jueves, 28 de febrero de 2013

Ruina financiera

Publicada en El Día de Castilla-La Mancha el 1 de marzo de 2013



 Me parece que un punto de déficit equivale a unos diez  mil millones de euros. Rajoy informaba el miércoles de que el déficit del Estado había descendido hasta el 6,7%, lo que equivale a algo más de veinte mil millones. Esa es más o menos la misma cantidad que Bankia le debe al Estado. O sea, que lo que Rajoy nos ha quitado a todos los españoles es lo mismo que le ha dado a Bankia.  Lo que pasa es que ese dinero no cuenta para las cuentas. Si contase, no solo no habríamos ahorrado nada sino al contario porque, además de a Bankia, le hemos dado dinero, del que nos han quitado o nos quitarán, a otros bancos.
    Cualquiera que sepa de Economía me estará tachando de ignorante, demagogo y otros adjetivos irreproducibles en un lugar respetable como éste. Los bancos, me dirá, son imprescindibles para que funcione el país. Sin embargo, después de que Bankia se haya tragado esos veinte mil millones ha tenido tiempo para perder otros tantos. No veo, pues, de qué forma España necesita a Bankia y sí veo cómo España necesita que seis millones de parados dejen de estarlo.
    La Bolsa dice que Bankia no vale nada (ya sabía Goirinnosequé lo que iba a pasar y por eso cuando la empresa empezó a pagarle un sueldo de ricos compró una cantidad de acciones digna de pobres),  salvo el dinero que tienen los ahorradores metido en ella. Si se le diese a cada cual lo suyo y se liquidasen inmuebles y demás bienes para indemnizar a los empleados nos quitaríamos un peso de encima.
    Es cierto que eso significaría dar por perdidos los más de veinte mil millones que se le dieron el año pasado pero es que no veo cómo vamos a recuperarlos. Quizás nos haríamos con una parte pequeña pero, a la vez,  mayor de lo que suponemos si una ley muy especial obligase a todos los políticos y directivos que, por acción u omisión, arruinaron la empresa, a poner sus fortunas presentes y futuras para remediar una situación también muy especial, la de la mayor ruina financiera del país: no se olvide que esta situación tiene culpables y no son los seis millones de parados, con muchos de los cuales aquellos tienen una deuda que jamás podrán pagarles.

jueves, 21 de febrero de 2013

Mil euros

Publicada en El Día de Castilla-La Mancha el 22 de febrero de 2013



Esperanza Aguirre afirmó en su día que después de la ESO no todo tenía por qué ser gratis, así que no es incoherente la decisión que ha tomado Lucía Figar de retirar los conciertos suscritos con la patronal (católica) de la FP privada. Hombre, un poco chocante sí que es, pero solo un poco porque el gerente de la cosa se lamenta en la prensa de que la clientela a la que atienden ni dispone del dinero necesario para pagar los gastos de su bolsillo (que estima, yo creo que por lo bajo, en trescientos euros al mes) ni, ¡oh, casualidad! viste de Prada. O sea, Figar no retira el apoyo a los centros pijos o megapijos sino a aquellos donde quizás ni la Iglesia ni la derecha puedan llenar sus redes, por mucho que las tiendan. Desde luego, en Madrid no se da puntada sin hilo.
    Lo curioso es que a lo largo de la misma semana (ayer) Europa Press informó de que Cospedal, previsible amiga y segura correligionaria de Figar, piensa hacer lo contrario: dar mil euros a todos los que, sin tener la ESO, se reenganchen a los estudios. Admito mi completa estupefacción, tanto por la teoría como por la práctica. En este último terrreno, ignoro si al alumno se le pagará en el momento en el que se matricule o cuando titule, o si se le podrá retirar la subvención si se matricula y no asiste o no pone interés, por ejemplo. No sé si habrá aulas diferentes para quienes cobran por estudiar o si convivirán con los que tienen que pagarse libros y cuadernos. En el plano teórico no entiendo este súbito ataque de liberalidad en medio de tanta ortodoxia liberal, ni cómo puede dedicarse dinero a algo que queda tan lejos de la economía productiva. No entiendo la lógica de un ideario liberal que quita la subvención que se daba a diez o quince niños que estudian de forma obligatoria para que comprasen sus libros y luego le da ese dinero, contante y sonante, a alguien que en su día decidió dedicarse a otra cosa. Ni siquiera entiendo cómo puedo encajar esta sorprendente medida con la cultura del esfuerzo que tanto se nos cuenta.
    Esperaremos noticias.

