jueves, 17 de junio de 2010

Carta, señor presidente

Publicada el 11 de junio de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

Señor presidente: una huelga que se hace a sabiendas de que no se va a conseguir lo que se pide es una huelga testimonial y cuando a las cosas hay que ponerle apellidos es que han dejado de ser lo que designan. Pensemos en un dormitorio testimonial, que será una habitación para echar una cabezadita, como mucho, o en un libro testimonial, que, a lo más, será un panfleto. Además, las huelgas se le hacen al jefe de la empresa y no al encargado, que no tiene la culpa de las condiciones de trabajo ni modo de resolverlas, y la del martes pasado era una queja al encargado, como he sostenido en otras columnas. Ahora bien, presidente, si quieres que te vote cuando llegue el momento, tienes que hacer en adelante algunas cosas propias de un presidente y no solo las de un encargado. Por ejemplo, no darle a las cajas los trece mil millones que piden, para que no parezca que mi pasta irá directamente a ellas; exigir a los bancos que devuelvan los veinte mil que se les ha prestado ya y explicarnos cómo se ha devuelto y a qué interés; subir los impuestos directos al modo andaluz o extremeño; promover leyes para que los especuladores no tengan más poder que los gobiernos; hacer algo para evitar los sueldos inmorales o los ministerios ridículos, o para que las eléctricas no parezcan fuera de toda ley y los partidos agencias de despilfarro, fraude y corrupción... organizar el pais, en fin, de manera que no parezca, presidente, que aquí seguimos privatizando los beneficios y socializando las pérdidas. Para eso nos valen Aznar o Rajoy: al fin y al cabo es eso lo que se espera de ellos.