Pablo Milanés, 25 euros; Cyndi Lauper, 40, igual que Calamaro y Sabina juntos; abono para el FIB, 175; el Papa, entre 30 y 210. El Papa está en precio. La entrada más cara la dan por toda la semana en pensión completa. Se entiende que la cama (en institutos públicos; seguro que nada de Aristos o Retamar) no será de pluma de ganso y se comerá pasta con tomate, pero por ese precio no se puede pedir más en Madrid en pleno mes de agosto. Los curas de barrios de pobres claman contra Rouco por haber conseguido el patrocinio de bancos que desalojan de sus casas a los pobres en vez de haber negociado que Botín y González se porten como buenos cristianos con los pobres afectados por la crisis que generaron Botín y González. Los pobres (hablo ahora de los curas) deben de creerse que estamos en la transición, cuando se esperaba algo de la iglesia, de la izquierda y de los cantautores. Se equivocan. Hoy todo es especulación. Bueno, casi todo, porque Durex y Control se ofrecieron a Rouco pero este les dijo que no, que con la especulación se transige pero con la jodienda no. Limpio de pecado, el cardenal saca pecho y dice que el gasto público que genere será muy pequeño en comparación con el parné que se dejen los peregrinos: Rouco, ministro de Turismo de Rajoy. Y en medio de todo esto, suponemos al Papa feliz en su papel de megaestrella del verano. A su lado los sesentones van Morrison o Mick Jagger son casi unos críos, y no hay brown eyed girl que tenga el tirón de una misa de Ratzinger. Esto es «aggiornamento» y no lo del Vaticano II.
jueves 30 de junio de 2011
jueves 23 de junio de 2011
Senado
Publicada el 24 de junio de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Que el Senado no sirve para nada lo saben los senadores mejor que nadie. Después están los ujieres, que son los que le dieron a Cospedal el gps para saber dónde estaba su sitio la vez o dos que fue. Todos los que hemos sido invitados a ver la sede de la institución o no hemos visto a nadie o hemos contemplado el augusto ejemplo de un senador hablando en el estrado a veinte senadores que jamás tuvieron la intención ni de escucharle ni de disimular que estaban haciéndolo. No es una «boutade». Hace casi diez años tuve el privilegio de escuchar, como alumno de un curso, un debate entre los portavoces parlamentarios del Senado a lo largo del cual quedó claro como el agua, primero, que ellos mismos estaban de acuerdo en que no servía para maldita la cosa; segundo, que no eran capaces de ponerse de acuerdo para cambiarlo y cada uno tenía a mano la cita de aquella ocasión en la que fuiste tú el que no quisiste y no yo, que bien que quería; tercero, que esto era así porque no había ninguna prisa para cambiar nada dado el cómodo «status quo» que se había establecido. El Senado nos ha costado 55 millones este año. Algo más de un euro por persona según las cuentas de Lola Flores. Pero es fácil que lleguemos a los diez euros si ponemos los gastos de amortización de mejoras del edificio y ampliaciones pasadas. No sería mucho dinero si sirviese para algo, pero como no sirve es carísimo. Esta es otra petición concreta contenida en el cuaderno de quejas de los indignados: que se cierre el Senado. Dicen que en octubre habrá referéndum ciudadano. Preparemos el voto.
