jueves, 13 de septiembre de 2012

Independencia

Publicada el 14 de septiembre de 2012 en El Día de Castilla la Mancha .



Uno de cada cinco catalanes decidió emplear la tarde del día de la fiesta de Cataluña en reclamar la independencia de Cataluña. Aunque no hay estadísticas, podemos aventurar que una proporción parecida de castellano-manchegos escaparon de la región el último 31 de mayo. Con independencia (perdón) de otras valoraciones, admitamos que el comportamiento de ellos es más coherente que el nuestro. Probablemente tenga que ver con lo que se celebra. Nosotros, un acto casi administrativo: la aprobación del Estatuto, un documento que al menos uno de cada millón de los nuestros debe de haber leído alguna vez, aunque no de golpe. Ellos, un hecho de armas más bien inútil: la derrota en una batalla de una guerra que ya habían perdido. Curiosamente, la guerra era por la sucesión al trono de España. La corona se la disputaban dos extranjeros y el asunto importaba tanto a los catalanes que eligieron su propio bando. Lo que pasó fue que eligieron a quien terminó perdiendo y de ahí arrancan todas sus cuitas contemporáneas o así emepzaron a establecerlo casi doscientos años después. Más tarde aún, cuando lo de Franco, a la oposición empezó a parecerle bien todo lo que a Franco le parecía mal, y este fue el camino por el que el nacionalismo, que en su origen pastó en la derecha política, se vio engordado por todas las izquierdas, igual de imbéciles, que olvidaron que a ellos les correspondía ser internacionalistas y no nacionalistas. Después vino lo de la ley electoral, que ha logrado ella sola que el nacionalismo periférico convierta en periferia política a millones de votantes del resto del país y, por último, está la crisis, que presentada según de qué manera, hace que los catalanes perciban que la mejor forma de ponerse a salvo es separarse de los pobres que habitan al otro lado del Ebro, los cuales, como sigan así las cosas, no van a valer ni para clientes de sus fábricas. Tal es el susto que tiene el país que desde el jueves menudean los estudios y los reportajes que muestran la imposibilidad real de la independencia catalana, como si las lucubraciones pudieran fabricar la realidad y no fuera más cierto que la realidad la construimos poco a poco con nuestros actos.