jueves 29 de julio de 2010

Supemercados

Publicada el 30 de julio de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.



He decidido veranear en los supermercados de la ciudad. No hay sitio más fresco entre el Cabo Norte y la Punta de Tarifa. Prefiero el pasillo de los lácteos. La brisa que sale de los frigoríficos refresca mi piel mejor que un baño de agua helada y el aire no está contaminado con las bacterias del pescado, por ejemplo. Es increíble que uno pueda estar junto a cientos de kilos de comida y que no huela absolutamente a nada. No estorbo en el supermercado. Me he hecho un pequeño vivac donde leo, tomo apuntes y desde el que observo a los clientes. A un gesto mío, los empleados identifican al cliente que ha robado un trozo de queso y la mercancía escamoteada es detenida en la caja con tanta discreción como contundencia. Algunos cleptómanos han agradecido ser rescatados de su pulsión criminal con semejante elegancia y han dejado una propina generosa. Sé que no me porto bien porque soy un chivato pero en tiempos de adversidad lo importante es sobrevivir. Cambio de supermercado cada cierto tiempo, así que si ayer no me vio en el suyo es porque estuve en el de un barrio diferente. Esto me sirve para seguir pasando desapercibido y para que los gerentes de los establecimientos aprendan a echarme de menos. Uno tiene que hacerse valer. Naturalmente, no cobro por mis servicios, aunque algunas empleadas creen que soy un indigente y al terminar la jornada me regalan alguna porción de comida a punto de caducar. Entonces me voy a la orilla del río. Hay un sitio donde huele a cieno y los petirrojos se acercan a recoger las sobras que disemino a propósito. Se está tan mal allí que me voy a dormir deseando que abran de nuevo los supemercados.






jueves 22 de julio de 2010

Burkas

Publicada el 23 de julio de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

La primera vez que vimos un burka fue cuando Bush decidió perseguir a Ben Laden en Afganistán. De pronto, íbamos a matar dos pájaros de un tiro. Al terrorista saudí y al machismo de una sociedad que equiparaba a las mujeres con sacos de patatas. Por si algún remilgado consideraba un exceso destruir otro país más para encontrar a aquel millonario loco que prefería vivir como un troglodita, los medios mostraron la necesidad de que Occidente acabara con las bárbaras costumbres de los talibán (a los que se acababa de ayudar para que echaran a los rusos). Según cuenta Jean Daniel, cuando en los años 90 Somalia empezaba a ser un Estado fallido, Butros Ghali consiguió que el planeta aprobase la intervención exterior logrando que la CNN rodara la hambruna que corría paralela al descontrol gubernamental. Nuestra actitud hacia el burka y Afganistán se uniformó de la misma manera: con los medios puestos a disposición del poder. Había que profundizar un poco para comprender que ningún ejército de maestras de urbanidad acabaría con el burka, una tradición de generaciones, y que lo que interesaba en Afganistán era lo habitual: poner un jefe amigo al que, andando el tiempo, le permitiríamos ser un trilero de las elecciones siempre que se mostrase resptuoso con el oleoducto que llega de Asia Central. El otro día veíamos a Moratinos mientras era agasajado por los líderes de los clanes afganos, tan medievales como antes en lo que a organización del poder se refiere, y durante un segundo también vimos dos burkas de gala de color añil. No sé qué pintaban allí, pero el caso es que Moratinos no aparentaba estar molesto por semejante atentado a la civilización... Por cierto, que a Ben Laden seguimos sin encontrarlo.



