jueves, 29 de marzo de 2012

Denuncias y gilipolleces

Publicada el 23 de marzo de 2012 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Posesión en la puerta del centro de unas tijeras». Si añado que se trata de un centro educativo, a nadie extrañará ni la frase ni el hecho que describe, ya que muchos estudiantes poseen unas tijeras e incluso las llevan a la escuela. Sin embargo, lo que he transcrito no es un ejercicio de sintaxis sino una denuncia policial. Así que mejor pasamos a la lección de semiología: un joven que posea (y muestre, supongo) unas tijeras cualquier día que no sea el 29 de marzo es un estudiante haciendo trabajos manuales. El mismo joven el 29 de marzo es un presunto delincuente. Procede, pues, abordarlo, interrogarle y requisar el peligrosísimo material. Como soy un ignorante en cuestiones criminales no sé si el delito es poseer unas tijeras o poseerlas en la puerta de un instituto. Si es lo primero, no sé por qué la policía no levantó ayer acta de denuncia a todas las costureras de la ciudad y si es lo segundo no se me ocurre cómo el poseedor de unas tijeras puede dejar de poseerlas cuando pase por un sitio por el que es denunciable poseerlas, y tampoco sé cuáles son esos sitios en donde está restringida la posesión de según qué cosas, que también ignoro, pero desde luego de unas tijeras. La denuncia me recordó que hace treinta y tantos años alguien a quien conozco de largo fue abordado, interrogado y fichado por dibujar con el dedo en el cristal polvoriento de un coche una A inserta en un círculo, si bien (menos mal) aquella policía secreta postfranquista no requisó la herramienta del presunto criminal. Perdonen que me lo tome a broma pero es la mejor forma de tomarse un hecho ridículo si no fuera, además, arbitrario y, desde luego, un abuso de poder. Sería magnífico que alguien pidiese disculpas a este chico, devolviese las tijeras a su verdadero poseedor y prometiese en el futuro dedicarse a hacer (o a mandar hacer) cosas útiles y no gilipolleces.