viernes 26 de marzo de 2010

Pecadores

Publicada el 26 de marzo de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

Para explicar la conducta humana existe una vieja disputa entre ambientalistas y genetistas. Los segundos dicen que los malos lo son de nacimiento y los primeros opinan que los construye el mundo en el que viven. Supongo que la Iglesia no se mete en cuestiones de ciencia, siempre tan ajena a según qué cosas, y mantiene el genetismo a ultranza contenido en la idea del pecado original: todos somos pecadores desde que dejamos de ser cromañones. La exagerada proliferación de casos de pederastia destapados entre los curas debería hacer pensar al Papa y sus consejeros que algo no va bien en los mecanismos de reclutamiento de vocaciones y tendrían que incorporar a los seminarios un programa de detección de pecadores, algo parecido a lo que tienen los ejércitos para descubrir cobardes (aunque no quiero imaginar cómo serían las palestras donde se reconcerían a los pedófilos). Eso o admitir que instituciones como el celibato o la separación obsesiva de los sexos dentro de la iglesia no son naturales y generan (además de la desmedida atención que la organización presta a lo que ocurre del ombligo hacia abajo) una parva de delincuentes que no conoce fronteras. La división entre el pecado (odioso) y el pecador (pobre descarriado) con la que el Papa solventa el asunto es una estupidez si de lo que se trata es de que no se vuelva a repetir porque seguirá sucediendo mientras no cambien las condiciones en que viven los curas (eso sin considerar que Dios manda al infierno al pecador y no al pecado porque seguramente los conceptos no arden bien). Pero ya se sabe que no hay peor sordo que el que no quiere oír.


jueves 18 de marzo de 2010

Ciudad para peatones

Publicada el 19 de marzo de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

YCuenca nunca ha sido una ciudad para enamorados, como lo prueba que los poetas hayan hablado de las hoces, de los ríos y de los grajos y no de lo que hablan los vates en todas las partes del mundo. A lo sumo, los versos de por aquí dan para ocuparse de los capuces, cuya visión fantasmal en las noches de primavera pone la libido a la altura de la fosa de las Aleutianas. Los alcaldes son los culpables de esto, naturalmente. Ellos son los que han permitido una ciudad de calzadas anchas y aceras estrechas, incluso cuando no había coches para llenar aquellas. ¿Qué pareja de enamorados puede pasear por Colón, Ramón y Cajal, Cervantes, Calderón.., calles céntricas todas ellas, sin tener que soltarse de la mano o deshacer su abrazo cada dos por tres porque otro viandante, una sola persona, se acerca en el sentido opuesto? Pulido pasará a la historia de la ciudad por muchas cosas pero ninguna tan perdurable como haber empezado a devolver la ciudad a los peatones. Es curioso que un alcalde de derechas haya utilizado el dinero de un presidente de izquierdas para desarrollar una política que parece de los ecologistas. Pero bienvenida sea su iniciativa de poner obstáculos a los coches y malhadados los empeños de quienes solamente ponen micrófonos a los conductores para que se quejen. La ciudad tiene que ser para las personas y los coches que se queden en las afueras. Ahora sólo falta que el consistorio se convenza de que Carretería no es el paso obligado a ninguna parte para que se peatonalice con sus aledaños y tengamos algo más paecido a una ciudad que al corredor de una pensión para transeúntes.


Fotos censuradas

Publicada el 12 de marzo de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

Yo no me llevaría a mi casa muchas de esas fotos. Seguramente, no colgaría ninguna en las paredes del salón porque lo último que querría tener en ellas sería a Aznar exhibiendo esa sonrisa prepotente y estreñida que lucía cuando le nombraron doctor honoris causa en vete a saber qué esperpento de universidad. Pero me hubiera gustado ser el autor de casi cualquiera de esas imágenes y hubiera ido a Valencia a verlas de haber conocido su contenido. No hay que perderse a Camps, en una penumbra mística, rivalizando en piedad con el arzobispo de Valencia, observados ambos, desde el fondo, por la Virgen en su casa del retablo. Mas el pecado no está en que parezca que Rita Barberá festeja la victoria de su partido como si a ella le hubiera tocado la lotería sino en que realmente la alcaldesa se lo crea. El pecado está en el ojo del que mira, y diríase que los dirigentes «populares» de Valencia son los primeros en ver el pecado en sus propias actitudes, coleccionadas por los fotógrafos durante dos mil nueve. Siguiendo la costumbre de sus antecedentes ideológicos se han apresurado a censurarlas para que nadie más peque y llegue a creer que es verdad que cuando la Barberá mete a Camps en el coche oficial lo hace, a propósito, como los policías lo hacen con los ladrones. Pero parece mentira que hayan llegado tan alto como han llegado y no sepan que la mejor manera de conseguir que todo el mundo mire lo que ellos no quieren que se mire es prohibirlo. Mirelo usted en http://blogs.publico.es/elojopublico/las-fotos-que-el-pp-valenciano-quiere-esconder/839


jueves 4 de marzo de 2010

Villabajenses por el mundo

Publicada el 5 de marzo de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

Los programas de televisión tipo villabajenses por el mundo nos permiten conocer que no en todas partes viven como nosotros. Hay lugares llenos de gentes serias, eficaces y la mar de responsables, sitios donde a los empleados se les exige y se les paga mucho, ciudades en las que nos gusta mirarnos porque son el farol que ilumina la senda del progreso. También existen otros sitios en los que la revolución industrial o no ha llegado o ha pasado de largo. Dicen los villabajenses que viven allí que la gente es más amable y tiene pinta de ser más feliz, aunque no son puntuales ni hacen las cosas de hoy para mañana y el futuro para el que se promete algo es siempre indeterminado. Los villabajaneses por el mundo y los que los vemos por la televisión sonreímos con paternalismo a un estado de cosas propio de otro tiempo. Pero no lo es tanto. Ahora os enteramos de que antes de la crisis no enfermábamos tanto como decíamos sino que endosábamos al patrón y al peibé unos días de holganza, con la sana informalidad -digamos- propia de esos lugares. Y por el otro lado, el de los patrones, vemos que al jefe la imaginación le llega para proponer que se contrate por nada y se despida sin nada, como en los tiempos de la gran factoría, hace dos siglos, y como seguro que pasa (además de en sus empresas) en no pocos sitios de esos en los que los villabajenses por el mundo se admiran de lo felices que viven los naturales del lugar.