viernes, 29 de noviembre de 2013

El nuevo deporte nacional



Un sindicato es una cosa y una academia es otra diferente. Por mucho que hayan evolucionado unos y otras, sus caminos difícilmente pueden coincidir. El objetivo de los sindicatos es mejorar las condiciones laborales de los trabajadores y el de las academias formar a la gente. Un trabajador mejor formado seguramente tendrá más oportunidades de trabajar pero eso no tiene por qué convertir a los sindicatos en academias.  Eso podría llevarles a tomar el control de las escuelas, por ejemplo, o el del as peluquerías, ya que un trabajador mejor peinado tendrá más éxito en una entrevista de trabajo que otro despeinado.

Sin embargo, sus caminos coincidieron hace un tiempo. No sé si por iniciativa del gobierno o de los sindicatos, el caso es que aquel decidió darles una pasta gansa a estos para que hicieran cursos de formación. Cuando en los autobuses públicos o en la gran cartelería de las ciudades se anunciaban UGT y CC.OO como las grandes oportunidades del futuro de los trabajadores por la formación permanente que les proporcionaban, habría quien pensase que  eran los felices nuevos tiempos. No era mi caso, que siempre vi con aprensión que una asociación para defender a los trabajadores compitiese con otra como si fuesen Alcampo y Carrefour.

Cualquiera que estuviese un poco al tanto supo enseguida dos cosas. Una, que ese dinero (que no era poco) era la forma que tenía el gobierno de comprar el silencio de los sindicatos cuando más se necesitase. Otra, que el manejo de ese dinero era la ocasión para que apareciesen nuevos fondos de reptiles, los asuntos turbios que salen cada vez que llega dinero llovido del cielo. Porque siempre pasa así y porque dar ese dinero y no indagar mucho en qué se hacía con él era parte de ese pacto de silencio.Todos los que ahora se rasgan las vestiduras son un hatajo enorme de hipócritas. Los periodistas, los políticos, los capitostes de los sindicatos, todos los sabían. ¡Si lo sabía yo, que no soy nadie!

Ahora ya estamos como siempre. Que se estudie todo. Que se aclare. Que se depuren responsabilidades. Que dimita mi primo o que a ver si le cargamos el muerto a uno que se haya muerto en este tiempo, como se ha hecho otras veces, por ejemplo en algún que otro banco.O sea, que las fiestas rocieras y los maletines de imitación no son nada más que una nueva pantomima para mantenernos activos en el deporte de clamar al cielo, que  pronto va a sustituir al fútbol como deporte nacional. Casi me da por pensar que destapar asuntos de corrupción es el nuevo pan y circo de nuestros días. Una nueva maniobra de distracción para que no nos demos cuenta de hasta qué punto nos están jodiendo . 

Por cierto, también los empresarios reciben dinero para formación, y eso que una asociación de empresarios no es una academia…