jueves 28 de abril de 2011

De reyes y príncipes

Publicada el 29 de abril de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
El hecho de que, antaño, los familiares varones del recién entronizado rey de Etiopía fueran encerrados de por vida, habla del riesgo cierto que entonces corrían los reyes. En muchos lugares de África se les asesinaba cuando perdían facultades o caían heridos porque una comunidad no podía tener un líder a medio gas. De algún modo, el absolutismo fue una forma de poder inventada por los reyes para minimizar los riesgos del oficio, si bien nunca estuvieron a salvo de los revolucionarios ni de otros azares, como la mordedura de un mono que le costó la vida a Alejandro de Grecia, la impetuosa corriente de agua que ahogó a Sonni Ali, de Shongai, o el tropezón de su caballo, que puso fin a los días de Juan I de Castilla. Se entenderá fácilmente que cuanto más riesgo tenía ser rey más atractiva era la condición de príncipe, pero ahora las cosas han cambiado y podríamos también acordar que el alargamiento de la esperanza de vida ha supuesto un golpe mortal para las aspiraciones de los príncipes. Al contrario de los republicanos, que le tienen tanta inquina, yo le profeso una cierta lástima a Felipe de Borbón, que con cuarenta y tres tacos sigue trabajando de aprendiz y hace como que no le importa. No digamos nada de Carlos de Gales, a quien le faltan dos años para jubilarse y sigue en el banquillo. Así que al próximo, este Guillermo que se casa un día de estos, más le valdría hacerse francés y republicano porque llegará antes a Jefe de Estado en el país de la Bruni que en la pérfida Albión.





jueves 21 de abril de 2011

Contra el voto del miedo














Publicada el 22 de abril de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Tengo curiosidad por saber cuáles serán las fotografías elegidas por los partidos para la campaña electoral. De momento, el gabinete de Barreda está distribuyendo algunas que subrayan su joven edad madura (arrugas fuera) y sobre todo su carácter afable (sonrisa medida, expresión de bonhomía) y trabajador, ya que posa o bien sosteniendo un papel que estudiaba cuando lo ha pillado el fotógrafo o bien leyendo un libro en un rincón hogareño. Lo que está pasando la gente de Cospedal es bien distinto. Diríase que la candidata posa para Vanity Fair (ver Selena Gómez, febrero 2010), Elle o Vogue más que para una campaña. Cabe pensar que la elección de esta imagen que parece querer ocultar a la política detrás de la mujer atractiva es una estrategia meditada. Uno de mis amigos del PP sostiene que Cospedal no va a ganar porque Barreda capitalizará el voto del miedo. Hoy la gente ya no teme que los socialistas les quiten las tierras sino que los populares despidan a los funcionarios y conviertan la sanidad y la educación en bienes al alcance de los poderosos. Los responsables de la campaña deben de haber hecho una lectura similar y se han aprestado a ofrecernos una Cospedal atractiva, femenina e incluso sensual (vengan a mí los reproches de machista) y si bien ignoro si una vez en el poder ejercerá el mando como aquella vieja Dama de Hierro británica, me permito pedir a sus asesores que nos dejen disfrutar durante unos días de la versión amable de la candidata.





sábado 16 de abril de 2011

El traje de ministro

Publicada el 15 de abril de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.



Cuando un hombre es nombrado ministro lo primero que hace es ponerse el traje que se guarda en el pequeño armario que tienen los despachos de todos los ministros, esa pequeña puerta que hay en el rincón de la derecha según se ponen los fotógrafos para hacer los retratos iniciales. Como el de Superman, ese traje les transmite poderes y, sobre todo, les cambia la personalidad. Dicen algunos que los poderes se los da el BOE en lugar del traje, pero no está demostrado. Lo de la personalidad, sí que se la cambia el traje. Igual que Superman deja de ser un alfeñique para convertirse en un héroe grandioso, así los ministros dejan de ser cualquier cosa para ser ministros. Gómez era sindicalista antes de ponerse el traje, pero cuando se lo puso dejó de serlo. Ahora defiende que los trabajadores tendrán que ganar menos durante unos años para que podamos superar el bachecito este puñetero. Parece que ya no piensa en que son las grandes fortunas las que deben dejar de ganar un poquito y se ha apuntado a lo de todo el mundo. Debe de ser eso que llaman pensamiento único. Lo demás son disparates, dicen ellos. La noticia de ayer es que Telefónica quiere despedir a 6000 españoles porque la división patria no le sale rentable (no así la neocolonial en Sudamérica) y el ministro sale al quite diciendo que seguro que se avienen un poquito a razones, como han hecho otras veces. Ya sabemos todos de qué hablan: otras 6000 prejubilaciones. Y de lo que se dijo en su día sobre este asunto, nada hubo. Como de costumbre. Lo que hace un traje de ministro.





