viernes, 18 de septiembre de 2009

Palabras difuntas

Publicada el 18 de septiembre de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

Hace tiempo que los futbolistas no rematan a gol. Lo que hacen es definir, a despecho de que el diccionario de español tenga reservada una línea al fútbol y otros deportes para la palabra «rematar» y de que el mismo diccionario diga que «definir» es -como mucho- resolver algo dudoso. La peculiaridad de este cambio forzado en el significado de la palabra es que se debe exclusivamente a la voluntad (o a la ignorancia) de un reducido colectivo de usuarios: los periodistas deportivos. Estos mismos usuarios son lo que suprimen los artículos y sitúan a los porteros bajo [los] palos, hacen correr a los jugadores por [la] banda y los obligan a «definir» con [la] pierna izquierda.
Cuando se celebren los funerales por el «remate», lo que puede pasar en cualquier momento, dado lo sensible que se ha vuelto la Academia a la «vox populi», empezaremos a preparar el entierro del «muy». Ya nada es muy bonito o muy caro. Todo es súper. La expresión, tan pija ella, se ha extendido a toda la población y esta es la fecha en la que resulta dificilísimo escuchar a alguien que no la prefiera a «muy».
José Montilla, el presidente catalán, ha avanzado un paso más y no sólo utiliza «súper» como sustituto de un adverbio de cantidad sino como le da la gana, y así se permitió definir (no los remató, aunque ganas le quedaron) a los que le jodieron la Diada quejándose del paro como una «super-minoría», dejándonos con la duda (relativa, claro) de si se trataba de una minoría grande (llegando a ser casi una mayoría) o una minoría muy pequeña, menor todavía de la que en su día estuvo interesada en aprobar o no el Estatut.