jueves, 21 de julio de 2011

Mujeres

Si usted pesa más de lo debido, se arruga más de lo conveniente, tiene abcesos de grasa por cualquier sitio (o por todos los sitios), está pendiente de lo que los demás opinan de usted, sufre una insatisfacción moderada por la forma o el tamaño de esto o aquello, necesita ayuda extra para echar un polvo, se mea encima, puede haberse manchado el culo del pantalón, tiene el abdomen como el dirigible Hindenburg, sufre estreñimiento y es muy fácil encontrarse con usted cuando está sin ropa o muy poca, usted es una mujer.  No es fácil que una colonia de marcianos escriba nuestra historia cuando nos extingamos pero si se diese el caso y los investigadores utilizasen como fuente los anuncios de televisión no podrían alcanzar otra conclusión diferente a esta: había hombres y había mujeres, siendo éstas seres mucho más imperfectos ya que se desarrolló una multifacética y próspera industria dedicada a corregir sus desarreglos físicos y psicológicos. Si no fuera por lo de encontrarlas en pelotas habría que admitir que convivir con las mujeres es una experiencia desalentadora, pero como ocurre que esa característica sí que es mentira fehaciente (a veces, gracias a Dios) ha de convenirse que vivir con las mujeres es un trance al menos incómodo. En la publicidad, las mujeres han dejado de ser un objeto para ser una pena. La liberación les ha costado el descuajeringamiento psicosomático. Dueñas de su vida, ahora se pasan el día luchando contra su anatomía, singularmente tripas y esfínteres, y contándolo sin pudor ni recato. Ahora son amas de casa avispadas en lugar de abnegadas porque han aprendido a usar comida preparada, pero la emancipación se la gastan en la farmacia. Yo creo que si fuese una de ellas, prefiría seguir siendo un florero.