jueves, 14 de julio de 2011

Frontera

Publicada el 15 de julio de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.



Algún ministro debería mandar que se desmantelaran los puestos fronterizos que se mantienen en la raya de Portugal (y creo que también de Francia). Sospecho que las autonomías no los han retirado porque están sobre territorio federal y el ministerio no tiene dinero para quitarlos o bien está escrito en algún sitio que se hagan museos cuando volvamos de la crisis. De momento son una elegía al abandono y al mal gusto, aunque también un recuerdo de que ese es el último lugar nuestro. O sea, el recuerdo de que está lo nuestro y lo de los demás. En tiempos de descreimiento puede que sirvan para retener el espíritu mágico de las tierras de frontera, que sin ese sitio donde pasar los malos tragos de la rutina se habría marchado a la trasera de la Gran Vía a retener el oficio de separar dos mundos sobre la cinta de un bordillo. Uno pasa al lado de esas casetas grises y desamparadas y, sin saber por qué, sabe que a cien metros de allí las casas tienen azulejos en las fachadas y la prima de Riesgo es todavía más puta que aquí, madre mía el día que nos echemos a Riesgo a la cara y le hablemos de su prima... También pasa que a aquel lado del río -del Duero estoy hablando, que ese sí que es frontera inamovible- el clima da naranjas y a éste escarchas y que los quebrantahuesos sobrevuelan los desfiladeros sin pensar en que siluetean un espacio único europeo pero con primas diferentes y sin fijarse en si sus cagarrutas ponen perdido el quiosco de helados luso o el puesto fronterizo hispano, tan viejo él.



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