Ya hace mucho tiempo que estaban pasados de moda. No es que el asesinato lo hubiese estado alguna vez, pero hubo un tiempo en que en este país esperábamos cualquier cosa. Vamos, en este y en Francia, en donde no se fiaban del todo de nuestra democracia y por eso les daban cuartelillo. Pero de un tiempo a esta parte escuchar lo del nuevo escenario político-jurídico, lo del conflicto vasco y esas matracas sonaba sobre todo a rancio. Si ETA ha existido tanto tiempo ha sido porque no todos los vascos querían pertenecer un Estado diferente y no porque los demás españoles lo quisieran o no. A estas alturas, un territorio que, pese a todas las crisis, sigue siendo de los más prósperos del Estado, que mantiene instituciones prácticamente medievales que las distinguen del resto porque así lo quieren sus habitantes, que puede albergar legalmente un partido separatista o diez, que sale continuamente favorecido en las negociaciones con el Estado por mor de la puñetera ley electoral, y que forma parte de la Unión Europea que, aunque hoy parece un histórico venido a menos, sigue siendo una multinacional muy prestigiosa, a estas alturas, digo, un millar o dos de locos con una metralleta en la mano no son nada más que eso, unos locos y una antigualla. Ahora vendrán las interpretaciones sobre el porqué de hacerlo en este momento y no en otro y los juicios, opiniones y sospechas sobre qué ha dado o dará el Estado a cambio. Soy de los que espera que no se dé nada porque nada se les debe. Si alguna vez tuvieron una sombra de razón hace décadas que pasaron a ser solo asesinos, delincuentes comunes, una estructura mafiosa que, a diferencia de las italianas, ni siquiera dejó una pizca de prosperidad entre los suyos, sino todo lo contrario. Pero esos debates pasarán y lo que quedará es que ETA desapareció tal día como ayer. Es lo que se estudiará en los libros de texto. Y nosotros estuvimos aquí.
lunes, 24 de octubre de 2011
jueves, 20 de octubre de 2011
Moody´s
Pudo ser publicada el 21 de octubre de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo, pero se retiró y sustituyó por "El final"
Moody´s (que no es el nombre de una sala de fiestas sino de todo lo contrario) acaba de descubrir el Mediterráneo. Dice que en Castilla-La Mancha existe una «debilidad estructural de los fundamentos financieros», lo que significa (a) que somos pobres como ratas y (b) que debemos el dinero que hemos pedido prestado para tratar de vivir como gatos si no persas, al menos como gatos comunes. No hace falta ser Moody´s para llegar a esa conclusión. El escándalo proviene de cómo redondea el hallazgo. En los cuatro párrafos de su informe (el doble que esta columna: eso es todo), dice que no hay efectivo para funcionar y que el gobierno saliente no pudo dar cuenta precisa de cómo llevaban el negocio. Dice Moody´s también (y si esto no es hacer política, se le parece mucho) que no nos pone a la altura de Gabón gracias al gobierno entrante pero que como no resuelva a su gusto (al de Moody´s) los pagos de un par de carreteras que hay pendientes, allí nos mandarán. Es decir, les dirá a los especuladores (perdón, inversores) que o no nos presten un euro o lo hagan carísimo. Porque eso es Moody´s, una suerte de oráculo de los ladrones de cuello blanco que menudean en estos tiempos. Cuando nos iba bien gracias a la especulación inmobiliaria (y solo a eso), los políticos exhibían orgullosos las calificaciones de estos entes, y nadie se fijaba en que en los países que tenían peores notas vivían personas a los que estos individuos que nunca pasarán hambre les estaban complicando la existencia. Porque lo que hace Moody´s no es describir una situación ni (solo) criticar o alentar a un gobierno. Lo que hace es jodernos a usted y a mí porque su declaración es la coartada (más que el argumento) para que la parte de nuestros impuestos que sirve para pagar intereses de la deuda sea cada vez mayor. Incluso admitiendo que en estos años se ha gastado con mucha frecuencia demasiado y mal, no deberíamos olvidar que las sociedades están compuestas de personas y que lo que opinen, sepan o imaginen las agencias de calificación está muy, pero que muy por detrás, de lo que verdaderamente importa, que es el bienestar de las personas. Estoy seguro de que los gobiernos están de acuerdo con esto.
