sábado, 1 de junio de 2013

Otra vez la caverna




Admiro la abnegación de las monjas que dedican su vida a tratar de prolongar la escuálida existencia de  otros semejantes en cualquier selva, tengan o no que hacer frente, además, a una guerra a machetazos. No termino de entender la disposición de las mujeres que deciden pasar la vida dentro de un convento haciendo nada y haciéndolo como gente de segunda clase, a las órdenes de la jerarquía masculina de la empresa. No entiendo en absoluto el espectáculo de centenares de ellas aplaudiendo al Papa como adolescentes a sus ídolos musicales. Y, por fin, me da grima ver que el epítome del Día de Castilla-La Mancha es la presidenta de la región flanqueada por un número variable de monjas. Ignoro qué han hecho las cinco congregaciones religiosas, una por cada provincia, para merecer una placa al Mérito Regional y confieso que me da exactamente igual, pero la estética del poder civil rodeado en todo momento de la Iglesia me desasosiega, como lo haría despertarme en aquella infancia hecha de floresamaría, santas martirizadas y rojos asesinos. No sé qué parte de símbolo tiene esta celebración ínfima, pero sea cual sea me hubiese gustado no ver de nuevo tan unidas a la derecha política y a la social. Porque esa vieja alianza de la caverna no ha traído nada bueno a este país, nada bueno y, también, oiga, por el qué dirán, por el qué pensarán de nosotros en otros sitios de España donde el personal es mucho más progre.