jueves, 3 de junio de 2010

Kant y los infractores

Publicada el 28 de mayo de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

Dice Fernando Savater que la razón busca opiniones con más carga de realidad que otras. No hace falta ser Fernando Savater para decir esto, pero es importante recurrir a las autoridades para cimentar el discurso. Para empezar llevando razón, vaya, igual que cuando en el bar se habla de fútbol se cita a Del Bosque y no al Tato. Tráfico lleva este proceder a su máximo exponente y ha ideado un mecanismo para que solo los muy atrevidos se atrevan a discutir la razón de la autoridad. De ahora en adelante usted puede estar seguro de haber hecho el stop y puede que el guardia que lo vigilaba desde el otro lado del matorral considere que las ruedas paradas, paradas, lo que se dice paradas del todo, no estaban. Nadie ha corrido peligro, como el propio guardia admite, pero usted parado, parado, lo que se dice parado, no estaba, así que tiene que ayudar a reducir el déficit y pagar el sueldo -sin quita- de los funcionarios eventuales que son los seleccionados por Del Bosque (cito de nuevo a la autoridad) con, digamos, trescientos euros. La discusión entre usted y el Estado se convierte en una suerte de ordalía, ya que para que el Estado admita su inocencia usted debe arriesgarse a perder otros trescientos euros más, igual que en los juicios de Dios el inocente se arriesgaba a no morir a cambio de abrasarse las manos hasta dejarlas inservibles. Así, el jefe de Tráfico nos obliga a ser kantianos a todos y hace que supeditemos la razón pura a la razón práctica; o sea, que pagaremos la multa no porque sea nuestro deber como infractores (la conciencia moral) sino porque nos convendrá para no pagar el doble aunque no lo seamos (imperativo hipotético).