Si permitimos la quiebra de Bankia, miles de pequeños ahorradores y cientos de grandes especuladores perderán su dinero. Además, unos miles de empleados irán al paro. No somos lo suficientemente capitalistas como para permitir ese desastre y, como eso lo saben los dirigentes, han jugado durante años al monopoly en lugar de desempeñar un trabajo. Las ganancias eran buenas para ellos y las pérdidas también porque, llegado el caso, se taparía el agujero con el dinero de todos los demás. Los directivos de los bancos solo se atribuyen responsabilidad por las ganancias y nunca por las pérdidas, y además lo hacen con la chulería del tal Goirinoséqué: se ha perdido porque tenía que perderse y aqui no se devuelve nada; ahora, todos ustedes paguen sus putos impuestos para que yo viva mejor que nadie y, si vuelvo a perder al monopoly, pues ponen más cuartos y en paz, que yo me llevaré lo mío, pase lo que pase. Lo peor es que las leyes los amparan. El mismo código que impide meterlos en la cárcel, desposeerles de sus ganancias inmorales para empezar a enjugar las pérdidas, es el mismo que pone a los trabajadores en el filo cada vez más estrecho de una navaja. Si un extraterrestre nos viese por el ojo de la cerradura se sorprendería de cómo tantos millones aguantamos el ultraje permanente de una casta cuyos privilegios ya hubiesen querido para sí los faraones. Al paso que vamos, un cambio legislativo no servirá de nada y lo que necesitaremos será una revolución que cambie el sistema. No tenemos una ideología que rehaga las cosas de pies a cabeza pero, aun así, ¿cuántos parados más tendrá que haber en las listas antes de que la chusma asalte los palacios de tantos ladrones y se reparta el botín de sus griferías de oro? La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento.
jueves, 31 de mayo de 2012
jueves, 24 de mayo de 2012
Escuelas
Publicada el 25 de mayo de 2012 en El Día de Castilla-La Mancha.
Aquello era pundonor y lo de ahora ñoñerías. Mil doscientos alumnos y treinta maestros de escuela. Clases de a cuarenta. Las materias: las fundamentales; o sea, leer, escribir, espíritu nacional y poco más, en la expresión al uso. La gimnasia, proscrita. Algunos adornos, como el Inglés, eso, de adorno. Material didáctico: pizarra y tizas de colores. Laboratorios portátiles y diapositivas (nuevas tecnologías): a guardar, que se estropean. Atención a familias: dile a tu padre que de seguir así te daré un capón. Apoyo a los desfavorecidos: el que vale, vale, y el que no, que se ponga a trabajar.
Así fue y así hemos llegado hasta aquí, de manera que no veo por qué no podemos alcanzar otro nuevo hito con parecidas condiciones. Al fin y al cabo, los hijos de los pobres todavía no tienen un título universitario, y si lo tienen no les sirve porque les falta el máster y las amistades. El treinta por ciento fracasa todos los años, da igual el nivel que seleccionemos. Los psicólogos escolares no han evitado complejos, machismo, acosos. El Quijote seguimos sin leerlo. Premios Nobel, los justos: si se me apura, alguno menos que antes. El progreso cultural lo representa el salto de Paco Martínez Soria a «La que se avecina». Aumentamos las Humanidades y nos ilustramos con el Marca. Las Ciencias, y no inventamos el palo de la escoba. Continuamos siendo indisciplinados, defraudadores, trasnochadores y hablamos muy alto en los restaurantes.
No hemos mejorado nada a pesar del dinero invertido en educación. El colmo del fracaso es que ni siquiera supimos ver que el PP no nos iba a sacar del apuro. Por lo menos a la mayoría. Ahora hacen bien en no gastarse nuestro dinero en escuelas: que estén en el gobierno es la mejor prueba de que hacerlo no ha servido para nada.
Así fue y así hemos llegado hasta aquí, de manera que no veo por qué no podemos alcanzar otro nuevo hito con parecidas condiciones. Al fin y al cabo, los hijos de los pobres todavía no tienen un título universitario, y si lo tienen no les sirve porque les falta el máster y las amistades. El treinta por ciento fracasa todos los años, da igual el nivel que seleccionemos. Los psicólogos escolares no han evitado complejos, machismo, acosos. El Quijote seguimos sin leerlo. Premios Nobel, los justos: si se me apura, alguno menos que antes. El progreso cultural lo representa el salto de Paco Martínez Soria a «La que se avecina». Aumentamos las Humanidades y nos ilustramos con el Marca. Las Ciencias, y no inventamos el palo de la escoba. Continuamos siendo indisciplinados, defraudadores, trasnochadores y hablamos muy alto en los restaurantes.
