jueves, 7 de abril de 2011

Islandia

Publicada el 8 de abril de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.



Desde lo que llamo las cloacas de internet me llega el relato de los sucesos de Islandia, precedido por la afirmación de que aquí no nos hemos enterado. No es verdad. Aunque nunca ha sido noticia de portada, quien quiere enterarse sabe que Islandia se fue al garete hace un par de años, la bolsa bajó a los infiernos y tal y cual. El gobierno acordó la devolución de la deuda nacional a los prestamistas extranjeros a no sé qué interés durante no sé cuántos años. Pero los islandeses, a base de caceroladas, mandaron al gobierno a su casa y les dijeron a «los mercados» que no les salía de allí pagarles porque ellos no tenían la culpa de lo que se traían y se llevaban los especuladores. «Los mercados» corrieron a ampliar el plazo y bajar el interés pero lo islandeses, como el que oye llover, se pusieron a encarcelar banqueros y a redactar una nueva constitución con personas salidas de la calle (nada de experimentados políticos) para evitar que estas mandangas se repitan. Y ahí están, más o menos. Cierto que Islandia es una sociedad pequeña pero la cuestión, como suele ocurrir, no es el tamaño. Es lo que entendemos por democracia. Aquí seguimos confundiéndola con el seguidismo idiota hacia el líder, cuyo mayor mérito ha sido abrirse camino a codazos entre el aparato del partido, la institución menos democrática que se conoce después de la jerarquía eclesial. También con la Gran Fiesta de la Palabra Hueca a la que estamos a punto de abocarnos, que llamamos campaña electoral y que (me pongo demagogo) no pagan a escote los que van a «pillar cacho» de resultas de ella sino todos los demás. También con votar, resignarse luego y aguantar el chaparrón hasta que lleguen nuevas e infundadas promesas.