Por mucho que se empeñe, la prima de riesgo no es la peor noticia del verano. Es verdad que tenemos pesadillas con ella, que vemos a McGiver por no escuchar las noticias y que sentimos por políticos, banqueros y otros ladrones un odio bíblico: antiguo y enorme. Pero seguramente la crisis pasará. Si de clase media para abajo nos convertimos en mendigos, los ricos se quedarán sin instrumento para seguir siéndolo, así que ya harán lo posible para que volvamos a ser ciudadanos sableables. Y si la crisis no pasa y nos transformamos en los nuevos subsaharianos, aprenderemos a vivir de otra manera y sonreiremos a la salida del sol cuando eso sea lo único que tengamos. Pero lo que no podremos superar es quedarnos sin las nuevas historias de García Márquez. Esa es la peor noticia del verano. Enterarnos de que este hombre no inventará otros cuentos, ni creará nuevos personajes ni supondrá más lugares inauditos. Saber que ya no puede ocupar su tiempo en encontrar el modo de juntar las palabras para que a los lectores nos suenen como una caricia y para que cada página sea la promesa de otra todavía mejor. Eso es malo y no lo del euro, porque todos los euros juntos no producen la satisfacción que leer un puñado de párrafos escritos por el colombiano. Sabíamos que alguna vez tenía que pasar, claro, pero ahora nos viene mal, pero que muy mal. De verdad. El último regalo que hice a otra persona fue la última edición de todos sus cuentos y el que me voy a hacer ahora mismo es sentarme a la sombra de un paraíso y releer aquella que empezaba así: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía, había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo». Y a la deuda pública, que le den.
viernes, 27 de julio de 2012
sábado, 21 de julio de 2012
Intervención
Publicada el 20 de julio de 2012 en El Día de Castilla la Mancha .
A estas alturas nadie duda de que España será intervenida. Cospedal ha dicho que cree que no, que es lo mismo que afirmar rotundamente que sí. Hay quien dice que ojalá pase cuanto antes. Por lo visto, piensan éstos que los interventores serán justicieros que mandarán a la cárcel a los banqueros que nos han arruinado; harán que los que han robado devuelvan el dinero; disolverán las autonomías para ahorrar gastos y evitar en el futuro el a ver quien mea más lejos que nos ha traído en parte hasta aquí; retirarán a los políticos inútiles, que quizás sean tan abundantes como parece; lograrán que aflore la economía sumergida; harán que pasen por caja los ricos y muy ricos (IVA para el lujo, tributación de las sicav, aumento de los impuestos directos); pedirán responsabilidades -y la devolución del parné cuando se pueda- por autovias, aeropuertos, monumentos y edificios inservibles y carísimos; corregirán, en fin, la política sanguinaria de este gobierno porque ya no hará falta, una vez que se ha resuelto todo lo demás.
Pero no será así. Los interventores no nos rescatarán de los políticos ni de la pobreza que recién parece que iniciamos: unos y otra le tren al fresco. Vendrán a por la pasta que los que nos prestan no están seguros de que vayan a cobrar. Y la sacarán exactamente del mismo sitio que este gobierno sanguinario porque no tienen ni más imaginación ni más escrúpulos, se han educado en las mismas escuelas y pertenecen a la misma casta. Aún más, la sensibilidad social de los interventores hará que Montoro y de Guindos parezcan carmelitas y caerán sobre la mayoría de nosotros las diez plagas de Egipto. Después se irán y sobre las ruinas que hayan dejado trataremos de edificar una nueva sociedad.
O bien edificaremos de nuevo la misma, que no hay manera de que aprendamos.
