martes, 12 de noviembre de 2013

La persistencia de la derecha

En un caso notable de persistencia, ayer leí a cierta columnista de la derecha volviendo sobre el tema de la doctrina Parot. La misma opinadora que en la víspera de la manifestación convocada después del fallo del tribunal de Estrasburgo animaba a votar solamente a los partidos que acudieran a ella. Como si ese fuese nuestro único problema.

Sin embargo, no veo razón para que alguien de su edad muestre tanto desasosiego por este asunto. En los años más duros de ETA todos decíamos que su incontinencia asesina guardaba cierta relación con el precio que se pagaba por su criminalidad. Matado el primer guardia civil, los demás salían gratis. Que yo recuerde, ningún partido propuso endurecer las penas. En los funerales, el ministro quien fuese llamaba a la calma y aseguraba que sobre los asesinos caería todo el peso de la ley. O sea, veinte años. Y todos satisfechos.

Además, la sociedad sabía que en la cárcel no se reinsrtaba ningún etarra  porque en ellas seguían haciendo su revolución, amenazaban a los funcionarios y gozaban de mil privilegios con la permisividad de todas las administraciones.

Quizás esta actitud de la sociedad tuvo que ver con que ETA conservaba el aura mística de haber sido la única organización que le plantó cara a Franco. O quizás tuvo que ver con que les teníamos miedo y nadie quería ser responsable de enrabietarlos y que volaran medio país. O creíamos sinceramente que cambiar la ley solo para joder a ETA habría supuesto admitir la falta de grandeza del Estado.

Durante años han dejado la cárcel etarras que habían cumplido condenas que a los columnistas y manifestantes de la derecha les parecen ahora ridículas sin que a ninguno se les oyese abrir la boca. Ahora, que no se callan, son ellos los que hacen el ridículo manifestándose contra una decisión de jueces europeos, no se si sabe si porque son jueces o porque son europeos: no vamos a dejar que de fuera vengan a enmendarnos la plana.

Lo cierto es que el Estado no se defendió de ETA como podía haberlo hecho hasta muy tarde, con la ley de partidos de 2002 o el hallazgo de la doctrina Parot, pero no se puede recuperar el  tiempo perdido. Ni siquiera en estas cuestiones y ni siquiera aunque lo quiera la derecha.