jueves 26 de mayo de 2011

Torremolinos

Publicada el 27 de mayo de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
En el Doyles Corner se pegan las suelas de los zapatos y se habla Inglés desde el «gudívinin», sin que lo uno tenga que ver con lo otro, al menos necesariamente. Un hombre orquesta interpreta «The Gambler» y en la terraza fuman dos docenas de británicos entre un aplauso desganado y el siguiente. Un calvo fibroso con perilla entrecana me sirve el café en un tazón, me pregunta si tengo suficiente y mira con nostalgia los vasos de las pintas. Cuatro cuarentonas con el pelo color paja de avena las unas y de cebada las otras trasiegan cerveza con la soltura de una cuadrilla de seguidores de la Carlin y periódicamente reponen el carmín que se les deshace en la cerveza. Tienen la piel como un trozo de pan olvidado en la tostadora, visten gasas y leopardos a partes iguales, y hablan -por lo que se tocan- de los trucos para esquivar al sobrepeso y a la ley de la gravedad. Mi apariencia latina no les interesa, y bien que me extraña, me digo, cuando una madre, una hija que para evitarle viajes parece haber sido dos de golpe y su novio, un «hooligan» rubicundo con una puñalada en el bíceps, me piden unas sillas y lo que hacen es sentarse a mi mesa. Dar la mano y tomarse el brazo se le llama a eso, y también a ver si mejoras tu inglés, gilipollas. Molesto, me voy al fondo a la derecha y pienso qué porción del negocio de esta taberna del Buda se queda en nuestro PIB. En la trastienda una caja de «onions» me ayuda a rebajar los cálculos y cuando vuelvo sonrío con donosura a mis invasores y les digo que os jodan que el sábado os vamos a ganar el partido. Bye, sonríen los tres, y pienso que también ellos tienen que mejorar su segundo idioma.


jueves 19 de mayo de 2011

Democracia real

Publicada el 20 de mayo de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
El mismo día que los de «Democracia Real Ya» (apuesto a que no hay ningún publicista en el colectivo) publican un manifiesto que denuncia que el sistema genera desigualdad e injusticia, la prensa escribe que el presidente de Amadeus (¿qué diablos será Amadeus?, se preguntaría Millás) gana diez millones de euros al año, veinte euros cada minuto, incluso cuando está dormido, y añade que hay otros muchos sueldos similares pero que no son públicos. Los partidos hablan de igualdad en mítines y convenciones pero los votos les sirven para tomar chatos con el presidente de Amadeus. En la Puerta del Sol no se pide acabar con la democracia sino profundizar en ella. Se pide que el candidato electo se lo piense bien antes de alternar con el presidente de Amadeus si Amadeus acaba de despedir a un solo trabajador para que él gane veintún euros al minuto por el incremento de productividad de Amadeus. Que se lo piense bien porque los ciudadanos van a tener caminos y medios para afeárselo antes de que pasen cuatro años y volvamos a escucharle grandilocuencias. Los de la Junta Electoral actían como siervos miserables, sin dignidad ni vergüenza, cuando dicen que eso puede alterar la votación. Quizás temen que florezcan en las urnas millones de papeletas escritas con «Democracia Real Ya» (¿censurarán esta columna por sugerirlo?) y que sus amos les reprendan por no haberlo evitado a tiempo. No será para tanto. El domingo al menos. Pero si entre todos cuidamos el movimiento, lo alimentamos bien y lo regamos, cuando llegue la próxima primavera, la de las elecciones generales, puede que dé sus mejores frutos.


jueves 12 de mayo de 2011

Carboneros















Publicada el 13 de mayo de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

El carbonero es un pájaro más pequeño que el gorrión, amarillo en la pechuga, blanco en las mejillas y negro en una especie de bandana que luce en la cabeza. Una pareja de ellos ha anidado en mi casa. Casi en el salón. O sea, que casi vemos juntos a Montañez y Wyoming por las noches. Convertido en un joaquinaraujo de pacotilla, mi afición preferida en estos días es observarlos. Cada cinco minutos vienen volando (cómo si no), generalmente con un gusano en el pico. Es un gusano sano (perdón), rozagante, verde, que se retuerce sin desesperanza y que el carbonero cuida para que entre vivo en la garganta de alguna cría que imagino yo más estrecha que la oronda presa. No sé de dónde sacan tantos gusanos ni tan verdes pero diríase que hay en la esquina una tienda donde los venden. Puede pensarse que si se han acercado tanto a mí es que no me tienen miedo. Pero no es verdad. De hecho, he descubierto su presencia porque cuando visitan el nido y estoy cerca emprenden pequeñas huidas que han terminado por llamar mi atención. Si no me temiesen y saliesen y entrasen del nido a su velocidad de crucero habitual jamás habría reparado en ellos, mientras que con su actitud precavida si me gustasen más fritos que libres haría dias que me habría fabricado un aperitivo con ellos. Es cierto que por la boca del nido no cabe el gato de la vecina ni volviendo al tamaño que tenía en el útero materno pero jugársela como se la están jugando con un humano dice bien poco acerca de la sabiduría de la naturaleza. Tendré que escribir un tratado sobre estas cosas. Por no hablar de política, ya sabe.




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jueves 5 de mayo de 2011

Apariencias

Publicada el 6 de mayo de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Mourinho tiene la apariencia de un entrenador de fútbol pero no sabe que en los partidos hay árbitros. Santiago Calatrava tiene la apariencia de un arquitecto, pero solo hace la parte del trabajo que consiste en cobrar la factura. Camps tiene la apariencia de un gestor público pero es el socio que le paga a Calatrava las facturas (seis millones) por no hacer nada. Y luego está Obama, que aparentaba estar viendo el Barcelona-Madrid con unos amigos y unas cervezas pero que pesenciaba en directo el asesinato de Ben Laden. Las apariencias son muy importantes. Si no hubiera ruedas de prensa televisadas, a Mourinho ya le estarian preparando el finiquito y Florentino no habría cambiado al gordo Del Bosque por el fotogénico Queiroz. Para aparentar que no hay nada que ocultar, el asesinato de Ben Laden lo grabó un «rambo» con una cámara instalada vete a saber dónde y otra cámara grabó a Obama viendo cómo se mataba a Laden. Los semiólogos han de interpretar por qué Obama asistió al espectáculo vestido con ropa informal. Quizás no quiso dar la apariencia de ser un presidente y sí la de un simple degustador de películas de acción. Solo faltaban las palomitas. Cuando la derechona yanki más duda de él, Obama resulta ser más John Wayne y menos Luther King, a pesar, otra vez, de las apariencias: ya sabe, negro y premio Nobel de la Paz (aunque el de Obama era preventivo, como dijo Toni Garrido). Nos queda por conocer la apariencia que tenía Ben Laden cuando el verdugo le mostró en cualquier aparato de alta tecnología el rostro de Obama antes de decir aquello de «terminad con él». Pero algún día la conoceremos. Seguro.