Los mandos de la Iglesia Católica han comprendido por fin que los seguidores hay que ganárselos en los titulares de los noticiarios y no en las homilías que escuchan cuatro viejecitas. Ayer mismo (en plena campaña para recoger la pasta del IRPF) pasaron por encima del Barcelona y de la General Motors con dos gilipolleces como la catedral de Burgos. Cada una, no las dos juntas. Bien saben ellos que lo son, pero manejan el «timing» de la actualidad y se han colado por delante de Figueruelas y al lado de Guardiola. Cañizares, que es en el Vaticano el jefe de un organismo de once palabras, supongo que inservible, asegura que está muy mal que los curas católicos sodomicen a los niños en instituciones que parecen creadas «ad hoc», pero a continuación añade que es mucho peor que la gente aborte. «Yo soy malo, pero tú eres Satanás», viene a decir, si bien, para que no se me acuse de parcialidad, creo que es falso que lo diga porque los curas sodomitas teman quedarse sin clientela si no hay desheredados que busquen su cobijo. Por otro lado, el redactor jefe de una revista del arzobispado de Madrid dice que como aquí chinga todo el mundo (creo que él no) la violación tiene que dejar de ser delito (o sea, que como todo el mundo compra y vende cosas, tenemos que admitir que el robo es algo natural). Muchos lectores de «Alfa y Omega», la revista en la que escribe, pedirían la extradición del imam al que se le oyese tal salvajada en una mezquita, pero no sé adónde podemos extraditar al tal Benjumea. Quizás a alguna cárcel por apología del terrorismo contra la mujer.
viernes, 29 de mayo de 2009
Excusas, acusaciones y apologías
Publicada el 29 de mayo de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Los mandos de la Iglesia Católica han comprendido por fin que los seguidores hay que ganárselos en los titulares de los noticiarios y no en las homilías que escuchan cuatro viejecitas. Ayer mismo (en plena campaña para recoger la pasta del IRPF) pasaron por encima del Barcelona y de la General Motors con dos gilipolleces como la catedral de Burgos. Cada una, no las dos juntas. Bien saben ellos que lo son, pero manejan el «timing» de la actualidad y se han colado por delante de Figueruelas y al lado de Guardiola. Cañizares, que es en el Vaticano el jefe de un organismo de once palabras, supongo que inservible, asegura que está muy mal que los curas católicos sodomicen a los niños en instituciones que parecen creadas «ad hoc», pero a continuación añade que es mucho peor que la gente aborte. «Yo soy malo, pero tú eres Satanás», viene a decir, si bien, para que no se me acuse de parcialidad, creo que es falso que lo diga porque los curas sodomitas teman quedarse sin clientela si no hay desheredados que busquen su cobijo. Por otro lado, el redactor jefe de una revista del arzobispado de Madrid dice que como aquí chinga todo el mundo (creo que él no) la violación tiene que dejar de ser delito (o sea, que como todo el mundo compra y vende cosas, tenemos que admitir que el robo es algo natural). Muchos lectores de «Alfa y Omega», la revista en la que escribe, pedirían la extradición del imam al que se le oyese tal salvajada en una mezquita, pero no sé adónde podemos extraditar al tal Benjumea. Quizás a alguna cárcel por apología del terrorismo contra la mujer.
Los mandos de la Iglesia Católica han comprendido por fin que los seguidores hay que ganárselos en los titulares de los noticiarios y no en las homilías que escuchan cuatro viejecitas. Ayer mismo (en plena campaña para recoger la pasta del IRPF) pasaron por encima del Barcelona y de la General Motors con dos gilipolleces como la catedral de Burgos. Cada una, no las dos juntas. Bien saben ellos que lo son, pero manejan el «timing» de la actualidad y se han colado por delante de Figueruelas y al lado de Guardiola. Cañizares, que es en el Vaticano el jefe de un organismo de once palabras, supongo que inservible, asegura que está muy mal que los curas católicos sodomicen a los niños en instituciones que parecen creadas «ad hoc», pero a continuación añade que es mucho peor que la gente aborte. «Yo soy malo, pero tú eres Satanás», viene a decir, si bien, para que no se me acuse de parcialidad, creo que es falso que lo diga porque los curas sodomitas teman quedarse sin clientela si no hay desheredados que busquen su cobijo. Por otro lado, el redactor jefe de una revista del arzobispado de Madrid dice que como aquí chinga todo el mundo (creo que él no) la violación tiene que dejar de ser delito (o sea, que como todo el mundo compra y vende cosas, tenemos que admitir que el robo es algo natural). Muchos lectores de «Alfa y Omega», la revista en la que escribe, pedirían la extradición del imam al que se le oyese tal salvajada en una mezquita, pero no sé adónde podemos extraditar al tal Benjumea. Quizás a alguna cárcel por apología del terrorismo contra la mujer.
