónicas que dice el Papa que hay que humanizar la sexualidad. Cada vez que se emplea la palabra «humanizar» se logra una frase bella pero esta vez al Papa le ha quedado muy feo. Como solo puede humanizarse lo que no es humano, el Papa admite que, en lo que a él respecta, la sexualidad es un componente animal de las personas. Un vestigio. Un elemento que deberia haberse perdido con la evolución pero que arrastramos con la misma penuria que el pelo en el pecho, tan inútil ya y tan pasado de moda desde la depilación por láser. En mi opinión, el Papa se equivoca. La sexualidad la tenemos muy humanizada. Los animales copulan por obligación, a fecha fija y con monotonnía mientras que nosotros lo hacemos por placer, cuando nos viene en gana y tratando de ser creativos. Nos gusta hacer el amor (valga la expresión) como nos gusta escuchar a Beethoven, cosa que si hace algún perro es porque el amo le obliga mientras le acaricia la testuz. Se diría que el Papa, que por oficio ha renunciado a esto de la sexualidad (por lo menos la compartida), sueña con un mundo en el que la reproducción humana se haga polinizando (la expresión es de una amiga mía) o por arte de magia. O, como se hace entre los animales, sólo para reproducirnos. Definitivamente, el Papa no entiende de esto ni un pimiento. ¿Pues no va y asegura que el condón agrava el problema del sida? Dice Celia Villalobos que el Papa sólo habla a los católicos y me pregunto yo si no está cometiendo un error de estrategia, porque como le hagan caso los católicos de África, van a quedar en franca minoría con respecto a los de otras religiones.






viernes 13 de marzo de 2009

Hombrecillos

Publicada el 13 de marzo 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

E
n uno de los relatos que aparecen en Los objetos nos llaman, Juan José Millás cuenta que su madre veía el mundo lleno de hombrecillos. Me parece sorprendente que la madre de Millás tenga quince años, pero no creo que sea imposible dado que el mundo en el que vive parece que se rige por reglas diferentes a las del resto del mundo. De hecho, que la madre de Millás tenga quince años me parece infinitamente más probable que los jóvenes a los que escuché hablar el otro día hayan leído alguna vez a Millás. Pero como ambos coinciden en ver el mundo lleno de hombrecillos, debo pensar que la madre de Millás es un pimpollo en la flor de la vida. Aquel círculo de jovencitos comentaban que un hombrecillo les había dicho no sé qué y yo, que jugué a hacerme el invisbile me enteré a vuelta de minutero de que el hombrecillo era un cabo de la guardia civil al que conozco bien y que se parece más a Hulk que a José Mota. El caso es que desde entonces cada vez que veo charlar a gente de entre quince y veinte años me acerco a escucharlos y por eso puedo asegurar que su mundo está lleno de hombrecillos y mujercillas. No existen más categorías. O se es uno de ellos o se es un hombrecillo. No me quejo de la nueva simplificación del lenguaje, que seguro que terminará por triunfar, sino de la simplificación a la que estoy seguro de que me someten cuando hablan de mí. Así creo que seguiré siendo invisible. Antes transparente que diminuto.





jueves 5 de marzo de 2009

Saber perder

Publicada el 6 de marzo 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

H
ay que ver lo mal que le ha sentado al PNV su pírrica victoria del domingo. No quiero ni pensar cómo se habrían tomado una derrota. Si ahora que todavía pueden gobernar les están diciendo de todo a los que pueden impedírselo, en el caso de que los vascos y vascas les hubiesen votado muy poquito, no descarto que se arriscasen con los de ETA para convencerlos y convencerlas de lo conveniente que sería que volviesen al buen camino. Para estos casos deberían existir academias donde se enseñase a saber perder, y a los banqueros se les deberían hacer ofertas para que no faltase ninguno. Se acaba de descubrir su última treta para no verse como el PNV, ganándole por poco al cliente. Yo no he leído nunca un documento que haya leído antes un notario (ni siquiera los que asegura haber leído), no porque me fíe de él (que no me fío) sino porque cuando uno llega allí ya lo tiene todo perdido, así que de qué me sirve condenarme tratando de entender aquello que se ha escrito para que no lo entienda cuando tengo a mano la última página del «Marca». Pero hete aquí que ahora descubro que sin que el banquero ni el notario me hayan dicho nada, mi hipoteca no puede bajar del tres y medio aunque sí puede subir al dieciocho, asunto que algún gobierno aprobó algún día y del que quizás este se haya enterado a la vez que yo. De modo cada vez que Trichet baja el precio del dinero los banqueros brindan con champán por los tiempos de crisis y festejan que tal como están hechas las cosas ellos, y no los del PNV, nunca pierden.