Pero no será así. Los interventores no nos rescatarán de los políticos ni de la pobreza que recién parece que iniciamos: unos y otra le tren al fresco. Vendrán a por la pasta que los que nos prestan no están seguros de que vayan a cobrar. Y la sacarán exactamente del mismo sitio que este gobierno sanguinario porque no tienen ni más imaginación ni más escrúpulos, se han educado en las mismas escuelas y pertenecen a la misma casta. Aún más, la sensibilidad social de los interventores hará que Montoro y de Guindos parezcan carmelitas y caerán sobre la mayoría de nosotros las diez plagas de Egipto. Después se irán y sobre las ruinas que hayan dejado trataremos de edificar una nueva sociedad.
O bien edificaremos de nuevo la misma, que no hay manera de que aprendamos.
jueves, 12 de julio de 2012
jueves, 5 de julio de 2012
domingo, 1 de julio de 2012
LTGB
Publicada el 29 de junio de 2012 en El Día de Castilla-La Mancha.
El fútbol le ha comido el protagonismo a los gays. Entre Fábregas y Carbonero nadie se acuerda de los homosexuales, que llevan tres días sacando de la crisis al centro de Madrid. Menos mal que no coincide la final del campeonato con el final de la fiesta gay porque, de lo contrario, el domingo la Cibeles no sabría si estaba sirviendo a la causa del arcoiris o a la balompédica. Lo único que ha sido noticia este año ha sido que Botella está dipuesta a tragarse un sapo del tamaño del sapo partero e incluir el amogollonamento homo en el calendario de fiestas de Madrid. Business is business.
Así las cosas, no encajo bien el espíritu heterodoxo de los gays con la deriva oficialista que detecto en sus formas. Hemos pasado del orgullo gay (que no todo el mundo comprende, pero sí puede pronunciar) al orgullo ltgb, que ni lo uno ni lo otro, y que incluye a las lesbianas (¿por qué no llamamos a los gays lesbianos?), transexuales y bisexuales, tengan estos dos el artículo que deban tener. Esta tendencia a marcar las diferencias dentro del colectivo, o a establecer cuatro o seis distintos -¿de momento?- suena a aquello de los y las en todas partes y nos trae a la mente los feos relejes de lo políticamente correcto.
Más aún. La gran procesión de mañana, esa de las carrozas llenas de plumas, músculos aceitados y otros tópicos, reclama para sí el adjetivo «estatal», lo que nos pone a un tris del nacionalismo homosexual o éramos pocos y parió la abuela, y reivindica el «matrimonio igualitario: la igualdad sin recortes», lo que, o se explica mejor, o no deja de aprecer una frivolidad con la que está cayendo. Por lo demás, el empeño homo de que les permitan casarse solo tiene comparación con el empeño hetero de que les permitan no hacerlo.
La vida y tal.
Además: http://www.flickr.com/photos/81633934@N05/#
Así las cosas, no encajo bien el espíritu heterodoxo de los gays con la deriva oficialista que detecto en sus formas. Hemos pasado del orgullo gay (que no todo el mundo comprende, pero sí puede pronunciar) al orgullo ltgb, que ni lo uno ni lo otro, y que incluye a las lesbianas (¿por qué no llamamos a los gays lesbianos?), transexuales y bisexuales, tengan estos dos el artículo que deban tener. Esta tendencia a marcar las diferencias dentro del colectivo, o a establecer cuatro o seis distintos -¿de momento?- suena a aquello de los y las en todas partes y nos trae a la mente los feos relejes de lo políticamente correcto.
Más aún. La gran procesión de mañana, esa de las carrozas llenas de plumas, músculos aceitados y otros tópicos, reclama para sí el adjetivo «estatal», lo que nos pone a un tris del nacionalismo homosexual o éramos pocos y parió la abuela, y reivindica el «matrimonio igualitario: la igualdad sin recortes», lo que, o se explica mejor, o no deja de aprecer una frivolidad con la que está cayendo. Por lo demás, el empeño homo de que les permitan casarse solo tiene comparación con el empeño hetero de que les permitan no hacerlo.
La vida y tal.
Además: http://www.flickr.com/photos/81633934@N05/#
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