viernes, 22 de mayo de 2009
Exámenes finales
Publicada el 22 de mayo de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Establecido que pasar el verano achicharrado a la orilla de una piscina, un río o un océano es una horterada o, en el mejor de los casos, una actividad propia de finlandeses y otras gentes del Norte, que creen que el sol es un decorado de las películas de piratas. Establecido que la gente bien lo que ha hecho desde siempre en esas fechas ha sido marcharse a latitudes más frescas y establecido, en fin, que para sobrevivir a los meses de verano tenemos que agarrarnos al aire acondicionado con la misma fuerza que un náufrago se agarra a un tapón de corcho, debemos resolver que la estación más bella del año es ésta en la que estamos. Es ahora cuando puede uno salir a la calle, pasear sin ulcerarse la piel, aspirar la fragancia de los tilos y paraísos, confiar en que la naturaleza es nuestra amiga y cosas por el estilo. Mas resulta que es también la época de los exámenes finales, esa bíblica rendición de cuentas que se hace en una balanza en cuyo platillo izquierdo el señor (profesor) pone los conociminentos mínimos que debe tener el alumno y en el derecho el alumno coloca los que realmente posee. Adiós a las noches agradables, la hierba fresca de los jardines sin quemar, la charla amigable en la terraza del bar. Los estudiantes tienen que estudiar, aunque sólo sea esta vez. Mas vistas las cosas como las acabo de resumir me parece una profunda injusticia negar a nuestra juventud el goce pleno de las mejores semanas del año. De modo que o cambiamos el calendario académico o quitamos los exámenes finales. Eso sí que merece una huelga, y no Bolonia.
Establecido que pasar el verano achicharrado a la orilla de una piscina, un río o un océano es una horterada o, en el mejor de los casos, una actividad propia de finlandeses y otras gentes del Norte, que creen que el sol es un decorado de las películas de piratas. Establecido que la gente bien lo que ha hecho desde siempre en esas fechas ha sido marcharse a latitudes más frescas y establecido, en fin, que para sobrevivir a los meses de verano tenemos que agarrarnos al aire acondicionado con la misma fuerza que un náufrago se agarra a un tapón de corcho, debemos resolver que la estación más bella del año es ésta en la que estamos. Es ahora cuando puede uno salir a la calle, pasear sin ulcerarse la piel, aspirar la fragancia de los tilos y paraísos, confiar en que la naturaleza es nuestra amiga y cosas por el estilo. Mas resulta que es también la época de los exámenes finales, esa bíblica rendición de cuentas que se hace en una balanza en cuyo platillo izquierdo el señor (profesor) pone los conociminentos mínimos que debe tener el alumno y en el derecho el alumno coloca los que realmente posee. Adiós a las noches agradables, la hierba fresca de los jardines sin quemar, la charla amigable en la terraza del bar. Los estudiantes tienen que estudiar, aunque sólo sea esta vez. Mas vistas las cosas como las acabo de resumir me parece una profunda injusticia negar a nuestra juventud el goce pleno de las mejores semanas del año. De modo que o cambiamos el calendario académico o quitamos los exámenes finales. Eso sí que merece una huelga, y no Bolonia.
viernes, 15 de mayo de 2009
Capillas
Publicada el 15 de mayo de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
En las cunetas de las carreteras que unen el teatro de Epidauro y el Partenón hay ciento cuarenta y tres capillas que recuerdan a otros tantos muertos en accidente de tráfico. Por lo menos. Es la costumbre en Grecia, y del mismo modo que en los viveros de aquí se venden fuentes de cerámica para los jardines, en los de allá se venden capillitas bizantinas para las cunetas. En España la DGT convierte un hecho tan duradero como la muerte en un accidente en una suerte de lotería, cambiante y azarosa, cuando anuncia en los luminosos de las autopistas los muertos del último fin de semana. Son formas de verlo. La mayoría de las capillas de Grecia son pequeñas y deben de recordar a una persona, un matrimonio, qué sé yo. Pero las hay ostentosas, de muertos importantes, y algunas o están dedicadas a finados ilustres o a la tragedia sobrevenida a un autobús entero. Las hay de hojalata y tan viejas que debieron de ponerse en el sesenta y uno, cuando aquel melómano, abstraído en la Medea que la Callas interpertó en Epidauro, creyó que los olivos eran héroes que le indicaban el camino. Alguna otra se debe a la distracción sublime del viajero que llevaba impresa en su cerebro la belleza de las mujeres de la isla de Carias, tan hermosas que Mnesicles las convirtió en la estatuas de piedra del Erecteión, las cariátides. Pero sospecho que la mayoría de estos camarines está relacionada con esa despreocupación mediterránea que hace que los cascos brillen en los codos de los motoristas, los arcenes sean el carril rápido de cualquier carretera o la doble línea continua sobre el asfalto un trasunto de la cerámica gométrica de hace tres mil años que no significa nada, ni siquiera para los coches de la policía.