No hemos mejorado nada a pesar del dinero invertido en educación. El colmo del fracaso es que ni siquiera supimos ver que el PP no nos iba a sacar del apuro. Por lo menos a la mayoría. Ahora hacen bien en no gastarse nuestro dinero en escuelas: que estén en el gobierno es la mejor prueba de que hacerlo no ha servido para nada.
Carta desde Varsovia
Publicada el 18 de mayo de 2012 en El Día de Castilla-La Mancha.
Se comenta por Varsovia que el año pasado se suprimió la comida de los comedores escolares porque no quedaba dinero en el monedero público. A la vez, se construye un campo de fútbol cuyo mantenimiento anual pagará ese mismo monedero y cuyo importe será casi tres veces la factura del catering de los chiquillos. La recaudación de las entradas del inminente campeonato europeo de balompié, que justifica este dispendio, irá enterito a la UEFA, de manera que el único ingreso que le quedará a los polacos será el del turismo que puedan atraer durante ese mes. En algunas regiones de Ucrania la pobreza solo es comparable a la de la posguerra del 45. Dicen. No sé si estos gobiernos juegan con el fútbol como usted y yo con la primitiva de los jueves o es, otra vez más, la política del pan y circo. Diríamos que es lo segundo si atendemos a que Putin pagará del bolsillo de los rusos el vuelo de muchos miles de ellos hasta Varsovia porque el día del Polonia-Rusia es la fiesta nacional de su imperio. Es cuestión de (poco) tiempo que los países de la periferia nos quedemos fuera del euro, en nuestro caso a pesar de la inconmensurable confianza que los grandes siguen teniendo en Rajoy (nosotros, por cierto, cada vez menos). El salario mínimo en Bulgaria es de ciento diez euros, de doscientos en Liuania y Rumanía y trescientos en Eslovaquia. Europa lleva camino de convertirse en una legión de desheredados. Estamos muy, pero que muy cerca de Africa. Por la pobreza de muchísimos, la extrema riqueza de unos pocos y por un sistema injusto que cada día encontramos más injustificable. Los ciudadanos europeos, presas del miedo, gustosos del circo, amantes de las fronteras y anulados por unas instituciones al servicio de banqueros y especuladores, tendrían que recuperar el espíritu revolucionario de otras veces y acabar con todo eso. En las redes sociales empieza a hablarse de una manifestación global, un día en el que todos salgamos a la calle, cada uno a la Puerta del Sol que tenga más cerca, para que los gobernantes vean que somos millones los que les exigimos que cambien esto porque si no tendremos que cambiarlo nosotros.
jueves, 10 de mayo de 2012
De negocios y derechas
Publicada el 11 de mayo de 2012 en El Día de Castilla-La Mancha.
