viernes, 4 de febrero de 2011

Otra vez los bancos

Publicada el 4 de febrero de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.



Cuando uno pide un crédito hipotecario hace mucho más que entregar su alma al diablo, pero sin saberlo. No ofrece como garantía la casa que quiere comprar sino su vida entera y parte de la de sus hijos. Si usted no puede pagar la mitad de la casa el banco se queda con toda ella, con los intereses que le ha cobrado y con la plusvalía que obtenga de venderla, aunque si no gana quiere que usted le cubra el roto. Además, el banco le marca con una equis grande y negra en su alma electrónica y jamás le volverán a dar un crédito. Esto funciona así y a pesar de ello a los bancos hay que darles de vez en cuando una manta de dinero. Un billón de pesetas con Felipe González y ahora mucho más, tanto que les da vergüenza decirlo. Si a pesar de la usura manifiesta siguen perdiendo dinero es que sus dueños no merecen ser tan ricos como son y que más que tipos competentes son tahúres que juegan con las cartas marcadas. Un juez ha dicho en estos días que lo que pretenden no es de justicia y que la casa del que no pueda pagar lo que le queda es suficiente para cerrar las cuentas. Naturalmente, todos los mangoneantes han montado en cólera y critican al gobierno (que bien podía nombrar a este juez Español de la Década) y le dicen cuánto tenemos que trabajar los demás, a qué precio y en qué precarias condiciones porque si no, la cosa no funciona. Su cosa, claro. Y nosotros, en lugar de rebelarnos, sonreímos cuando vemos a sus hijas en las revistas de lujo y aplaudimos a «la Roja».