En las cunetas de las carreteras que unen el teatro de Epidauro y el Partenón hay ciento cuarenta y tres capillas que recuerdan a otros tantos muertos en accidente de tráfico. Por lo menos. Es la costumbre en Grecia, y del mismo modo que en los viveros de aquí se venden fuentes de cerámica para los jardines, en los de allá se venden capillitas bizantinas para las cunetas. En España la DGT convierte un hecho tan duradero como la muerte en un accidente en una suerte de lotería, cambiante y azarosa, cuando anuncia en los luminosos de las autopistas los muertos del último fin de semana. Son formas de verlo. La mayoría de las capillas de Grecia son pequeñas y deben de recordar a una persona, un matrimonio, qué sé yo. Pero las hay ostentosas, de muertos importantes, y algunas o están dedicadas a finados ilustres o a la tragedia sobrevenida a un autobús entero. Las hay de hojalata y tan viejas que debieron de ponerse en el sesenta y uno, cuando aquel melómano, abstraído en la Medea que la Callas interpertó en Epidauro, creyó que los olivos eran héroes que le indicaban el camino. Alguna otra se debe a la distracción sublime del viajero que llevaba impresa en su cerebro la belleza de las mujeres de la isla de Carias, tan hermosas que Mnesicles las convirtió en la estatuas de piedra del Erecteión, las cariátides. Pero sospecho que la mayoría de estos camarines está relacionada con esa despreocupación mediterránea que hace que los cascos brillen en los codos de los motoristas, los arcenes sean el carril rápido de cualquier carretera o la doble línea continua sobre el asfalto un trasunto de la cerámica gométrica de hace tres mil años que no significa nada, ni siquiera para los coches de la policía.
viernes, 8 de mayo de 2009
Los militantes
Publicada el 8 de mayo de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Me dicen que los partidos políticos ejecutan la consigna de que sus miembros se infiltren en las organizaciones ciudadanas. El resultado es que las organizaciones languidecen primero y desaparecen después, ya que los ciudadanos desconfían de esos militantes que juegan a llevar el agua de lo que se discute al molino de su partido. Algunas veces ocurre, incluso, que los partidos destrozan a las organizaciones, las escinden, las hacen desaparecer. Los partidos políticos son una conquista del sistema liberal pero de ahí a que lo monopolicen hay una distancia muy grande. Los medios de comunicación juegan a favor de esta corriente al presentar una sociedad en la que la pluralidad se identifica con la existencia de dos o tres partidos políticos. Como si todas las opiniones sobre todos los temas que le pueden afectar a usted o a mí pudiera resumirse en dos sistemas de ideas o tres. A veces, los partidos hacen como que recaban la opinión de la ciudadanía afín para configurar sus programas, de forma que su sistema de ideas se organizaría de abajo arriba. Pero se sabe que de forma general las cúpulas de los partidos proponen los eslóganes y los militantes se los creen y los difunden. Su presencia, pues, en las organizaciones ciudadanas no ensancha la representatividad sino que busca domesticarla, reducirla a conmigo o contra mí. Por eso los ciudadanos en su papel de ciudadanos huyen de los que son, sobre todo, militantes y dejan las ciudades indefensas ante las ocurrencias (y tantas veces los malos usos) de sus dirigentes. Ahora que nos llegan unas elecciones bueno está escribir estas palabras, que se las llevará el viento.
