sábado, 28 de febrero de 2015

Wert la vuelve a liar


Andan los estudiantes universitarios revueltos por una reforma universitaria que no van a padecer, y andan los estudiantes de Secundaria ignorantes de la reforma que afectará a los que tienen aspiraciones y dejará fuera de los estudios superiores a muchos de ellos. Menos mal que existe la solidaridad intergeneracional y que a los jóvenes les queda  el idealismo suficiente para enfrentarse a un ministro con capacidad para cabrear a todos los colectivos que administra.

Seguramente, no le falta razón a Gomendio cuando dice que hay demasiadas universidades que ofrecen las mismas titulaciones y que sería magnífico que ofreciesen una formación diversificada y especializada. El plan 3+2 obligaría a las universidades a lo que la reforma de Bolonia parece que no pudo conseguir. La idea no es condensar en cuatro o en tres años lo que antes se daba en cinco sino hacer otra cosa diferente. Ofrecer una formación superior básica (si puede superarse la contradicción) a todos los universitarios y ofrecer luego una especialización adecuada, que habría de ser más útil al estudiante cuando tratase de encontrar trabajo.

Pero la propia Gomendio descubre después que hay otro propósito, que es el de hacer que las universidades recuperen el papel de formación de las elites que ha perdido. Formación de los que son elites antes, quiero decir, no de quienes vayan a serlo después.  Y es que Gomendio subrayó que los másteres seguirán siendo más caros, mucho más, y no existe otra razón que la de disuadir a los estudiantes: Wert llegó a mencionar el crecimiento exponencial de los estudiantes universitarios, como si fuese verdad. La experiencia actual y los planes futuros garantizan que la inmensa mayoría de estos estudios no cuestan a la universidad ni un euro más. Los dan los mismos profesores y no se hacen cosas sustancialmente diferentes, lo que además tiene pinta de conducir a que la frase que he escrito entre «ofrecer una» y «encontrar trabajo» es papel mojado desde el principio.

Es decir, el plan del peor ministerio de Educación que hemos tenido en décadas en este país es, simplemente, ahondar en un país cada vez más desigual. Un ministerio que se  mimetiza bien con las directrices generales gobierno. Rajoy debe de estar la mar de contento con este ministro.