miércoles, 25 de mayo de 2016

Venezuela y otros sitios

Cuando éramos jóvenes, un amigo creyó haber ligado con una chica con la que no tenía intención de hacerlo, pero la euforia del primer momento se le fue pasando según comprobó que la prójima se dedicaba a llevarlo de bar en bar para, en realidad, tratar de encontrar al chico con el que quería aparearse. Al cuarto bar, mi amigo, necesitado de sexo pero no tanto como para dejarse el orgullo por las cantinas, la mandó a paseo y se fue a dormir.

No sé si el parlamento de Venezuela está más o menos necesitado de sexo que mi amigo, pero ya tardan en mandar a tomar viento a los políticos españoles, que acuden allí como si desde Alonso de Ojeda a nadie le hubiera importado realmente aquel territorio, cuando lo cierto es que solo quieren joder (que no aparearse) a Podemos, aunque utilicen una forma tan novedosa como ridícula. Digo tal no solo por lo de hacer campaña transoceánica, sino también por lo de dar lecciones de diálogo (ellos, precisamente ellos), de forma que si no escuchamos desde aquí las risas de los parlamentarios no es porque Caracas esté lejos sino porque sospechamos que aquellas señorías tienen la mismas ganas de acordar con el otro que de dejarse tirar por un puente.

En fin, que Maduro podría llevar razón cuando acusa a los españoles de imperialistas, si no fuera porque nuestro imperialismo tiene el mismo efecto para nuestra economía que una aspirina para el cáncer de colon. Allá van antiguos presidentes, diputados pasados y futuros, presentadores de televisión y todo aquel que tiene alguien que le pague el billete y la vanidad de creer que tiene algo que decir, a llenar el aire de palabras mientras dejaron pasar la ocasión, por ejemplo, de sexear (que dice Andreu Martín) en Cuba, donde son otros los que han salido en la foto y los que se llenarán de dinero sus bolsillos.