jueves, 14 de febrero de 2013

Una novela redonda

Publicada en El Día de Castilla-La Mancha el 15 de febrero de 2013

Por fin tenemos un escándalo a la altura que nos merecemos. Hasta ahora todo iba de ingeniería financiera o de concejales untados por promotores inmobiliarios, si es que esto no es lo mismo que aquello. Lo más pintoresco había sido un ministro sobornado en una gasolinera, lo que, en punto a «typical spanish», es como Nadiuska restregándose con Esteso. Más «kitsch» era lo de Pantoja y las bolsas de basura llenas de billetes porque ya se sabe que bajo el oropel de según qué «show business» enseguida aparece una bata de boatiné.
         Pero lo de Pujol Ferrusola está varios escalones por encima y no sé por qué la prensa de Madrid lo está ninguneando, salvo que sea verdad que está enferma de centralismo. Los protagonistas son una ex-pepera que se convierte en novia de un político convergente  (hay quien la califica de ex-pareja y de antigua amante, tres cosas que no son lo mismo) y ese político, que es a la vez empresario, algo así como Judas y Satanás en la misma persona. Cuando quieren demostrarse su amor se van a un picadero de Andorra y, ya que están, dejan por allí unas carretillas de billetes de quinientos euros. Cuando la novia-pareja-amante y el propio lo dejan, ella, que no es exactamente una jovencita alocada (ni siquiera lo es una hija suya, que ya se ha casado), empieza a soltar por la boca y se queda sola hablando de su ex-lo que sea y su familia a lo siciliano. 
        Resulta, sin embargo, que hace dos años ya le fue con el cuento a una jefa del peperío y que en una conversación que nadie conocía que iba a tener lugar aparece un micrófono que un detective (Marlowe o Torrente, vaya usted a saber) ha puesto debajo de la mesa por encargo de un socialista, a pesar de que el dueño del restaurante jura por sus muertos que allí hasta las comandas se dan a voces. Que nadie dijese nada hasta el otro día tiene también su miga, como si la información fuese vino, mejor cuanto más añeja, o como si lo natural fuese que cada español conozca un delito y se lo calle...
        Le aseguro que con mucho menos Almodóvar ha gando un Óscar y que yo mismo, con un par de horas de charla con cada protagonista, sacaba una novela redonda, ¡vaya que si la sacaba!

viernes, 8 de febrero de 2013

Finlandia

Publicada en El Día de Castilla-La Mancha el 8 de febrero de 2013



El pasado domingo medio universo twitter babeó durante la media hora en la que Jordi Evole enseñó a España por qué los chicos finlandeses leen y cuentan mejor que los españoles. Cada cosa que salía por la pantalla se resolvía en una cascada de «tweets» de rendida admiración. ¿Que los chicos estudian menos horas que en España? Ooooooh! ¿Que los padres disponen de información diaria de la marcha de los alumnos? Ooooooh! ¿Que en las clases conviven pocos alumnos? Ooooooh! 
    Sin embargo, hasta que llegó la poda del PP España era equiparable en no pocos de esos y otros parámetros, y cabe suponer que algunas de las barrabasadas de hoy se enmendarán mañana, siquiera sea porque los gobiernos no querrán que salgamos en las estadísticas internacionales al lado de Burundi, que es donde nos estamos colocando.
    En mi opinión la mayor diferencia proviene del diferente valor que ambas sociedades dan a lo que es de todos, a lo público y, entre ello, a la educación. En España, cuando el Estado no tuvo dinero para extender la educación obligatoria por sus propios medios recurrió a la empresa privada, casi siempre de la Iglesia, y firmó con ella los famosos conciertos, que perpetuaban la tradición decimonónica de dejar las almas de los españoles en manos de los curas. No sé si el PSOE se dio cuenta de que de ese modo estaba construyendo la caverna de las décadas siguientes pero quizás no le quedó otro remedio. Ahora bien, cuando el país dispuso de dinero a espuertas (que si Europa, que si las privatizaciones...) fue otra vez el PSOE el primero que prefirió gastarlo en carreteras y en trenes la leche de rápidos en lugar de invertirlos en sembrar el país de escuelas públicas... a lo finlandés, que podríamos decir.
    El resultado fue doble. Por un lado, modernizamos lo accesorio (basta con ver cómo nos va) y, por otro, la escuela de la Iglesia pagada por todos lleva treinta años haciendo trampas para tratar quedarse con los mejores alumnos y, aunque ni así obtiene mejores resultados, ahora, con el viento a favor, saca pecho y dice que el coto es suyo y que la escuela pública se vaya a tomar por saco, señor Wert, mándela pronto.