jueves, 8 de mayo de 2014

Bipartidismo

Dicen las encuestas (por cierto, se publican tantas que me extraña no haber sido nunca eso que se llama muestra) que el bipartidismo volverá a ser la estrella de las próximas elecciones, después del abstencionismo, eso sí, que si contara para alguien, deslegitimaría a todos.
     Los partidos grandes (mejor esto que los «grandes partidos» y eso considerando que el PSOE parece haber encontrado el camino para hacer mutis por el foro) juegan con la derrota del desánimo, con que uno se desanima hasta de estar desanimado y, llegado el caso, votará por uno de ellos. Como decía el de aquel chiste, si no creo en mi dios, que es el de verdad, cómo voy creer en el suyo.
     Por otra parte, los partidos pequeños no tienen dinero para dejar de serlo y ya se sabe que sin dinero uno no puede ir ni a la vuelta de la esquina. Por fin, las redes sociales de momento no sirven para esto. Su utilidad principal parece ser retransmitir fotos y chorradas. Muy de lejos, sirven coyunturalmente para convocar a unos cuantos miles a hacer ruido, pero están a años luz de aglutinar en torno a un proyecto a centenares de miles de voluntades, no digo ya a los millones necesarios para ser una alternativa.
     O sea, que un desastre. El día 26 tendremos que aguantar en primera plana la sonrisa del triunfo de un líder que habrá ganado las elecciones por haber conseguido que siete de cada ocho votantes no le hayan votado y la sonrisa esperanzada del segundo, que habrá conseguido que le ignoren ocho de cada nueve.