viernes, 27 de noviembre de 2009

El hombre de la gabardina

Publicada el 27 de noviembre de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

Todo empezó cuando, sin querer, vi cómo unas sombras se escapaban escaleras abajo. Estaba yo canturreando mientras limpiaba el dormitorio que da al patio interior de mi bloque y un vago presentimiento me hizo asomarse por la ventana. Entonces fue cuando vi eso, la sombra de alguien que corría hacia el piso inferior, quizás escapando de mi mirada. Desde entonces no me ha abandonado la sensación de que alguien me observa. Lo presiento cuando me afeito y, para espantar el desasosiego, canto las quinientas noches de Sabina a voz en cuello. Cuando, por las noches, me siento en el borde de la cama de mi pequeño y le susurro una nana de Rosa León para dormirlo. Cuando he convocado a mi inspiración entonando «La chica de ayer» que carraspeaba Antonio Vega... Hasta esta mañana, en que todo ha cambiado. Me he levantado de un humor magnífico y he bajado al garaje porque tenía comprometido un viaje desde hacía tiempo. Iba feliz y he utilizado el ambiente de teatro que me proporciona el garaje para remedar con mis labios el saxofón de Chet Baker en «That old feeling». Ha sido entonces cuando, desde detrás de una columna, ha salido él, un hombre bajito, de aspecto vulgar y cubierto con una gabardina. «Soy de la SGAE», me ha dicho y se ha acreditado con una cartulina plastificada, y entonces lo he comprendido todo. Aunque le he explicado que Baker nunca fue de la SGAE, ha sacado una libreta y me ha relatado todos mis pasados crímenes. Así que he tenido que llegar a un acuerdo y la verdad es que ahora me siento muy tranquilo, como si me hubiese quitado un gran peso de encima. A partir de hoy, por seis euros al mes podré cantar lo que quiera delante de quien quiera.