martes, 30 de septiembre de 2014

Toros, fiestas y maltratos (II)

La presión popular hacia el toro de la Vega hace que tenga los días contados. Todavia morirán unas decenas de animales de esa manera tan festiva. Pero antes o después la celebración decaerá lo suficiente como para que un gobierno decida prohibirla sin que el partido en la oposición diga que eso es un atentado a la moral, las buenas costumbres y la identidad de todo un pueblo. La cuestión es qué ocurrirá después. El calendario de festejos crueles incluye un repertorio de prácticas en las que los animales son utilizados para solaz de las multitudes (porque la multitud es consustancial a estos divertimentos, naturalmente) y en donde echo en falta alguna tradición bien conocida. O sea, que la lista crecerá.
     Entre las que se recogen en la web se encuentra la vaquilla, la fiesta que, el 21 de septiembre, se  ha convertido en la fiesta principal de Cuenca, en dura pugna con el Jueves Santo. Por lo tanto, cabe pensar que, acabados los tauricidios, los defensores de los animales se lanzarán sobre festejos como la vaquilla. Será entonces de ver la reacción de los que consideran una salvajada el toro de la Vega y abarrotan la Plaza Mayor de Cuenca cuando frisa el otoño. Pero no solo de ellos, sino de todos los conquenses. ¿Estarán preparados para ser señalados como los perpetradores de la siguiente animalada cometida contra los animales? ¿O se volverá sobre los ocho siglos de tradición, se argumentará que los animales no mueren y se asegurará que no es maltrato uncirlos con maromas y pasearlos durante horas por unas calles donde resbalan mientras son mareados y acosados por la multitud?
     ¿Qué ocurrirá? Ya digo que lo veremos.
     Seguro.