viernes, 11 de mayo de 2018

la revolución de las mujeres

Mantenía yo en su sitio todo, pero que todo el pelo de la dehesa, cuando fui a Madrid a compartir mi espíritu respondón con compañeros que estudiaban cosas de más enjundia que yo. Allí fue donde escuché a un chico rubio y con barba rala espetar al mismísimo rector de la Universidad que todos sabíamos que el Derecho es la representación de la visión que la clase dominante tiene de la sociedad.

¡Toma ya!

Naturalmente, yo no estaba entre la multitud que conocía una frase tan lapidaria, pero, seguramente por eso, me lleva acompañando casi cuarenta años. Y cada año que pasa me doy cuenta que la frase es más cierta.

Por fin les ha llegado el tiempo a las mujeres. Ni se sabe el tiempo que llevaban resignándose a que su revolución debía esperar a que triunfase la de sus compañeros. Construido el paraíso soñado por el rojerío varón, les tocaría a ellas amueblarlo para disfrutarlo en igualdad de condiciones. Pero como no hay manera de que llegue esa Arcadia (faltan ideas, líderes, ganas y hambre), las mujeres se han organizado, han llegado a las puertas del Palacio de Invierno de los varones y están a la espera del grito final que las lleve al triunfo.

Lo singular de esta revolución es que la van a empezar por donde nadie lo había hecho. Los franceses ocuparon el legislativo. Los rusos, el ejecutivo. Las españolas se atrincheran en el judicial. Con un par. De lo que sea.

Han conseguido que la Comisión de Codificación (suena a que es la que propone qué cosa es un delito y cuánto vale en el mercado de las penas) sea paritaria. O sea, que haya tantas mujeres como hombres, y ellas van dispuestas a todo (a la vez que ellos van resignados alsí, cariño que tan bien ha escenificado Moscoso), que no es sino que la legislación española muestre cuál es la clase dominante. Las mujeres.

¡No se me crucifique! No tengo nada en contra de que la violación merezca la misma sanción que el genocidio porque mi Ética desde siempre y mi biología no diré desde cuándo me mantienen a salvo del peligro, y el que venga detrás que arree.

Pero lo que me parece una vergüenza es que la izquierda española, incluidos los pelanas de Podemos, no aspiren a conseguir una Comisión de Codificación paritaria de pobres y ricos. No de ricos y de representantes de los pobres, como quieren ser ellos, no. De pobres y ricos. Solo así los delitos de ricos ni prescribirían a los cuatro años ni se castigarían con la tibieza que se castigan ahora. Estoy convencido de que los jueces no conocen todos los recovecos de la violencia machista. Tanto, como lo estoy de que ni los jueces ni las juezas tienen ni puta idea de la mala leche que se le pone a un pobre cuando ve que los miles de rodrigorratos que hay por ahí sigan en la calle.

Mas habrá que esperar. La Historia ha dado la vuelta. Primero, serán las mujeres. Luego, los pobres, que se han dormido en los laureles.



viernes, 20 de abril de 2018

Prueba de impresión en Saal-Digital

Hace unos días tuve la oportunidad de probar un producto de Saal-Digital. Encargué una impresión en aluminio (Aluminio Dibond Buttlerfinish es la definición) de la fotografía que adjunto a esta entrada en tamaño 60 x 40 centímetros.

Las conclusiones que saqué fueron las siguientes:

1.- La velocidad de producción fue sorprendente. Subí el archivo a las 5 de la tarde y a las 11:28 del día siguiente ya estaba esperando que lo recogiera el transportista.
2.- La empresa me facilitó desde ese mismo momento la posibilidad de hacer el seguimiento del envío, y me satisifizo que no viniera desde Alemania sino desde Zaragoza. Por las mismas fechas, mi hija hizo un pedido de álbum digital y también a ella le llegó desde Zaragoza, lo que me hace suponer que han abierto una planta de producción en España. La verdad es que, incluso globalización mediante, se queda uno más satisfecho sabiendo que no compra del todo al extranjero.
3.- El envío no es el punto fuerte del sistema. El paquete estuvo dos días enteros en espera de ser recogido por el mensajero. Después, fin de semana por medio, la velocidad fue la esperable.
4.- El embalaje es inmejorable.
5.- El resultado es muy bueno. Crei descubrir algún error en la impresión y fui a consultar el original. Resultó que se trataba de un error mío en la realización del trabajo.
7.- Para colgarlo, elegí un marco cuadrado. Resulta ser, eso, un pequeño cuadrado de aluminio que separa ligeramente la figura de la pared, y es bastante resultón. Tengo otro aluminio pegado directamente a la pared y este sistema es mucho más interesante. Para sujetarlo, es suficiente con una escarpia y, si eres hábil, con una de acero puede clavarse directamente en la pared, sin necesidad de hacer taladros.
6.- El acabado es mate y el cuadro queda bien, como digo. Estoy muy satisfecho con la fotografía y el aluminio, como suponía, le queda estupendamente. Sin embargo, cuando alcanza toda su brillantez es cuando se contempla de frente. Con luz natural, si se le mira con algún desplazamiento lateral, no se luce de la misma manera.
Con luz artificial, la diferencia no es tan acusada.

