jueves, 3 de marzo de 2011

El paro

Publicada el 4 de marzo de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.


Abaratar el despido sirve para que despedir a los empleados cueste menos dinero a los empresarios, pero no para que el pan de molde con corteza deje de tenerla, por ejemplo. Los médicos, que saben mucho de enfermos y remedios, cuando tumban en el quirófano a un paciente con apendicitis no le quitan las anginas, a ver si mejora. Los políticos deberían aprender de los médicos en lugar de fiarse de cualquiera. Por ejemplo, de los economistas del FMI, que todavía se rascan la cabeza mientras declaman aquello de «la crisis ha venido y nadie sabe cómo ha sido». A los empresarios les viene bien que estas oenegés de la pasta gansa digan a los gobiernos lo que tienen que hacer porque les viene bien lo que dicen, pero no porque sea verdad. El trabajador es, para el empresario, una herramienta de ganar dinero y no la causa de su ruina, como no se nos deja de repetir. Las medidas del gobierno son útiles, en el mejor de los casos, para paliar las pérdidas de las empresas que van mal, no para que haya empresas que vayan bien. Y también son útiles para que los sindicatos, convertidos en academias para desempleados, puedan pagar campañas electorales casi como los partidos, pero no para que tengan más trabajadores afiliados, que es su razón de ser y no la enseñanza de adultos. Si en Alemania el cuarenta por ciento de los empresarios tiene dificultades para contratar trabajadores y aquí es el cuarenta por ciento de los empeados el que tiene dificultades para encontrar un empresario, el problema no puede estar solo en Zapatero. Ni en Rajoy.