jueves, 1 de diciembre de 2011

El forofo

Publicada el 2 de diciembre de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Para el forofo, la realidad no existe. Lo que los demás llamamos realidad para él no deja de ser un indicio de cómo ocurrieron ciertos hechos, pero solo a la manera en que lo son los datos que se ofrecen en los primeros capítulos de una novela policiaca. Más frecuentemente, la realidad es solo un obstáculo que impide a los que no son seguidores de su equipo comprender las grandes verdades de la vida. Para el forofo, los jugadores rivales son todos aviesos y malintencionados y su portero es el mejor del mundo hasta el momento en el que ficha por otro equipo, circunstancia que se produce justo cuando el portero suplente que lo sustituye estaba en condiciones de tomar el relevo en la cumbre. Al equipo del forofo lo persiguen los árbitros, los dirigentes de las competiciones, el mundo entero que se ha conchavado (inútilmente) para que no gane. El forofo se alimenta del fútbol y alimenta a los futbolistas. Cuantos más forofos tiene un equipo más dinero ganan los jugadores y los entrenadores, que super-viven gracias a la pasión de aquellos. Y también ganan más los periodistas, que contribuyen con un ahínco incomprensible, dado cuál es su oficio, a hacer añicos la realidad, a convertirla en la sombra tenue de una duda. El otro día asistí a una pelotera (que no charla) entre dos forofos y comprendí cómo pueden desencadenarse las guerras fratricidas. Lo que menos entiendo del forofo es que se expone a una pelea o a una angina de pecho por algo que escapa por completo a su control. Si Mourinho es el mejor entrenador del mundo lo es a pesar de los forofos del Madrid, y no gracias a ellos, que hasta el otro día estaban convencidos de que era Pellegrini.