jueves 30 de diciembre de 2010

El tonto del pueblo

Publicada el 31 de diciembre de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.



Si las compañías eléctricas estuvieran en la ruina, la compra-venta de Endesa no habría supuesto un asunto en el que intervinieron los gobiernos de varios países, porque a ningún gobierno le interesa que se compre una empresa ruinosa. La «deuda histórica» que los consumidores tenemos con las eléctricas consiste en que, cuando el sector no estaba del todo desregulado (cuando el gobierno mandaba algo porque al Estado aún le quedaba algo) el ministro del ramo les decía a las eléctricas que no subieran la luz tanto como querían, que la subieran un poco menos y el Estado les pagaría la diferencia. El Estado, claro, no lo hizo, y ahora las eléctricas, que no están arruinadas sino compitiendo en la rapiña internacional por extender sus cables en cualquier país más pobre que el nuestro, se cogen lo que dicen que es suyo. Para eso cuentan con las reglas del juego de un país orgulloso de ser el más liberal de su entorno (aunque se diga lo contrario) y, sobre todo, con un ministro que no sabemos para qué sirve. Desde luego, se parece más al capitán de los empresarios de los sectores que gobierna que al árbitro que debe conciliar los intereses contrapuestos que hay en el país tratando de conseguir siempre el interés colectivo. Cuando ha dicho que la subida de la luz equivale al precio de un café ha asumido el papel del tonto del pueblo, ese que rompe de una pedrada la cristalera de la farmacia porque los mozos, los listos del pueblo, le han prometido que luego le invitaran a un coñá. En su caso (es la segunda vez que lo pronostico) algún que otro jugoso consejo de administración.





viernes 24 de diciembre de 2010

Piratas y palomitas

Publicada el 24 de diciembre de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.



No estoy seguro de que internet sea la culpable de la crisis de la industria cultural española, de la que se lleva oyendo desde mucho antes de internet. Es cierto que ver una película descargada de la red tiene un coste casi cero pero no creo que el cierre de las webs de descargas vaya a suponer la resurrección del negocio de la exhibición (que, por otra parte, incluso en los buenos tiempos dicen que obtenía más dinero de la venta de las golosinas y los refrescos que de la propia película). Lo que se ve en casa es un sucedáneo de lo que se ve en el cine (la película se ha comprimido, ha sufrido los avatares de una transmisión y finalmente se reproduce en un equipo no siempre demasiado sofisticado) hasta el punto que considero que debería estudiarse si a las salas les han dado la espalda los degustadores de cine o los consumidores de entretenimiento y palomitas, si tenemos menos espectadores o solo menos clientes en las salas. Cuántos, en fin, de los que ven a Robert de Niro pixelado por cero euros correrían a pagar seis por verlo a tamaño doble del natural. Quizás la industria del cine tenga que adaptarse a un nuevo modelo de negocio desligado de la exhibición en grandes salas, como tendrá que hacerlo el comercio minorista y otros muchos negocios tradicionales que están siendo agredidos por los nuevos modos de internet. Quizás, pero no estoy seguro. Porque los acérrimos de la piratería son la leche. El otro día un amigo ya me pasó el último libro de Umberto Eco en formato electrónico. Cuando las barbas de tu vecino veas pelar...





jueves 16 de diciembre de 2010

La lotería

Publicada el 17 de diciembre de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.



Eran muchos los centenares de personas que hacían cola la otra mañana. Contemplé la riada de gente apoyado en un coche a la intermperie casi del invierno porque el bar que otras veces había visto abierto lucía ahora una densa capa de polvo en las cristaleras, prueba de que llevaba ya varias semanas clausurado. Pensé que solo un toque de blanco y negro y un ligero rictus de tristeza en los rostros era lo que separaba una fila de la beneficencia de mediados del siglo pasado de esta otra a las puertas (es un decir, claro) de la lotería de doñamanolita. Vi cómo la cola continuaba su hormigueante crecimiento a razón de varias personas por minuto hasta que dobló la esquina y empezó a colonizar la quinta calle concatenada de ese decrépito centro de Madrid. Se aprestó la multitud a tapar otra tienda cerrada y otro lienzo de pared pintarrajeada. La crisis ha mostrado cómo detrás de las luces brillantes y las paredes bellamente forradas de madera de los comercios rutilantes de hoy dia, hay más cartón piedra de lo que creíamos. Esos buscadores de la suerte parecían avergonzarse de la ruina que invade el amplio patio trasero del corteinglés y parecían amontonarse menos para conseguir un décimo bendito que para ocultar a los turistas la visión de semejante decrepitud. Pensé si es que nadie trabajaba aquella mañana en Madrid o si es que los empresarios habían dado permiso a los empleados para que fueran a comprar lotería, a ver si les tocaba y podían quitárselos de encima sin tener que recurrir a ninguna reforma laboral. Diríase que por una vez también ellos quieren que a los pobres les sonría la fortuna.