Estas impresiones un tanto especiales no son baratas, pero, de vez en cuando, puede hacerse una...

viernes, 23 de marzo de 2018

La manga riega, que aquí no llega

No me imagino a Marcelino Camacho o Nicolás Redondo, por mencionar solamente dos ejemplos, convocar hoy una huelga y marcharse mañana a Perpignan para quedar a salvo de las consecuencias de sus actos. El “régimen del 78”, que es lo mismo que decir la instalación de instituciones democráticas en España, llegó gracias a los miles de personas que luchaban contra el franquismo y no huían después. Claro, que eran otros tiempos, y seguramente no tendrían medios para escaparse, pero después de la primera sanción, la primera paliza o la primera estancia en la cárcel, seguían defendiendo lo que creían, que era, para bien nuestro, que la dictadura debía acabar y ser sustituida por la democracia.

Al lado de aquellos personajes que ahora menosprecian los que podían ser sus nietos, estos independentistas se quedan muy, muy pequeñitos. Ridículamente pequeñitos. Son unos pijos jugando a hacer la revolución. Primero la escena de la votación en el parlamento, secreta por si acaso me castigan, porque una cosa es piar y otra actuar. Luego, la huida de los seis primeros, la manga riega que aquí no llega. Después lo de Gabriel, que se dejó en su casa la dignidad al lado de los vaqueros y la camiseta para irse a Suiza. Luego, los encarcelados y el rosario de renuncias: viva la república, pero que peleen otros por ella que yo quiero irme a casa: ¿cuánto habría tardado en llegar a España el “régimen del 78” si los presos políticos (esos, de verdad) hubieran hecho lo mismo que estos aficionados? Ahora, la Rovira, otra que prefiere educar a su hija, a la que quiere mucho, mucho, muchísimo, antes que seguir en la lucha. La va a educar en la libertad, claro. Sobre todo en la libertad de que se coman otros el marrón, la manga riega que aquí no llega.

¡Menudos mártires! ¡Menudo puñado de pijos!

miércoles, 14 de marzo de 2018

Del 8 al 11 de marzo

Los cambios de posición de los dirigentes del Partido Popular en relación con el ocho de marzo, por la rapidez con la que se han producido, denuncian lo que valen las palabras de los políticos: nada. Absolutamente nada. Yo tengo unos principios, decía Marx (Groucho), pero, si no le gustan, tengo otros. Rajoy, Hernando, Cifuentes, Montserrat... han convertido su trabajo en la parodia de una parodia.

Y como si nada.

(Sostengo desde hace tiempo que, si los periodistas recurrieran a los políticos solo cuando realmente su trabajo fuera noticia, el país ganaría en salud, en cultura, en independencia de juicio, en madurez ciudadana. Nos quitaríamos de golpe esperpentos como el que acabo de contar y la atosigante presencia de tertulianos, algunos, verdaderas momias que ya no tenían nada que decir hace treinta años y siguen contando vaciedades de micrófono en micrófono.)

Pero, si esto ha sido ridículo, lo de la cadena perpetua en eufemismo, rebaja la condición de Rajoy y sus secuaces (sí, secuaces) a la de miserables carroñeros, con todos mis respetos a los buitres, a los que tanto quiero. Rajoy no es mejor que los emperadores romanos que, para satisfacer a los espectadores, condenaban a la muerte inmediata al gladiador que no había combatido bien. Él y los suyos no dejan de repetir que crearon y mantienen la ley porque lo queremos la mayoría de los españoles, como si eso fuera verdad y eso fuera suficiente y, en cambio, no lo sea para tantas otras cosas en las que el gobierno se convierte en juicioso enmendador de los deseos disparatados del ciudadano. Y entonces van y flanquean a los padres de criaturas asesinadas (quienes, por cierto, se dedican ahora a hacer sorprendentestournées de un escenario macabro al siguiente), como si el papel del gobernante fuera tomar la antorcha de la venganza y agitarla al viento para mostrar al pueblo lo bien que sabe dirigirlo hacia su destino.

Entre las estupideces del inefable Hernando cabe destacar ésta: la ley no puede quitarse porque se ve que está funcionado bien. Dicho cuando solo se ha aplicado a un caso y justo después del último asesinato de un niño.

Con dos cojones.

Palabra de político. Nada. Basura.