viernes, 24 de agosto de 2012

Vídeos

Publicada el 10 de agosto de 2012 en El Día de Castilla la Mancha .



H ace algún tiempo cabía la posibilidad de que alguien hubiese visto cómo te abrias la cabeza contra el perfil delantero de un toldo por leer el periódico sin mirar por dónde andabas. Hoy no existe la posibilidad. Hoy es seguro que alguien te ha grabado en video y según cuál haya sido la magnitud del topetazo se reirá de ti en sesiones privadas con la familia o los amigos, te someterá al escarnio público en youtube o serás noticia en los telediarios del mundo entero. Hace unos días pudimos ver cómo la rueda traidora de un camión explotó y mandó al carajo al camionero, justo cuando éste pasaba a su lado y se agachaba con intenciones que la circunferencia interpretó que no estaban del todo claras. Las noticias no suelen explicar por qué se producen episodios así de ridículos, seguramente porque -a diferencia de las grandes películas, en donde no ocurre nada que no sea trascendente- la vida corriente está hecha de estas situaciones sin sentido. Pero tampoco dicen qué carajo hacía allí alguien con una cámara de vídeo y por qué le había dado por empezar a grabar la miserable vida de la rueda de un camión. Resulta que el gran hermano no era el ojo omnipresente del estado totalitario sino una creación colectiva compuesta por todos nosotros grabándonos unos a otros en una rueda sin fin con una «handycam» o con un teléfono de perra gorda. Colectiva, digo, pero también democrática porque si la forma de abrirte la crisma ha resultado suficientemente fotogénica, las televisiones concederán a tu cabeza más o menos los mismos minutos que al culo de un príncipe inglés o, en todo caso, una cantidad proporcionalmente mucho mayor si consideramos la diferencia de rango entre una testa plebeya y un trasero real. Algo es algo.