jueves, 7 de marzo de 2013

Adiós

Publicada en El Día de Castilla-La Mancha el 8 de marzo de 2013


La vida es una sucesión de primeras y últimas veces. A aquellas acudimos siempre temblorosos y solo la ilusión de que hacemos algo nuevo oculta el fracaso estrepitoso que suele acompañarnos. Sobre las otras, sobre las últimas veces que hacemos algo, pende el infortunio de no saber casi nunca que lo son. Por eso, puedo considerar una suerte de privilegio saber que esta es la última columna que escribo en El Día: se trata del privilegio que da el conocimiento incluso en ocasiones como ésta, de la que tan pocas ventajas pueden extraerse.
    Me sirve, en todo caso, para poder despedirme con educación del lugar donde he residido casi quinientos viernes consecutivos y del que me desaloja (nos desaloja a todos) la crisis o el poder, si es que no son ambas la misma cosa, que seguramente sí. Salgo, pues, y mientras cojo el abrigo dedico una prolongada reverencia al anfitrión, que me ha permitido contar lo que he querido y como he querido durante todo este tiempo, ora sobre la sexualidad de mi gata ora sobre la incompetencia de cualquiera de los tres presidentes a quienes he censurado con impunidad y alevosía. Por el placer que a los que nos gusta escribir supone que a uno le dejen un sitio donde hacerlo, conste aquí mi gratitud.
    Salgo y desde el umbral de la puerta saludo con la mano en alto a quienes me han leído una o casi quinientas veces, a los que me leyeron por casualidad, a los que decidieron dejar de hacerlo porque les parecía un tostón y a los que han sido asiduos porque les gustaba mucho o porque les gustaba tan poco que gozaban del placer de ponerme a caer de un burro en su fuero interno o en animada cháchara con los amigos. Con algunos de ellos es posible que me reúna en internet, donde solo será un minuto el tiempo que les distraiga, y a los demás, pues nada, que a todos nos vaya bonito.
     Salgo, en fin, pero antes de irme del todo quiero se me oiga lamentarme de que se haya dado otro paso hacia la transformación de esta tierra en un barbecho inmenso y de la suerte que correrán otras cuantas decenas de trabajadores, a los que, naturalmente, deseo lo mejor.
    Adiós.