jueves, 29 de noviembre de 2012

Mordaza





«Desde que se inventó la imprenta, la libertad de prensa ha sido la voluntad del dueño de la imprenta.» La frase la dijo el presidente de Ecuador, Rafael Correa, a la periodista de TVE, Erika Reija, después de que ésta no pudiese darle fe del paradero de «Anita Pástor», por quien el mandatario se interesó al final de la entrevista que le hizo aquella en Cádiz hace unos días. A pesar de los pronósticos, a nadie del gobierno se le ha visto la cara colorada porque un gobernante extranjero  tache de partidista -en España- a la política de información del gobierno español. Perdón: de que la tache de partidista con razón.
            La derecha tiene una cierta paranoia en materia de información. No se conforma con ganar sino que se empeña en convencernos a base de no dejarnos escuchar otra opinión. Quizás le duele aún el (en síntesis) «venceréis pero no convenceréis» de Unamuno a Millán Astray y está decidida a que no se repita. La radiotelevisión pública de Zapatero, la más imparcial que hemos tenido, ridículamente puesta en duda por Cospedal ante «Anita Pástor» a base de la retórica hueca y sin argumentos a la que acostumbra, es solo un recuerdo y ha vuelto a convertirse en la voz de su amo. Si a este gobierno le importase algo la gente a la que gobierna, alguno debería estar cesado desde ayer: desde que se conoció que el programa de la tarde de RNE ha perdido un ¡46%! de la audiencia que tenía Toni Garrido, y el de la mañana un 21% de la que tenía Juan Ramón Lucas. Ni la sinceridad un poco doméstica del segundo ni el punto crítico y perverso del primero eran del agrado del tipo de la mordaza, del capitán de la censura, del dueño de la imprenta. Ni Garrido ni Lucas me parecen los mejores comunicadores de España pero su relevo ha hecho que cientos de miles de oyentes prefieran sintonizar ahora alguna emisora privada, de esas en las que durante un tercio del tiempo en lugar de proporcionar entretenimiento se venden radares y crecepelos.
         Y como esto, señores, va todo lo público. Lo que es suyo y mío. Lo que es del señorito va mucho mejor. ¡Ah! Pero con su dinero (con el de usted, quiero decir) y con el mío, por supuesto.