Los niños fueron torturados desde los tiempos más remotos y de las formas más severas incluyendo, naturalmente, el asesinato, muchas veces impune. Las cosas cambiaron con Rousseau (léase rusó) y sus colegas de la Ilustración, en el siglo XVIII, de donde parte todo lo que somos hoy. Rousseau estableció que el hombre es bueno por naturaleza (o sea, cuando nace) y, por lo tanto, en ese momento (cuando es un niño) es inocente. Si un hombre deviene luego asesino será por la influencia negativa de la sociedad pero no porque la semilla del mal navegara por su sangre. Esta idea tuvo tanta fuerza que desde entonces no se ha construido ninguna norma que afecte a los niños y que no parta de esa base. Las opiniones de los mil expertos (reales o suspuestos) que han hablado tras los últimos acontecimientos de la violencia colectiva ejercida por niños sobre niñas también se han basado en ello y todas las propuestas de futuro incluyen actuar sobre el entorno, lugar de donde se cree que los niños han tomado, primero, las ideas de cómo cometer delitos de adultos y, segundo, la certeza de que, como niños, sólo recibirán castigos de niños. Queda por dilucidar si el entorno de hoy (tan grande como el mundo) es más ingobernable que el de los tiempos de Rousseau, si disponemos de expertos capaces de domeñarlo, si tenemos que adelantar la fecha en la que hemos decidido que al entorno le ha dado tiempo a pudrir la pureza de los niños y por qué a los padres de las niñas asaltadas no les hacen los periódicos y los presidentes tanto caso como a otros padres.
jueves 30 de julio de 2009
viernes 24 de julio de 2009
Callejero
Publicada el 24 de julio de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
La revisión del callejero bajo el antiguo lema de «paz y amor» a la que parece que se aprestan los tres grupos del ayuntamiento de Cuenca, tiene pinta de esperpéntica. Habrá que empezar por Alfonso VIII, que mató y ordenó matar a unos cientos de musulmanes, lo que está mal por violento y por poco respetuoso con la multiculturalidad. Su nombre podrá ser sustituido por el de Berenguela, su hija mayor, lo que mantiene el recuerdo del asesino sin citarlo y, por ser mujer, da doble puntuación en caso de empate. Seguiremos con los Reyes Católicos, que además de no corresponderse con el carácter aconfesional de la Constitución, fueron la leche de intolerantes y un rato pendencieros. Como de su descendencia no puede uno fiarse, su nombre sería sustituido por el muy solidario de Víctimas de Isabel y Fernando, y si se considerase de mal fario el nombre de víctimas para una calle, propondremos el de Adán y Eva, los primeros refugiados de los que se tiene conocimiento, y acreditados practicantes del amor. Adiós a Alonso de Ojeda, descubridor, sí, pero también conquistador y eurocéntrico, y responsable de la muerte de indígenas de América (y de algunos de Europa). No sé si a Colón lo mantendremos y supongo que prescindiremos del Duque de Ahumada y algunos otros poco ejemplares. En cuanto a los nuevos ilustres, ignoro los méritos de la propuesta Almudena Grandes, a quien distinguiríamos sin que lo hayan hecho todavía en su pueblo, y los deméritos de J.K. Rowling, más conocida entre los conquenses del futuro; Diana Krall, que me gusta mucho a mí, o Isabel Torres (Cuenca, 1905-Granada, 1998), científica que no prosperó más por la penuria patria de la posguerra pero que se dedicó con ahínco y éxito a la elaboración de dietas.
viernes 17 de julio de 2009
El concierto
Publicada el 17 de julio de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
El cantante siempre resulta más pequeño de lo que esperabas. La explanada reservada al público, también. Por mucho que consigas acercarte, siempre te parecerá que estás demasiado lejos y, por muy pronto que llegues, alguien lo hará mucho después y se pondrá delante de ti. Por muy alto que seas, en fin, éste lo será tres dedos más, y habrás de seguir el concierto a través de las pantallas gigantes. Curioso invento el de las pantallas, que te muestra el concierto como si lo vieses en el plasma de tu casa conectado al equipo de alta fidelidad y te hace añorar tu sillón y tus zapatillas. Los culos que tocas por las veces que te tocan el culo. Huele tanto a porro que te llevas el tuyo a la boca aunque no fumas desde que ibas a COU. De Sanidad nadie supo: el camarero coge cinco vasos de plástico y mete un dedo de labriego en cada uno de ellos antes de ponerlos bajo el serpentín. Los bocadillos se hacen sobre la roña de la temporada anterior que conserva una mesa de amstel, la cerveza. Una cerveza caliente la cobran como si fuesen dos muy frías: nadie supo de Consumo. Vuelves a fijarte en el cantante, que, por muy original que sea, se empeña siempre en que el público está poco contento y debe chillar más, pareciéndose en eso a los monos de los zoológicos. También le pregunta la lección y la concurrencia canta un estribillo o una cancion entera sin que nunca le sea devuelta la parte alícuota de la entrada. A tu alrededor la gente salta que te salta y la arena del suelo se transmuta en una almendra garrapiñada entre tus dientes. Luego llega el paripé de los bises, que es mentira, claro, y cuando te vas oyes que el público habla más del relente que se ha levantado que del concierto memorable.
