Ser miembro o simpatizante de un partido político es muy cómodo porque le dan a uno todo resuelto. ¿Que aumentamos los impuestos, que dejamos que nos suban la luz, que permitimos que Telefónica no admita ni eñes ni acentos en blancas.paginasamarillas.es? Pues por algo será, hombre, por algo será. En cambio, tratar de enterarse de todo exige muchas horas de esfuerzo y formarse un criterio no es nada fácil. Lo último que demanda nuestra concentración son las cajas de ahorro. Después de averiguar en qué consiste la crisis, el rescate de los bancos, los puntos básicos de la deuda y un montón más de cosas, ahora nos toca empezar con las cajas. ¿Están arruindas por subvencionar los chándals del equipo de natación o por los chanchullos inmobiliarios y chanchullos a secas de los que han manejado el dinero de los impositores como si fuese de los impositores (porque si lo hubiesen manejado como si fuese suyo habrían andado con más cuidado)? ¿Convendría limpiar los bolsillos de los (i)rresponsables antes de darle a las cajas una pasta, a razón de quinientos euros por cada español o residente según los cálculos de la ministra, y mucho más según Almunia? ¿Interesa convertirlas en bancos para quitar a los fabricantes de clientelismos comarcales una magnífica herramienta o mantenerlas por lo de los equipillos de fútbol del barrio? No sé. Empezar a estudiar todo esto me da una pereza... Me gustaría ser joven, para que me diese lo mismo, o de un partido, para que me dijesen qué he de pensar. Pero siendo lo que soy me siento fatal porque entender el dia a día es más difícil que sacarse un máster.
jueves 27 de enero de 2011
jueves 20 de enero de 2011
La realidad y sus previsiones
Publicada el 21 de enero de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Después de haber asistido a la primera guerra televisada, la primera revolución coordinada por twitter, el primer premio Nobel preventivo, etcétera, en España estamos viendo por primera vez cómo las previsiones han conseguido que la realidad se adaptara a ellas y no al revés, como parecería menos ilógico. Los ciudadanos hemos hecho caso a los periódicos y a los camareros y hemos decidido acabar con el negocio de la hostelería. Yo mismo tuve hace quince días mi primera duda. No sabía si me apetecía un cortado con un churro o un cigarrillo winston, si tenía hambre o dependencia de la nicotina. Ahora que lo pienso, yo creo que tenía hambre. Si no, no le hubiera quitado el bocadillo al colegial aquel que pasó a mi lado pensando en él sabrá quién. Pero por adaptarme a las previsiones decidí fumarme un winston y no pasar al bar consiguiendo así, además, que amigo Etelvino sea un poco más pobre que el año pasado. Claro, que lo mío no tiene importancia en comparación con lo que hace ese que después de tomarse media caja de botellines le dice al camarero que sale a fumarse un cigarro y que ahora vuelve. Naturalmente, el tipo no vuelve, pero no porque sea un sinvergüenza sino porque quiere contribuir a que la realidad se adapte a las previsiones y, por ende, a la ruina de los hosteleros. En el fondo es un buen ciudadano. Se dice que los médicos van a empezar a diagnosticar los uñeros como si fuesen bronquitis crónicas para subrayar la inutilidad de la ley y sumarse así a las previsiones pero enfrente tienen a la ministra, que no entiende nada de previsiones y los tiene amenazados. Así que en esas están. Ya veremos.
Lengua y argot
Publicada el 14 de enero de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
DLa diferencia entre una lengua y un argot es que para manejar aquella no hace falta pertenecer a ningún club. Conozco a muchas personas que se entienden en Inglés con otras, incluso siendo inglesas estas otras, mientras que no conozco a nadie capaz de desentrañar un informe jurídico sin ser abogado. El otro día me pasaron uno y después de unos minutos le di la vuelta a la hoja por si acaso estaba leyéndola del revés. Pero tenía que ser que no porque tampoco entendía nada. Lo curioso era que yo conocía el significado de todas las palabras tomadas una a una, pero el redactor las había unido de tal manera que era imposible comprender el sentido de todas ellas juntas. El asunto me pareció primero mágico y luego la maniobra astuta de una secta dispuesta a hacernos sentir imbéciles y a sacarnos los cuartos para demostrárnoslo. Recordé entonces, sin alivio pero comprendiéndolo todo, que la sociología dice que un currelo llega a profesión cuando ha generado un lenguaje que no entiende ni Dios. Hablando de lo cual se me ocurre otro ejemplo. Ayer mismo recordé que Juan Pablo II había decidido que el purgatorio no existía, lo que me había quitado, a mis cuarenta y tantos, el miedo de mis cinco y tantos, cuando la religión era el fuego y el rechinar de dientes. Pero ahora Benedicto XVI va y dice que el purgatorio es «el camino hacia la plenitud a través de la purificación completa». Las palabras las entiendo pero no qué es lo que quieren decir. Así que no sé si llamar a un abogado para que me defienda de los curas o hacerme cura para no tener nada que saber de los abogados.
jueves 6 de enero de 2011
Alvarez Cascos
Publicada el 14 de enero de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Dice Alvarez Cascos que al PP Asturias le importa un comino. Y lo dice porque no lo han designado a él como candidato a las próximas elecciones autonómicas. Si Asturias le importase a Rajoy y Cospedal, viene a decir, lo hubiesen capitosteado a él (y eso que el verbo capitostear todavía no debe de existir). Por la propiedad transitiva que me enseñaron en la escuela, y a la que todavía no le había encontrado utilidad, deduzco que Álvarez Cascos cree que Asturias y él son lo mismo. Como salta a la vista que Asturias es una provincia y Alvarez Cascos no, tengo que pensar que este hombre ha enfermado de megalomanía, un mal de difícil tratamiento que ataca a quienes creen que Superman es un aficionado. Alonso Quijano tenía algo de eso, aunque lo salvaba la poesía de sus batallas perdidas. Desde entonces ha habido muchos, y casi ninguno de buen recuerdo para los demás. Diríase que Cascos quiera seguir, aunque muy de lejos, la estela de su jefe, Aznar I el Esclarecido, a quien el planeta se le ha quedado pequeño y pronto pontificará sobre el Orden Universal. Pero visto desde el punto de vista de los mortales, no deja de ser un tipo que, en lugar de pescar salmones y jugar con los nietos, prefiere volver a mandar donde le dejen. Más que Superman parece un pobre hombre, presa de sus ambiciones más mezquinas. Alguien de quien no merece la pena hablar. Ni siquiera en Cuenca, este rincón del país del que dicen que tiene avetren porque un día así lo dispuso él y que bien podía habérselo pagado poniéndole su nombre a la estación o, por lo menos, a uno de sus andenes.
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