sábado, 15 de mayo de 2010

Otra vez lo mismo

Publicada el 14 de mayo de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

La razón por la que el Estado necesita gastar menos es que los prestamistas le vendan el dinero a un cierto precio. Aunque, en realidad, les da igual. Si el Estado les pide poco, ganarán lo previsto y, si les pide mucho, ganarán más. Su banco prefiere que usted le pague en su momento pero solamente por las molestias, porque si usted se retarasa le cobrará lo estipulado y la yema del otro bajo mil rubros diferentes. Así son las cosas. Usted manda en el banco igual que el Estado manda en los prestamistas (oigo en la radio aquello de "los mercados" y me entran ganas de vomitar). Por otro lado, usted busca un aumento de sueldo, se pluriemplea o registra en los bolsillos de sus hijos para pagar la deuda cuanto antes. Lo mismo que hace el Estado. Cuando puede. Porque si usted tiene un hijo rico (pudiera ser) le exigiría que le ayudase, pero el Estado no puede hacerlo porque los ricos se irían del país al del vecino, que está encantado de acogerlos. Y porque en un país en el que la juventud aspira en masa a convertirse en funcionariado (¡cómo tratarán los jefes a los empleados!), no sé cómo se creará la riqueza. Con su discurso, Zapatero admite que, como los otros gobernantes, es sólo el administrador de lo que deciden los verdaderos dueños del cotarro. Ya es hora de cambiarle el nombre al partido, reducido a un aparato burocrático que reparte buenos sueldos y enarbola eslóganes vacíos como la cabeza de Belén Esteban. Hagámonos a la idea de que este mundo no es lo que creíamos. Y, por lo demás, lo cierto es que estuvo muy feo: Obama llama y Zapatero obedece.





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