Me dicen que los partidos políticos ejecutan la consigna de que sus miembros se infiltren en las organizaciones ciudadanas. El resultado es que las organizaciones languidecen primero y desaparecen después, ya que los ciudadanos desconfían de esos militantes que juegan a llevar el agua de lo que se discute al molino de su partido. Algunas veces ocurre, incluso, que los partidos destrozan a las organizaciones, las escinden, las hacen desaparecer. Los partidos políticos son una conquista del sistema liberal pero de ahí a que lo monopolicen hay una distancia muy grande. Los medios de comunicación juegan a favor de esta corriente al presentar una sociedad en la que la pluralidad se identifica con la existencia de dos o tres partidos políticos. Como si todas las opiniones sobre todos los temas que le pueden afectar a usted o a mí pudiera resumirse en dos sistemas de ideas o tres. A veces, los partidos hacen como que recaban la opinión de la ciudadanía afín para configurar sus programas, de forma que su sistema de ideas se organizaría de abajo arriba. Pero se sabe que de forma general las cúpulas de los partidos proponen los eslóganes y los militantes se los creen y los difunden. Su presencia, pues, en las organizaciones ciudadanas no ensancha la representatividad sino que busca domesticarla, reducirla a conmigo o contra mí. Por eso los ciudadanos en su papel de ciudadanos huyen de los que son, sobre todo, militantes y dejan las ciudades indefensas ante las ocurrencias (y tantas veces los malos usos) de sus dirigentes. Ahora que nos llegan unas elecciones bueno está escribir estas palabras, que se las llevará el viento.
viernes, 1 de mayo de 2009
La ley casi anti-tabaco
Publicada el 1 de mayo de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Todas las mañanas, a primera hora, observo a un retén de fumadores en la puerta trasera de un centro de trabajo. Esta es una de las consecuencias positivas que ha traído consigo la ley casi anti-tabaco. Antes, cada uno fumaba cuando le apetecía y lo hacía a sus uñas, como muchos otras cosas que nos ocupan cotidianamente. Ahora, fumar ha devenido necesariamente un acto de profundización de las relaciones sociales. Durante la mitad del día hábil para fumar todos los cigarrillos se comparten y eso hace que la gente se sienta cada vez mejor ya que tener más y mejores amigos es motivo de satisfacción. Si la psique influye realmente en el soma nos encontramos, pues, con que los cigarrillos nos consumen por un lado y nos dan salud por otro. O sea, empate en el balance sanitario individual. Además, el fumador no se exhibe ante la ciudadanía como un débil de espíritu incapaz de superar una adicción (como seguramente quería ley casi anti-tabaco) sino como miembro de un grupo fuerte y cohesionado que ha conseguido que el tiempo que dedica a profundizar en su vicio se considere tiempo de trabajo. Sin duda, el mayor logro del proletariado desde las vacaciones pagadas. Hoy, que es el Día del Trabajo, además de reivindicar algo tan imposible como que la crisis no se meriende a los trabajadores, los sindicatos deberían pedir (y no es broma) que los no fumadores disfruten de un mes y medio de vacaciones. O bien que si su vicio es fornicar les permitan hacerlo a troche y moche en el centro de trabajo (lo que ojalá no fuese una broma).
Todas las mañanas, a primera hora, observo a un retén de fumadores en la puerta trasera de un centro de trabajo. Esta es una de las consecuencias positivas que ha traído consigo la ley casi anti-tabaco. Antes, cada uno fumaba cuando le apetecía y lo hacía a sus uñas, como muchos otras cosas que nos ocupan cotidianamente. Ahora, fumar ha devenido necesariamente un acto de profundización de las relaciones sociales. Durante la mitad del día hábil para fumar todos los cigarrillos se comparten y eso hace que la gente se sienta cada vez mejor ya que tener más y mejores amigos es motivo de satisfacción. Si la psique influye realmente en el soma nos encontramos, pues, con que los cigarrillos nos consumen por un lado y nos dan salud por otro. O sea, empate en el balance sanitario individual. Además, el fumador no se exhibe ante la ciudadanía como un débil de espíritu incapaz de superar una adicción (como seguramente quería ley casi anti-tabaco) sino como miembro de un grupo fuerte y cohesionado que ha conseguido que el tiempo que dedica a profundizar en su vicio se considere tiempo de trabajo. Sin duda, el mayor logro del proletariado desde las vacaciones pagadas. Hoy, que es el Día del Trabajo, además de reivindicar algo tan imposible como que la crisis no se meriende a los trabajadores, los sindicatos deberían pedir (y no es broma) que los no fumadores disfruten de un mes y medio de vacaciones. O bien que si su vicio es fornicar les permitan hacerlo a troche y moche en el centro de trabajo (lo que ojalá no fuese una broma).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)