jueves 15 de julio de 2010

Kagame

Publicada el 16 de julio de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

¿De qué cree que pueden hablar César Alierta, el presidente de Telefónica, Kagame, el ídem de Ruanda? No. No es un chiste de Chiquito. Ambos forman parte de una comisión internacional donde se habla de la Banda Ancha, algo que en Ruanda tiene que ser más exótico que una barretina en el Bernabéu. La razón es que por Ruanda se exporta a Europa el coltán que se produce en el Congo. El coltán es imprescindible para los teléfonos y los ordenadores (he ahí lo de la banda ancha) y si se exporta por Ruanda es porque Ruanda lo roba al Congo a través de milicias que primero abren en canal a sus víctimas y luego las atan con sus propias tripas. La situación es parecida a la de finales del siglo XIX, cuando Leopoldo II de Bélgica redujo a la mitad la población del Congo para hacerse rico con la producción de caucho. Ayudado por un personaje como Stanley («¿doctor Livingstone, supongo?») que le cortó el rabo a su perro, lo cocinó y se lo dio luego para que se lo comiera, el belga tenía funcionarios que si encontraban una hoja en el suelo del patio recién barrido por una esclava, ordenaba que decapitaran a una docena de ellas. A diferencia de Leopoldo, que nunca estuvo en Africa, Kagame ha asesinado a punta de metralleta a centenares de hutus y se esconde detrás de su cargo de jefe de Estado para no ser detenido por genocida. A este jefe de Estado lo recibe hoy Zapatero, que ayer decía que para salir del lodo tenemos que «trabajar, y trabajar mucho». Si su trabajo es facilitar a Kagame los contratos y los contactos que le permitirán seguir siendo un criminal, más vale que se tome un día de descanso.




jueves 8 de julio de 2010

Público y privado

Publicada el 9 de julio de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

No deja de sorprenderme la particular relación entre lo público y lo privado que mantenemos en este país. Hace años convertimos la banca pública en privada para propiciar la creación de una nueva hornada de riquísimos negociantes y para renunciar a que sus beneficios nos beneficiaran a todos. La magnitud de la liberalización de nuestra economía la seguimos descubriendo poco a poco cuando, casi de refilón, nos enteramos de que en otros países el Estado tiene cosas que decir sobre algunas de sus empresas. Las sanguijuelas que roban el dinero de todos siguen siendo clase alta entre los ladrones (y entre los otros) y, a diferencia del salteador de graneros al uso, los grandes cacos no solo no son expulsados de la sociedad sino que siguen dirigiendo las instituciones que saquean. La enseñanza privada no necesita muchos subterfugios para mandar a los inmigrantes pobres (a los ricos se los queda) a la enseñanza pública, mientras los gobernantes hacen como que no se dan cuenta. La prensa, en fin, decía ayer que los médicos de la sanidad pública no practicarán abortos pero que las ciudadanas que quieran, serán atendidas por médicos de la sanidad privada. Me pregunto qué hará que a estos médicos no les importe mancharse las manos y la conciencias, y si es posible (que no lo sé) que haya médicos con distintas conciencias según la hora del día. Todo esto es muy complicado. No sé si habrá también un Dios público y un Dios privado y, si es así, quién juzgará a quién y quién será más indulgente. Al menos conmigo.



jueves 1 de julio de 2010

No sé qué hacer con el sábado

Publicada el 2 de julio de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

Estoy dudando entre el Festival de Hita y la Parada Gay de Madrid, entre el concurso de trajes medievales y el de músculos pectorales mejor cuidados. No sé si asistir al espectacular torneo final de los caballeros lanza en mano o a la fiesta de la Plaza de España, donde se prometen actuaciones musicales de muchos decibelios. Dudo si participar como Dios me dé a entender en el baile de músicas medievales, sospecho que asaz recatadas y de pasos fáciles y despaciosos, o dejarme ver en la noche loca de Chueca, más dada al frenesí, la contorsión y los gestos polisémicos. Lo de Hita terminará pronto y de lo de Madrid nunca. En Hita seguro que no ligo y en Chueca lo mejor es que no lo haga. En Hita los turistas terminaremos saludándonos de tanto vernos ir y venir de la plaza al palenque y del palenque a la plaza y en Madrid, uno entre dos millones, seré anónimo de principio a fin. No sé qué hacer con el sábado. Tengo un saco de arpillera y un bote de maquillaje para hacerme pasar por un pordiosero medieval pero no encuentro el traje adecuado para lo de Madrid, sin músculos que mostrar ni traje de marinero que ponerme. Los de Hita me llaman prometiéndome visitas guiadas gratuitas por el pueblo y los de Madrid me invitan a la ruta del arte LTGB (lésbico, transexual, gay y bisexual: casi nada). El reclamo de Hita es el interés turístico nacional de la fiesta y el de Madrid lo son frases como «placer sin disculpas» o «el poder del amor»... En fin, que si llego a saber que me iba a traer tantos problemas decidirme sobre mi tiempo libre, no cojo las vacaciones.