jueves 17 de febrero de 2011

Yo tampoco lo entiendo

Publicada el 18 de febrero de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.



Comenta la prensa económica que la parte del PIB compuesta por las ganancias de los empresarios ha caído una miaja en 2010 y la compuesta por los salarios cinco miajas. Supongo que si Matías Prats (no me sé el nombre de otro presentador) calla esto es porque no es una noticia. Ya se sabe que la noticia sería que un hombre mordiera a un perro y no lo contrario. Unos días antes los expertos habían dicho que ligar la subida del salario al IPC es un antigualla, que desmotiva (no sé a quién) y que debe ligarse a la productividad. Mientras me como la tostada recién levantado pienso si al camarero le subirán el sueldo si hace que me coma dos tostadas en lugar de una y si se lo bajarán si me pongo a régimen y la suprimo. Pienso irremediablemente en un mundo lleno de obesos por solidaridad y decido razonar sobre el asunto en otro momento. Momento que llega a los pocos días, cuando escucho decir a Matías que en España ha subido la productividad. Pienso en perros y hombres y en el camarero que ganará más cuando cambie el sistema, y me digo que olé por los expertos. Pero entonces es cuando Matías explica que la productividad ha subido porque han bajado los salarios. O sea, que los expertos propondrán bajar los salarios para subir la productividad y así poder subir los salarios para que -como entonces bajará la productividad- bajarlos de inmediato. De este modo, la parte del PIB que corresponde a los sueldos será otra vez menor y cada vez nos pareceremos más a China, lo cual es bueno porque el futuro es suyo, como todos sabemos.






jueves 10 de febrero de 2011

Alergia

Publicada el 11 de febrero de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.



El otro día vino a saludarme la primera mosca de la temporada. Para mí que ha pasado el invierno en algún escondite de mi casa y que algún sensor biológico de esos antediluvianos que usan los animales le dijo que ya hacía calor suficiente allende los tabiques. No quise que viviese en el error y con la habilidad que me caracteriza la conduje desde el caos de mis estanterías hasta la intemperie del jardín donde, cuando cayera la noche, dejaría de vivir en el error y hasta de vivir simplemente, supongo. Casi de inmediato se me inundaron los ojos de lágrimas y pensé que me había vuelto demasiado sensible. Pero hoy es el día en que sigo llorando y la breve conversación que ayer mismo mantuve con un amigo igualmente lloroso me hace suponer que, a la vez que la puñetera mosca, se desperezó en mí la alergia que no había dado señales de vida en el último medio siglo. Hace tiempo escribí un ensayo sobre esta dolencia a la que acusaba de estúpida porque significa que el organismo se rebela contra la naturaleza de la que forma parte, y también de un poco antigua porque nos remite al inconformismo de los hippies de maricastaña, que se manifestaban contra su ambiente, y a los años buenos del psicoanálisis porque un organismo alérgico es, en el fondo, el que no se soporta a sí mismo, aunque no se lo reconoce. Sin embargo, no encuentro en el ensayo nada sobre su transmisibilidad y deberé rehacerlo en este punto porque hasta aquella charla con mi amigo alérgico yo estaba tan tranquilo. Suya fue la culpa, pues, y dejemos tranquila a la pobre mosca, que correrá ya, diluida, por las venas de algún pajarillo.






viernes 4 de febrero de 2011

Otra vez los bancos

Publicada el 4 de febrero de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.



Cuando uno pide un crédito hipotecario hace mucho más que entregar su alma al diablo, pero sin saberlo. No ofrece como garantía la casa que quiere comprar sino su vida entera y parte de la de sus hijos. Si usted no puede pagar la mitad de la casa el banco se queda con toda ella, con los intereses que le ha cobrado y con la plusvalía que obtenga de venderla, aunque si no gana quiere que usted le cubra el roto. Además, el banco le marca con una equis grande y negra en su alma electrónica y jamás le volverán a dar un crédito. Esto funciona así y a pesar de ello a los bancos hay que darles de vez en cuando una manta de dinero. Un billón de pesetas con Felipe González y ahora mucho más, tanto que les da vergüenza decirlo. Si a pesar de la usura manifiesta siguen perdiendo dinero es que sus dueños no merecen ser tan ricos como son y que más que tipos competentes son tahúres que juegan con las cartas marcadas. Un juez ha dicho en estos días que lo que pretenden no es de justicia y que la casa del que no pueda pagar lo que le queda es suficiente para cerrar las cuentas. Naturalmente, todos los mangoneantes han montado en cólera y critican al gobierno (que bien podía nombrar a este juez Español de la Década) y le dicen cuánto tenemos que trabajar los demás, a qué precio y en qué precarias condiciones porque si no, la cosa no funciona. Su cosa, claro. Y nosotros, en lugar de rebelarnos, sonreímos cuando vemos a sus hijas en las revistas de lujo y aplaudimos a «la Roja».