jueves 7 de abril de 2011

Islandia

Publicada el 8 de abril de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.



Desde lo que llamo las cloacas de internet me llega el relato de los sucesos de Islandia, precedido por la afirmación de que aquí no nos hemos enterado. No es verdad. Aunque nunca ha sido noticia de portada, quien quiere enterarse sabe que Islandia se fue al garete hace un par de años, la bolsa bajó a los infiernos y tal y cual. El gobierno acordó la devolución de la deuda nacional a los prestamistas extranjeros a no sé qué interés durante no sé cuántos años. Pero los islandeses, a base de caceroladas, mandaron al gobierno a su casa y les dijeron a «los mercados» que no les salía de allí pagarles porque ellos no tenían la culpa de lo que se traían y se llevaban los especuladores. «Los mercados» corrieron a ampliar el plazo y bajar el interés pero lo islandeses, como el que oye llover, se pusieron a encarcelar banqueros y a redactar una nueva constitución con personas salidas de la calle (nada de experimentados políticos) para evitar que estas mandangas se repitan. Y ahí están, más o menos. Cierto que Islandia es una sociedad pequeña pero la cuestión, como suele ocurrir, no es el tamaño. Es lo que entendemos por democracia. Aquí seguimos confundiéndola con el seguidismo idiota hacia el líder, cuyo mayor mérito ha sido abrirse camino a codazos entre el aparato del partido, la institución menos democrática que se conoce después de la jerarquía eclesial. También con la Gran Fiesta de la Palabra Hueca a la que estamos a punto de abocarnos, que llamamos campaña electoral y que (me pongo demagogo) no pagan a escote los que van a «pillar cacho» de resultas de ella sino todos los demás. También con votar, resignarse luego y aguantar el chaparrón hasta que lleguen nuevas e infundadas promesas.






viernes 1 de abril de 2011

Salida de emergencias

Publicada el 1 de abril de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.



LLas autonomías son un ejemplo de creatividad legislativa. A veces, un mal ejemplo. Establecen normas sobre tantas cosas que pronto se van a quedar sin nada que regular. Me escribe un lector para decirme que recibió un escrito de la consejería de Política Territorial instándole a dejarse inspeccionar la salida de emergencias. De su local, se entiende. Mi lector dispone de un local con una salida, que usa indistintamente para salir con y sin prisas, y salvo súbito ataque de ceguera es imposible perderla de vista desde cualquier punto del interior. No obstante, se acerca a las oficinas y allí le dicen que ellos entienden de carreteras mas no de urgencias, que acuda a Industria y que sobre cómo aquellos le han escrito en un papel suyo lo ignoran. Piensa mi lector que pueda ser que los papeles, que se saben a punto de desaparecer, andan trastocados y se cambian solos de oficina para sentirse útiles. Mi lector acude al nuevo destino y allí se sorprenden del extraño papel y de su particular contenido. Le recomiendan, no obstante, un par de empresas especializadas en inspeccionar salidas y mi lector sospecha que está ante la típica marrullería del alto cargo con un primo titular de la empresa inspeccionadora. Llama, no obstante, y ocurre entonces que él les da la buena nueva. Que ellos son los llamados a cobrar mano de obra, tasa, desplazamientos e iva por algo que ni siquiera sabían que sabían hacer. «¡Albricias! ¿Y cuánto dice usted que podemos cobrarle?», dice mi lector que le preguntan. Naturalmente, les manda al cuerno y me escribe a mí y yo le prometo contestarle en esta columna. Amigo lector: usted ha tenido una premonición. Lo que le piden es una gilipollez, pero como todas ellas, pronto se hará realidad.