martes, 16 de julio de 2013

Los minutos de la basura

    Del asunto Bárcenas quedan los minutos de la basura. Ha durado tantos meses el redoble del tambor que cuando se ha producido la gran acobracia ha resultado ser un salto en el vacío.
    Yo creo que nadie duda de que el PP se ha financiado ilegalmente. Lo que pasa es que a los electores no les preocupa mucho. La realidad es que obras públicas contratadas por administraciones del PP han costado más de lo necesario y que ese resto se ha dedicado a pagar campañas electorales, alquileres, luz y agua de las sedes del partido. Ningún gobierno caerá en España por un fraude de ese estilo. Ayer, el New York Times subrayaba que los españoles somos muy condescendientes con la corrupción de nuestros políticos.
    Aunque se sabe que con ese dinero se han pagado también facturas de la boda de Canaán, coches de James Bond y cumpleaños de Cenicienta sin que nadie se dé por aludido, lo único que habría hecho caer al gobierno y habría borrado del mapa a toda una generación de políticos, como ha pronosticado alguna vez Ekáizer, habría sido que quedara incontestablemente demostrado que una parte de ese sobre-precio se hubiera empleado en dar los sobresueldos de los que se ha hablado durante todos estos meses. Pero de aquello no hay más pruebas que la palabra del golfo encargado, en su caso, del reparto del botín, lo que, aunque lógico, parece poca cosa, por lo menos a estas alturas del partido.
    Si Bárcenas hubiese dicho desde el principio esto es lo que hay, quizás el efecto habaría sido diferente. Ahora su palabra no vale nada y los documentos poco más: al fin y al cabo una contabilidad doble está al alcance de cualquier empresa de medio pelo.
    La peripecia nos ha dejado también la imagen de un presidente del gobierno torpe hasta el extremo, que ha permanecido al lado de Bárcenas hasta hace dos o tres meses, manteniéndole un sueldo inmoral y envándole mensajes de apoyo. Pero nadie dimite por ser tonto y el poder teje por sí solo telas de araña tan fuertes que nadie se atreve a decirle oye Mariano, que eres el hazmerreír del planeta y que, contigo al frente, la marca España es lo mismo que la marca ACME de los dibujos animados del Correcaminos.