jueves, 6 de diciembre de 2012

Deudas

          Cuando era más joven, admiraba a Sánchez Dragó, un tipo capaz de juntar la Prehistoria con los Beatles sin que yo pudiera encontrar la trampa.
          Ya digo que era más joven.
          El otro día oí que había escrito que la dación en pago es una estafa y me lancé a buscar la referencia completa. Pensé que lo habría dicho para epatar, habida cuenta de que últimamente considero que Dragó solo es un bocazas que busca ganar dinero sin ton ni son. Así que acudí a su página web y comprobé que era verdad.
          Lo de ganar dinero sin ton ni son, quiero decir, porque su página web está repleta de anuncios. Es mayor la superficie dedicada a que el lector hagla clic en una oferta de viajes o de superdescuentos, que la dedicada a sus propias palabras. Lo que dice mucho de la importancia que concede a sus escritos y exculpa al lector de considerarlos poco más que idioteces útiles para rellenar el hueco que necesitan los anunciantes.
El caso es que Dragó habla de charcuteros y jamones estropeados para justificar que la dación en pago es una estafa. Apuntado a la ola creciente del liberalismo, Dragó es uno de tantos que se pierde en las palabras y no quiere ver que al mercado no todos acuden en las mismas condiciones (suponiendo, por ejemplo, que Telemadrid sea un mercado), de forma que cualquier resultado posterior tiene muchas posibilidades de ser injusto.
          Pienso en algunos casos. En él mismo y en Telemadrid, que le paga él y no a Paco Page, que es mucho más divertido y no menos ocurrente. O por ejemplo en Díaz Ferrán.
          No se me ocurre cómo una persona puede llegar a deber cuatrocientos millones de euros. Intente usted que un amigo le preste cincuenta euros para ir a cenar y sabrá de qué le hablo. No quiero meterme en política, pero las mismas empresas (Bankia, Caixanoséqué, ya sabe) que desahucian a un tipo que les debe ocho o diez cuotas de una hipoteca imposible, son las que le prestaron a ese sinvergüenza decenas de millones por su linda cara. Y no tenemos constancia de que lo hayan echado de ningún sitio ni le hayan reclamado la deuda de ninguna manera.
          ¿Qué opinará de esto Sánchez Dragó?
          La verdad es que me importa un pito.