lunes, 10 de noviembre de 2014

Se acabó la Historia

Con mayúscula. Se acabó la Historia. Durante un tiempo me he dedicado a intentar entender lo que pasa en Cataluña en clave histórica. Que si el origen del nacionalismo, que si obrerismo de izquierdas y nacionalismo de derechas, que si las tergiversaciones de los nacionalistas sobre el pasado y tal y cual.
    Pero se acabó. Nada de eso vale. Las estadísticas dicen que en 2010 los catalanes partidarios de la indepedencia eran algo más del 10% y en 2014 son en torno al 40% (promedio de las cifras del CIS y el instituto oficial de la Generalitat). Esto quiere decir que el independentista no es un sentimiento largamente arraigado entre los catalanes, una corriente telúrica que mueva inconscientemente el espíritu de los ciudadanos al norte del Ebro, sino una posición política que han azuzado con especial éxito los políticos en ejercicio estos últimos años.
    Por un lado, y en primer lugar, la crisis. Mas y Junqueras, pero no solo ellos, han decidido que la crisis ha llegado a Cataluña por culpa de España. Han conseguido convencer a los catalanes de que Cataluña podría haber sido una Arcadia feliz de no haber tenido que cargar con el muerto de la incompetencia del gobierno central y el resto de la subsididada sociedad española.
    Lo que en el conjunto de España era la crisis, en Cataluña era España. Así lo han querido ver los políticos catalanistas y a eso han jugado los no catalanistas, si es que queda alguno. E incluso los que pasan por tales, como la peculiarmente torpe Sánchez-Camacho, ha sido incapaz de orientar el debate en otro sentido.
    Por otro lado, el gobierno central, que ha gestionado este asunto con la misma incompetencia que todos los demás. Es cierto que ceder al «cupo catalán», la nueva demanda económica de Mas, se habría entendido como una claudicación del poder central, que habría sido mal digerido en el resto de las comunidades y que habría mantenido la sensación de que el Estado es un rehén de Cataluña presente en el ánimo del resto de españoles al menos desde que Aznar hiciese la primera cesión del IVA a Cataluña.
    Pero la manera en que el gobierno catalán ha gestionado el asunto muestra cuán fácil resulta manejar la opinión pública. El crecimiento de Podemos o el cambio de percepción que ha tenido la ciudadanía con respecto a la monarquía apenas visto y escuchado el nuevo rey son otras tantas pruebas de que la opinión pública puede cambiar con bastante rapidez y, por lo tanto, ponen a Rajoy en ridículo por cómo ha dejado que el asunto se le fuera de las manos. Entre no ceder de plano a las exigencias de Mas y decir que no puede moverse nada porque todo está bien o no hay consenso para otra cosa, hay un mundo, el que separa el 12% del 40%.    
    Digo más. Después de escuhar esta mañana los informativos del gobierno y los afines, diciendo, entre otras cosas, que ayer votaron todos los independentistas y que todos los que no votaron no lo son (como cuando se decía que los que no se manifestaban en contra del gobierno estaban a favor de él), no me cabe duda de que el 40% será el 45% antes de Navidades.
   
Estrambote:
La jefatura del Estado, la revisión de la separación de poderes, el papel de los partidos políticos y la manera de acoplar definitivamente el tema territorial son cuatro razones para abrir en España un nuevo período constituyente al que no sé por qué se le tiene tanto miedo. ¿Porque los ciudadanos no somos capaces de entendernos o porque los políticos no son capaces de entenderse, salvo para cuando tocar robar?