Lo de Bankia tiene que servir para admitir de una vez por todas que ser de derechas no es garantía suficiente para saber hacer negocios. O sea, que ser de derechas no es una ventaja para hacer negocios a la manera en que una dotación genética favorable es imprescindible para ser un deportista de elite. En realidad, lo que se da es lo contrario: una vez que me dedico a los negocios, me hago de derechas, ya que el pensamiento económico liberal me permite hacer cosas que no podría hacer si fuese de izquierdas. Al menos si hablamos de aquella vieja izquierda con una conciencia social que ya hubiéramos querido ver en más de un pontífice. Esto que estoy diciendo puede parecer una simpleza, pero algo me dice que es bueno poner los puntos sobre las íes. Quienes han llevado a la entidad a la quiebra se llaman Miguel Blesa y José Luis Olivas y son del PP. O sea, de derechas. Eran el presidente de Cajamadrid y de Bancaja. Algunos análisis dicen que el fiasco tiene que ver con el uso que Esperanza Aguirre y Francisco Camps hicieron de las cajas, utilizándolas como medicina para satisfacer sus respectivas megalomanías y sus ganas de seguir mandando, al modo en que se ha hecho en otras tantas taifas de este país exhausto de ladrones que jamás estarán entre rejas. Pero no solo fue por eso. Con la complacencia (como dice ahora el PP) del presidente del Banco de España, Fernández Ordéñez, a quien solo se le oyó decir que había que bajar los sueldos de los obreros, como si lo suyo fuese ser ministro de cualquier cosa en lugar del tipo que tenía que dedicar sus horas de trabajo a vigilar que Blesa y Olivas hicieran bien el suyo; con su complacencia, digo, estos inútiles simplemente lo hicieron mal. Lo que pasa es que nadie les pedirá responsabilidades. Ni los echarán a la calle (Blesa ya se ha ido con un despido equivalente a lo que ahorraremos durante varios años con las cartillas sanitarias de los inmigrados). Ni les dirán que devuelvan los «bonus» cobrados por hacer un trabajo tan «malus». No sé si el Estado recuperará alguna vez los entre 30.000 y 80.000 millones (depende de quien publique el cálculo) que ha metido en ese banco, pero mientras a los ciudadanos nos están jodiendo para ahorrar cantidades ridículas en comparación con esas cifras, a Rajoy acaban de convertirlo en el primer presidente rojo de derechas. Porque, dejando aparte el neoperonismo de Kirchner, lo de nacionalizar ha sido siempre cosa de rojos. Tampoco esto figuraba en el programa de Mariano, que, no obstante, acaba de desmentir en su facebook que esté estudiando la letra de «La Internacional».
viernes, 4 de mayo de 2012
Supongamos
Publicada el 4 de mayo de 2012 en El Día de Castilla-La Mancha.
Supongamos que es verdad lo que se cuenta por la calle y por internet, que es una calle tan ancha que desde una acera no se ve la opuesta. Supongamos, por tanto, que es verdad que en varias plantas del hospital de Cuenca las habitaciones, preparadas para albergar dos enfermos, están acogiendo sistemáticamente a tres pacientes. Supongamos que es verdad que esto ocurre mientras algunos pasillos y plantas están cerradas al uso desde hace semanas. Supongamos que todo el mundo ha pasado algunas jornadas en la habitación de un hospital y, por lo tanto, está en condiciones de saber de qué cosa estamos hablando. Supongamos que es verdad que se está reduciendo el número de pruebas diagnósticas y tratamientos curativos que se hacen en este hospital y que, por lo tanto, cada vez es mayor el número de pacientes que tienen que desplazarse a otra ciudad para recibir atención médica. Supongamos que es verdad (el lector habrá advertido a estas alturas que he sustituido mi habitual estilo, suelto e ingenioso, por el machacón, repetitivo y sin gracia de los políticos, pero es que lo que estoy contando no tiene ni pizca de gracia), supongamos que es verdad, digo, que esto no es un producto pasajero de la crisis sino que, como se dice por ahí, responde a una decisión meditada de la gerencia del hospital, que ha informado de que en Cuenca tienen un hospital que los conquenses no se merecen y piensa convertirlo en dos tardes en un centro de ámbito comarcal.
Si esto es así, unas decenas de conquenses van a quedar en el paro; la ciudad perderá una aportación económica importante entre la directa y la inducida; por lo mismo, los conquenses generarán riqueza en las ciudades donde acompañen a sus enfermos; Cuenca dejará de ser capital de provincia para ser cabecera de comarca en asuntos sanitarios; esto abrirá el camino para posteriores minoraciones en otros campos amparadas en la irrelevancia de la ciudad, adquirida a raíz de esta decisión primera; los conquenses, en fin, recuperarán su no perdido del todo sentimiento de inferioridad, olvido y abandono intencionado.
Supongamos que todo esto es o será verdad. ¿Qué cara se les quedará a los militantes conquenses del PP?, ¿qué contestará al vecino que le pare por la calle ese diputado que aprueba esta gestión? ¿Quedará en el PP algún militante de base, de esos que pagan la cuota y ni ha tenido ni tendrá cargo público, o se darán de baja de uno en uno? ¿O no? ¿Habrá, quizás, votantes conservadores que encuentren razonables las razones con las que su propio partido contribuye a mandar a la mierda a la ciudad donde viven?
Qué sabe nadie…
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