jueves, 6 de febrero de 2014

Carlos Herrera y ponerse en el lugar del otro

Aparentemente a las órdenes de Carlos Herrera, que es quien abre el fuego al alba, amor mío, al alba, durante toda la jornada de ayer la caverna mediática se dedicó a descalificar la sentencia del tribunal de Madrid que no penalizó el escrache a la vicepresidenta del gobierno mediante, primero, desautorizar a la jueza por socialista y, segundo, utilizar el ingeniosísimo argumento de que si ella hubiera sido objeto de ese cerco ciudadano, lo hubiese juzgado de otra manera.
    Esto, sin contar con el (qué bajo caes a veces, Herrera) chistecito fácil sobre el apellido de la jueza y con la invitación sutil a que un grupo de seguidores de sus consignas hiciera pasar a la jueza por la mencionada experiencia.
    Herrera y los suyos podrían utilizar el mismo y pobre argumento a la inversa y ponerse en la piel de quienes han perdido sueldo y casa mientras ven que los que le quitan la casa conducen ferraris, mientras ven que no tienen representantes que no se doblen ante los poderes económicos y mientras ven que a las que vicepresiden los gobiernos se les llena la boca de palabras huecas y los boletines oficiales de normas a favor de los dueños de los ferraris.
    Si Herrera se pusiera en la piel de los deshauciados, no solo comprendería a los que se citan a la puerta de la casa de Santamaría, sino que sería él quien cogería el altavoz para liderar las consignas, porque para eso tiene oficios y palabras, y a lo peor hasta quien haría un chistecito fácil sobre la altura de miras de tan importante mujer.
    Pero no lo hará, no se preocupen. Herrera no hará tal cosa. No hay perro que muerda la mano de quien le da de comer.