jueves 16 de junio de 2011
La puta calle
Publicada el 17 de junio de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Es sabido que si todo el que dice haber estado en París en mayo del 68 hubiera estado de verdad, los últimos en llegar tendrían que haber levantado los adoquines de Versalles porque desde ahí hasta la Bastilla no habría habido un metro cuadrado libre de revolucionarios. Entre ellos, muchos de los que ya están hartándose de los del 15-M. ¡Qué poca paciencia o qué poca memoria o qué distintos resultan ser los toros si uno no está en la barrera! O a lo mejor es que se están haciendo viejos o que ni siquiera estuvieron en París, que lo mismo va a ser eso. El caso es que la violencia le ha venido bien a muchos políticos para sincerarse y proclamar a voz en cuello que ellos son los representantes de la voluntad popular (lo que también dirían los diputados franceses del 68 de los que nadie se acordó jamás), como si fuese un juguete que alguien quisiera arrebatarles y no un deber que se han echado encima y del que deberían responder a diario (no cada cuatro años) ante los ciudadanos (no ante los muñidores de listas del partido). Lo importante, sin embargo, es que los medios ya están haciéndolo importante. Las quejas de los políticos por unos minutos de incomodidad ocupan mejor sitio en la prensa que los desahucios que los «indignados» están parando, como si el drama fuera el sofoco de un diputado y no quedarse en la puta calle. Estamos perdidos porque esta estrategia oculta que la indignación ciudadana ya ha presentado su cuaderno de quejas y pide cosas concretas. Simplificamos una: que nadie se quede sin casa mientras el dueño del banco tiene un botín de cientos de millones en Suiza.
jueves 9 de junio de 2011
Incomprendidos
Publicada el 10 de junio de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
"Para una vez que decimos después de las elecciones lo mismo que decíamos antes, se enfadan con nosotros. No hay quien entienda a los ciudadanos». Así se quejaba a Cospedal uno de sus consejeros áulicos, temeroso de haber empezado con mal pie su trabajo de fontanero de Fuensalida. «El poder tiene estas cosas», le ha tranquilizado su jefa. «Los políticos somos unos incomprendidos», ha añadido y ha puesto de ejemplo que cualquier día le afearán que siga ganando tres veces más por organizar su partido que por arreglar nuestros problemas. «¡Como si fuera lo mismo!», ha exclamado. El PP ya dijo durante la campaña que la región estaba en la ruina (elevando así a considerando de programa electoral lo que era un rumor de la calle) y que ellos eran los llamados a salvarla. A los ciudadanos nos pareció bien y por eso les votamos, así que no veo a qué viene tanto escándalo. Es cierto que la manera en la que han confirmado lo que ya habían dicho parece revelar que antes hablaban de oídas y ahora casi también, pero eso no quita para que puedan llevar razón, sobre todo porque el gobierno en funciones ha hecho lo posible para que tuviera éxito la estrategia de algunos medios de comunicación de convertir a Castilla-La Mancha en el ridículo nacional, tapando la cueva de ladrones en la que se ha convertido la comunidad valenciana. Menos mal que el Rey ha llamado a uno y a otra y les ha dicho que ya está bien, que entre los dos están poniendo a España a la altura no de Grecia, sino del tebeo de Astérix cuando va a Grecia. Cualquier día me hago monárquico.
jueves 2 de junio de 2011
No va a entrar
Publicada el 3 de junio de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
No va a entrar. Esa fue la frase que dijimos a la vez dos obreros de mono arremangado, un camionero, un viajante de comercio (¿existe todavía este trabajo?), alguien más que no recuerdo, una camarera y yo mismo, representante único del sector de los turistas, el otro día mientras comíamos unos filetes de ternera en un bar de carretera. La frase la dijimos a propósito de la pena de cárcel que podría suponerle a Ortega Cano haber extendido su oficio de matador a la especie humana: entre uno y cuatro años, decía la periodista. Cuando pasó la noticia y nos convertimos en contertulios como los de cualquier radio todos estuvimos de acuerdo, además, en que el matador se libraría de la cárcel no por viejo sino por importante. La inmediata es razonar por qué es importante este presunto homicida y, sobre todo, y puesto que esta primera pregunta no parece tener respuesta, por qué los ciudadanos de cualquier clase y condición están de acuerdo en considerar que la justicia es más justa con unos que con otros. Las lumbreras del siglo XVIII hicieron lo posible para que en las sociedades hubiera un solo código, ya que antes había unas leyes para los nobles y otras para todos los demás. En el siglo XXI ya nadie se plantea que las cosas puedan ser de otro modo, pero se echa de menos una nueva generación de lumbreras que nos enseñe a conseguir que Farruquito u Ortega Cano, por poner dos ejemplos, no se parezcan a los antiguos marqueses de Rochefort, también por poner otro ejemplo.
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