viernes, 14 de octubre de 2011
Recapitalización
Publicada el 14 de octubre de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
El orden de los acontecimientos es el que sigue: 1.- Los bancos no tienen dinero. 2.- Como no lo tienen, los Estados se lo dan (esto es la recapitalización). 3.- Los Estados esperan que con ese dinero los bancos den créditos a las personas y a las empresas. 4.- Es posible que cuando los bancos recuperen el dinero porque las personas y las empresas les paguen los créditos, los bancos devuelvan el dinero a los Estados. Me permito parafrasear un viejo chiste: porque usted y yo sabemos que esto tiene que funcionar así, porque de lo contrario esto suena a timo. Porque usted y yo lo sabemos, digo, porque si no, pediríamos la desaparición inmediata de los bancos. ¿Por qué el banco me va a cobrar por darme un dinero que antes le he dado yo a él? Si el que tiene el dinero es el Estado, ¿para qué necesitamos a un intermediario? Parece más lógico que el Estado financie a los ciudadanos directamente y así nos ahorramos la comisión. Una parte de la comisión es toda esa basura que estamos viendo salir a diario en forma de bonos, sueldazos y jubilaciones vitalicias de a mil euros el día para los gestores de los bancos arruinados. No sé si esa comisión es mucho o poco en términos relativos. Es decir, ignoro si nos sacaría o no de pobres a los demás. Pero lo que sí hace es denunciar a gritos la inmoralidad de los cimientos sobre los que hemos construido este mundo. Parece que Barroso propone que a los bancos que reciban dinero público se les prohíba esos mordiscos disparatados de sus gestores, ya que al fin y al cabo el mérito de que la entidad salga adelante no será suyo sino de los Estados que les volvieron a dar dinero. Y naturalmente todos a una han dicho que de eso nada, monada. Que lo suyo, ni tocarlo. Si los gobiernos de los Estados mandasen algo, tales bocazas ya se habrían arrepentido de contestar con esas ínfulas. Pero claro...
jueves, 6 de octubre de 2011
Publicada el 7 de octubre de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Noto que me estoy descolgando de los adelantos de la informática. No me interesan los nuevos aparatos (sorry, mr. Jobs) ni entiendo las nuevas maneras de juntarse la grey. Me hice un feisbuc (con perdón) y le saco el mismo rendimiento que a una bicicleta sin cadena. He concluido que es como estar en la cola del pan y no poder dejar de escuchar lo que las marujas van a cocinar para la comida. Regularmente escribe en mi muro(para saber lo que es esto imagínese una pintada en la fachada de su casa) un tipo que dice que se aburre, que odia trabajar en el trabajo, que su «churri» no le rasca la espalda y que lo del uñero mejora. ¡¿Y a mí qué?, me pregunto, si no sé quién es ni ganas que tengo de saberlo! Quise subir el nivel y usé el feisbuc para sugerirle a Rubalcaba unas cuantas ideas con las que recuperar mi voto, pero fue como escribirle una carta sin certificar. Un memorándum de algunas decenas de líneas que a pesar de su elevadísimo interés no me ha servido nada más que para que su servicio de propaganda no pare de informarme de si ha ido al baño o ha comido guisantes. Como si me importase algo. De buena gana me desharía del compañero candidato, pero no sé cómo hacerlo. No encuentro el botón y temo que si presiono el que no debo se multiplique por diez el volumen de información sin contenido que me llega, así que me veo obligado a seguir leyendo los titulares de su trajín, que son como el principio de la conversación de las maris de la panadería. «Pues a mi Guillermo le gustan el mejillón, así que». En fin, que en el feisbuc, como en la cola del pan, soy un tío entre callado y huraño. Y como parece a punto de demostrarse que el mundo está dentro de feisbuc y no fuera, siento que me voy despegando de aquel poco a poco y que empiezo a caer en un espacio amable y blando, como de algodón, sin aristas y sin más ruidos que el que hacen las nueces que ahora se abren y el parloteo admirativo de los mirlos cuando cae una cerca de ellos. O estoy recuperando mi mundo interior o estoy haciéndome definitivamente viejo.
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