domingo 12 de julio de 2009
España puede salir de la crisis
Publicada el 10 de julio de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
LLevo toda la semana pensando si comprar el último libro de Aznar. Se titula «España puede salir de la crisis». Me dicen que el primer efecto de mi compra es que Aznar siga escapándose de la crisis y, aunque creo que es verdad, no me parece un argumento propio de mi talla intelectual, así que no lo tengo en cuenta. En cambio, sí me echa un poco para atrás el título, que está mitad de camino de un libro de autoayuda y un manual de bricolage. «Si tratamos a España como a un sujeto que necesita ayuda psicológica o como a la habitación del niño que hay que decorar por cuatro duros, mal vamos», me digo. Por otro lado, pienso si no era más lógico que fuese Montoro y no Aznar el autor del libro, siendo aquel el experto en economía de su partido: consulto en internet si Montoro ha prologado el libro, pero es que no. Por otro lado, el miércoles escuché a Aznar regañando a Rajoy y me dio por pensar que estaba enfadado con él porque aún no había leído su libro. Ayer escuché a Cospedal y me pareció que ella, desde luego, no lo había leído, porque el enunciado de su recetario contra la crisis (movilidad espacial y funcional del currelante) era mucho más breve que el índice. Digamos que no me anima a comparlo el hecho de que el libro no se lo lean ni los suyos. Además, ignoro por qué su sentido del patriotismo no le lleva a regalar un ejemplar a cada familia. Por qué es tan cicatero en un asunto tan importante. Y por último, el FMI ha dicho que la cosa ya va bien. Así que no lo compro. Decidido.
viernes 3 de julio de 2009
Garoña
Publicada el 26 de junio de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Con los residuos generados a esta fecha por las nucleares de todo el mundo, el planeta está sometido a una amenaza que escapa a la dimensión humana. Será cuestión de suerte que algún movimiento geológico no rompa los contenedores de alta radiactividad que hay por ahí. El plazo para que eso ocurra es de decenas de miles de años, así que poco importa seguir produciéndolos diez, veinte, cincuenta o cien más. Sobre el peligro presente, mejor no decir nada. Uno tiene que olvidarse de Chenorbil como de que la enfermedad nos acecha siempre silenciosa, aunque, a la vez, haya que hacer lo posible por conjurar ambos peligros. Por otro lado, el ecologisgta Lovelock ha dicho que el mundo subdesarrollado no tiene tiempo para esperar a las energías renovables. Si los países pobres quieren dejar de serlo tienen que recurrir a la nuclear. Es decir; si lleva razón no es una cuestión de ecología frente a economía sino de una inevitable desmembración de la izquierda, que desde ahora no podrá defender a la vez una cosa y su contraria. Se demuestra de nuevo que ser de derechas es mucho más cómodo. Los escrúpulos del capitalismo no alcanzan a pensar en las generaciones futuras ni en la miseria que crea en las actuales. Es suficiente con estar seguro de que se ha defendido la libertad de mercado para dormir tranquilo. En fin, que se comprende bien por qué cerrar o no Garoña no es cuestión técnica para un gobierno de izquierdas y también la solución de Zapatero, que aunque será tildada de salomónica, en el fondo no lo es tanto, ya que el rey judío sabía que había una madre verdadera pero aquí no encontramos ni siquiera una de alquiler. Lo más parecido son las próximas elecciones.
jueves 2 de julio de 2009
Casualidades
Publicada el 26 de junio de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Pasado mañana se cumplirán 95 años del día en que el joven serbo-bosnio Gavrilo Princip disparó contra el archiduque austricaco Francisco Fernando en Sarajevo. Como se sabe, los austriacos se tomaron muy a pecho esta muerte. Más que la de Sissi, la emperatriz, a la que se cargó, en Suiza, un italiano, dieciséis años antes. Pero que recordemos el nombre de este estudiante es una verdadera casualidad. De hecho, nadie recuerda a Mehmedbasic, Cubrilovic, Cabrinovic, Popovic, Ilic o Grabez, los seis compañeros de Princip que o se equivocaron de objetivo y mataron a otros o no dispararon porque tenían un policía al lado, no llevaban armas, se pusieron nerviosos, el coche pasó de largo o no vieron el coche porque eran miopes. De hecho, Princip, que oyó la detonación que provocó Cabrinovic, pensaba que se había quedado sin trabajo y se marchaba de allí cuando se encontró con la carroza del archiduque parada justo delante de él. ¿Qué hacía allí? La verdad es que el conductor del coche se equivocó de camino en su huida del lugar del atentado y estaba buscando el modo de salir de allí. Pero resulta mucho más poético decir que la Historia se puso delante de Princip y que éste cumplió con ella. Se acercó al coche y disparó una bala contra el heredero austriaco y otra contra su mujer. Pero Princip, que no tuvo tiempo ni de suicidarse y que murió de tuberculosis en una cárcel dos años después, puso haber caído en el olvido, como el asesino de Sissi, porque la guerra que provocó su asesinato tardó dos meses en declararse, tiempo suficiente para que no hubiese pasado nada.
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