viernes, 4 de mayo de 2012

Supongamos

Publicada el 4 de mayo de 2012 en El Día de Castilla-La Mancha.

Supongamos que es verdad lo que se cuenta por la calle y por internet, que es una calle tan ancha que desde una acera no se ve la opuesta. Supongamos, por tanto, que es verdad que en varias plantas del hospital de Cuenca las habitaciones, preparadas para albergar dos enfermos, están acogiendo sistemáticamente a tres pacientes. Supongamos que es verdad que esto ocurre mientras algunos pasillos y plantas están cerradas al uso desde hace semanas. Supongamos que todo el mundo ha pasado algunas jornadas en la habitación de un hospital y, por lo tanto, está en condiciones de saber de qué cosa estamos hablando. Supongamos que es verdad que se está reduciendo el número de pruebas diagnósticas y tratamientos curativos que se hacen en este hospital y que, por lo tanto, cada vez es mayor el número de pacientes que tienen que desplazarse a otra ciudad para recibir atención médica. Supongamos que es verdad (el lector habrá advertido a estas alturas que he sustituido mi habitual estilo, suelto e ingenioso, por el machacón, repetitivo y sin gracia de los políticos, pero es que lo que estoy contando no tiene ni pizca de gracia), supongamos que es verdad, digo, que esto no es un producto pasajero de la crisis sino que, como se dice por ahí, responde a una decisión meditada de la gerencia del hospital, que ha informado de que en Cuenca tienen un hospital que los conquenses no se merecen y piensa convertirlo en dos tardes en un centro de ámbito comarcal. Si esto es así, unas decenas de conquenses van a quedar en el paro; la ciudad perderá una aportación económica importante entre la directa y la inducida; por lo mismo, los conquenses generarán riqueza en las ciudades donde acompañen a sus enfermos; Cuenca dejará de ser capital de provincia para ser cabecera de comarca en asuntos sanitarios; esto abrirá el camino para posteriores minoraciones en otros campos amparadas en la irrelevancia de la ciudad, adquirida a raíz de esta decisión primera; los conquenses, en fin, recuperarán su no perdido del todo sentimiento de inferioridad, olvido y abandono intencionado. Supongamos que todo esto es o será verdad. ¿Qué cara se les quedará a los militantes conquenses del PP?, ¿qué contestará al vecino que le pare por la calle ese diputado que aprueba esta gestión? ¿Quedará en el PP algún militante de base, de esos que pagan la cuota y ni ha tenido ni tendrá cargo público, o se darán de baja de uno en uno? ¿O no? ¿Habrá, quizás, votantes conservadores que encuentren razonables las razones con las que su propio partido contribuye a mandar a la mierda a la ciudad donde viven? Qué sabe nadie…