jueves 9 de diciembre de 2010

Formas de hablar

Publicada el 10 de diciembre de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.



A los accidentados siempre se les saca de un amasijo de hierros y las inundaciones siempre son graves, so pena de quedarse en charcos. Les pasa lo que a los asesinos, siempre fríos y calculadores, pues no se conoce de uno solo que sea frío pero un desastre en cálculo ni de un pitágoras caliente como una plancha de asar costillas. También son fríos los datos, por más que digan que estuvimos un año a cuarenta grados a la sombra. Será entonces cuando salten todas alarmas. No una ni dos, sino todas a la vez, aunque no haya en parte alguna sirena ni aviso acústico o luminoso. Estableceremos, si llega el caso, una hoja de ruta que nos llevará a ningún lado por más que se remarquen las líneas rojas que no podrán atravesarse. Cuando constatemos la inutilidad del empeño lo haremos con sorpresa e indignación porque ambas caminan tan juntas como lo hicieron Ramón y Cajal, y puesto que si el uno no fue nada sin el otro ya me dirá usted de qué sirve sorprenderse uno si a la vez no se indigna. El asunto resultaría tan hueco como esperar sin desear. Espero y deseo, por ese orden, es una posición personal dignísima. Tanto como la del ministro, pongamos por caso, que hará esfuerzos por gastarse con eficacia nuestra pasta y en la oficina se aplicará a ello con el mismo denuedo que pondría en salir de un estreñimiento. Así habrá hecho bien los deberes y lo pondremos en valor adecuadamente. No lo valoraremos porque eso sería simple racanería y cuando, en fin, alguien me pregunte que con qué me quedo diré que desde luego no con esta forma estúpida de hablar tan propia de los que tienen como profesión hablar lo mejor posible.






Amputaciones y parte médico habitual

Publicada el 3 de diciembre de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.



La flebitis no baja y la insuficiencia coronaria no cede, así que el enfermo continúa en estado crítico según informa el equipo médico habitual. Los telediarios de hoy se parecen una barbaridad a los de hace treinta y cinco años. Abren con el parte médico del enfermo. Los tiempos que corren, seguramente también se parecen a aquellos. Como entonces, nadie dice en voz alta que desea que se muera ya el enfermo, pero hay una legión esperando que palme para llegar pronto al poder (suponiendo que detrás de esa palabra exista hoy algo distinto a calzarse un coche oficial). Lo que ha cambiado es el enfermo, la enfermedad y el equipo médico. El enfermo es la soberanía del país; los síntomas de la enfermedad, el índice de la Bolsa y el precio de la deuda pública; y la enfermedad misma se llama capitalismo vergonzoso. El equipo médico, en fin, es el gobierno, que amputa aquí y allá a ver si el enfermo no hinca el pico. Si sobrevive quedará irreconocible, como si lo hubiese pillado un tranvía. Y si no, también. He ahí el drama de la medicina desde los tiempos de Galeno. Zapatero prefiere dirigir el serrucho que demedia el Estado del Bienestar a perder el tiempo con las bravatas de Chávez, pero acude a pedir el circo de 2018 porque el fútbol es asunto muy capital (Casillas y Zapatero al mismo nivel o lo que decía antes sobre el poder y el coche oficial). ¿Habremos de recurrir a Wikileaks para saber si el gobierno está jugando sucio para quitarse a los especuladores de encima, como si fuesen los familiares de José Couso, o admitimos humildemente que está amputando, simplemente porque no puede con ellos?