jueves, 23 de junio de 2011

Senado

Publicada el 24 de junio de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Que el Senado no sirve para nada lo saben los senadores mejor que nadie. Después están los ujieres, que son los que le dieron a Cospedal el gps para saber dónde estaba su sitio la vez o dos que fue. Todos los que hemos sido invitados a ver la sede de la institución o no hemos visto a nadie o hemos contemplado el augusto ejemplo de un senador hablando en el estrado a veinte senadores que jamás tuvieron la intención ni de escucharle ni de disimular que estaban haciéndolo. No es una «boutade». Hace casi diez años tuve el privilegio de escuchar, como alumno de un curso, un debate entre los portavoces parlamentarios del Senado a lo largo del cual quedó claro como el agua, primero, que ellos mismos estaban de acuerdo en que no servía para maldita la cosa; segundo, que no eran capaces de ponerse de acuerdo para cambiarlo y cada uno tenía a mano la cita de aquella ocasión en la que fuiste tú el que no quisiste y no yo, que bien que quería; tercero, que esto era así porque no había ninguna prisa para cambiar nada dado el cómodo «status quo» que se había establecido. El Senado nos ha costado 55 millones este año. Algo más de un euro por persona según las cuentas de Lola Flores. Pero es fácil que lleguemos a los diez euros si ponemos los gastos de amortización de mejoras del edificio y ampliaciones pasadas. No sería mucho dinero si sirviese para algo, pero como no sirve es carísimo. Esta es otra petición concreta contenida en el cuaderno de quejas de los indignados: que se cierre el Senado. Dicen que en octubre habrá referéndum ciudadano. Preparemos el voto.