jueves, 25 de octubre de 2012

Para marcharse

Publicada el 26 de octubre de 2012 en El Día de Castilla la Mancha .

Admito que hasta ayer mismo estuve orgulloso de mi país. A la edad que calzo me gustaba considerar que pertenezco a una generación que ha contribuido a remolcarlo desde la alargada sombra del franquismo hasta la cabeza de Europa. Pero eso fue hasta ayer. Ahora me gusta tan poco lo que veo que casi que no quiero estar. ¿Que qué veo? Que con mi dinero se le paga a una idiota que se ufana de periodista y que afirma con una gravedad digna de mejor empeño que el alma está en el bazo. Que unos bancos deudores incitan al suicidio de sus deudores con el apoyo de las leyes. Que, igual que antes, Aministía Internacional duda de la policía. Que los políticos exhiben treinta años de dedicación como si fuesen un blasón y no un baldón. Que los que tienen la pasta se la llevan a carretillas (en Luxemburgo solo hay comercio mayorista de capitales fugados) mientras hablan de patriotismo, del suyo y del de los trabajadores que han de trabajar gratis para levantar el país. Eso veo. Pero habra más. Está en la cocina la censura para que no veamos a los grises (perdón: me he equivocado de color) dando hostias a los manifestantes. Y también está en la cazuela el delito de resistencia pasiva, que habrá de convertir en sedición el de resistencia activa: al paredón por piarlas. ¿Qué, si no?. Un país que no da trabajo ni de becarios a la mitad de sus jóvenes, que dejarán de ser jóvenes pero no parados, no puede tardar mucho en hacer otra cosa (con licencia de Joaquín Sabina) que, con una alfombra y un kleenex, sacarle brillo al sobaco de Europa. Y en medio de tanta desolación, los nacionalismos del norte le caen en la cara al gobierno, igual que el salivazo del que escupe contra el cielo. Dan ganas de marcharse a un país nuevo, a empezar otra vez, a ver si a la segunda la cosa se da mejor. Lo que no sé es si me querrán en algún sitio.