Los empresarios vascos pagarán a la Seguridad Social menos que los demás empresarios españoles. Así nos recuerda Zapatero el modo preferido de hacer política que tenemos en este país de nacionalismos oprimidos. La cosa nos costará a los demás quinientos millones. A esos les sumamos los quinientos que Florentino le exigió a Zapatero para que las constructoras sigan haciendo obras y sus dueños comprándose yates. Mil que no ahorramos. Quizás podríamos recuperarlos a través de la subida de los impuestos a los ricos, pero a la ministra parece irle más el discurso del presidente de las Cajas, que dice que es una gilipollez gravar más a los que ganan más de cien mil euros porque solo se recaudarían cien millones. Según sus cuentas, pues, cada cien mil euros generarían mil de impuestos; o sea, un uno por ciento. Y para eso lo mejor es no ponerse. Así que nada. También ha dicho Botín que es otra gilipollez poner tasas a los bancos para protegernos de sus desmanes porque los banqueros, sabiendo que están más seguros (aún), harán muchos más desmanes, como quien está a salvo de los cargos de conciencia. Así que tampoco... Mientras tanto, la única universidad española que teníamos entre las doscientas mejores del mundo se ha caído de la lista y todavía andan buscándola. Y leo que, aun así, los universitarios no encuentran en las empresas trabajos acordes con su formación, de modo que asusta pensar en qué consistirán los trabajos (de mierda, dicen los aspiran tes) que ofrecen las empresas. Leo, en fin, que la pasta de los vascos le servirá a Zapatero para aprobar la ley de economía sostenible y me pregunto si en lugar de sostenerla no será mejor derribarla y construirla de nuevo.
jueves 23 de septiembre de 2010
jueves 16 de septiembre de 2010
Los grillos de la cultura
Publicada el 17 de septiembre de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Un tipejo, cuyo nombre hay que callar para no darle publicidad, ha decidido que quinientos grillos pegados por el dorso a un panel son una obra de arte. Desconozco si el comisario de la exposición está de acuerdo o es un bobo que ha decidido no cortar la libertad de expresión de los grillos mientras se mueren poco a poco. No tengo nada a favor de los grillos, ni en contra. Pero sí tengo cosas en contra de estos mentecatos que alguna vez han oído que el artista tiene que romper con lo que se hace en su tiempo, que no saben hacer la «o» con un canuto y que se creen que toda estridencia es arte. Este idiota debe de creer que sus grillos son como el urinario de Duchamp en versión siglo veintiuno. En lo poco que sé del asunto, el arte es una forma de expresarse, tanto las sociedades como los individuos, y es cierto que los mayores artistas lo han sido porque han dado un paso adelante en el camino que habían trazado sus maestros. Comparar el preciosismo con el que Van Eyck aspiraba a superar la rigidez medieval o los trazos geométricos con los que Picasso buscaba salirse del academicismo que manejaba con soltura, compararlos, digo, con un unos centenares de bichos muriéndose debería ser digno del destierro. Si la forma de expresarse de este ignorante es matar a quinientos bichos más vale que se le quiten las ganas de decir nada de aquí a que él acompañe a sus víctimas. Lo menos malo del asunto (supongo) es que la barrabasada la ha auspiciado la candidatura de Cáceres a la capitalidad cultural.
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jueves 9 de septiembre de 2010
Asesores
Publicada el 9 de septiembre de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Se dice que Adolfo Suárez se rodeó de media docena de asesores y se comprende que haya seis o siete asuntos de los que no entienda un presidente del gobierno. Pero desde entonces la figura del asesor es la que más éxito ha tenido en la administración, como los insectos entre los seres vivos, y hoy son tantos que podrán contarse por decenas y quizás centenares de miles. El asesor es una figura de lo público porque en la privada al que no sabe hacer algo no se le da un puesto de trabajo, a diferencia de lo que parece hacer el Estado, que lo contrata a él y a una pila de asesores. Claro, que se dice que si los que enseñan a hacer algo son los que no saben hacerlo, los asesores deben de ser los que ni saben hacerlo ni saben enseñar cómo se hace. Seguramente eso explicaría el curioso fenómeno de que si hubiese una huelga de asesores no se enteraría nadie, salvo el de la cafetería de al lado. Pero eso es una opinión. Los datos dicen que existen instancias administrativas con un número de asesores enorme. Tan grande que probablemente lo mejor sería cerrarlas, ya que no parece sensato tener abiertos organismos tan difíciles de gestionar que necesitan muchos jefes, muchos funcionarios y una legión de asesores, empleados eventuales cuyos conocimientos no valdrán nada cuando cambie el gobierno. El colmo -me lo contaban el otro día- es cuando se designa a un asesor antes de saber a quién va a asesorar. Personas abocadas a no saber dónde estarán sus mesas, sus oficinas y ni siquiera el nombre de los jefe a quienes tendrán que asesorar. Personas, eso sí, de gran entereza y vastos conocimientos, capaces de asesorar a quien le pague por hacerlo.
jueves 2 de septiembre de 2010
Gastar bien
Publicada el 27 de agosto de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Algunos expertos empiezan a difundir la idea de que algo tiene que cambiar en la administración del Estado. Los políticos deben dejar de ofrecer a su público las cifras de gasto como medallas que acreditan su competencia. No se trata tanto de gastar mucho como de gastar bien y, naturalmente, ofrecer a los ciudadanos los criterios de eficiencia en el gasto. Por ejemplo, en Castilla-La Mancha ya hemos conseguido que el gasto en Educación sea el 6% del PIB, cifra mítica que nos coloca junto a los países más desarrollados del mundo. El siguiente paso tiene que ser demostrar que el dinero se ha gastado en lo que debía gastarse. En algún momento, y no demasiado tarde, se tendrá que probar de forma fiable que nuestros estudiantes de todos los niveles salen mejor formados que antes y, si no, la sociedad tendrá que demandar que ese dinero se desvíe a otros campos y seguramente encárgarselo a otros gestores. Los contribuyentes tenemos que empezar a exigir a los que administran eventualmente nuestros impuestos (aunque algunos parecen fijos discontinuos y otros fijos a secas) que no nos presenten la cuenta de gastos sin más sino con los datos para que podamos auditarlas, lejos de los faroles de las elecciones y de los rifirrafes en las tribunas de los periódicos. Esto no convertiría la política en gestión empresarial pero me pregunto cuántas pasarelas como la que se hizo en Cuenca sobre la calle Juan Carlos I o cuántos indescriptibles bosques de acero o cuántas televisiones-panfleto o cuántos... (ponga usted lo que se le ocurra sobre los puntos suspensivos) nos habríamos ahorrado y cuántos cuartos podríamos haber dedicado a cosas más útiles.
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