El partido más o menos socialista británico bajó el IVA del 17,5% al 15% para sortear la crisis, mientras que el partido más o menos socialista español anunciará mañana que lo subirá del 16% al 18% para conseguir lo mismo. El hecho que dos que piensan igual actúen de forma contraria me sume en la zozobra y me hace pensar para mayor desasosiego que si los tories se opusieron a la medida desarrollaron un pensamiento semejante al zapaterista mientras que Rajoy, al llevarle la contraria a Zapatero, podría pasar por ser el ideólogo de los laboristas si viviese en Gran Bretaña. Por lo demás, cualquier lector de prensa es capaz de argumentar las virtudes regerancionistas de bajar y de subir el IVA: yo mismo puedo hacerlo. Sin embargo, antes de resolver el problema, esto lo agrava porque, o no es posible salvar el obstáculo por dos caminos contrapuestos, de forma que Gran Bretaña o España no saldrán de la crisis y toda una escuela de economistas debería marcharse a escardar cebollinos, o sí lo es, lo que hace prescindibles a los ministros de Economía (algo de lo que Zapatero nos demuestra estar convencido cada vez que da un mitin y anuncia dinero para todos) y, lo que es peor para el pensamiento humano en general, convierte al misterio de la Santísima Trinidad en una simpleza en comparación con lo que ocurre en los tiempos modernos. Después, Pajín y Cospedal nos lo explicarán todo con la simpleza habitual de los buenos y los malos, los blancos y los negros, los ricos y los pobres, siempre tan intercambiable, mientras que los que tienen la pasta de verdad siguen -ellos sí- mandando de verdad.
viernes, 25 de septiembre de 2009
viernes, 18 de septiembre de 2009
Palabras difuntas
Publicada el 18 de septiembre de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Hace tiempo que los futbolistas no rematan a gol. Lo que hacen es definir, a despecho de que el diccionario de español tenga reservada una línea al fútbol y otros deportes para la palabra «rematar» y de que el mismo diccionario diga que «definir» es -como mucho- resolver algo dudoso. La peculiaridad de este cambio forzado en el significado de la palabra es que se debe exclusivamente a la voluntad (o a la ignorancia) de un reducido colectivo de usuarios: los periodistas deportivos. Estos mismos usuarios son lo que suprimen los artículos y sitúan a los porteros bajo [los] palos, hacen correr a los jugadores por [la] banda y los obligan a «definir» con [la] pierna izquierda.
Cuando se celebren los funerales por el «remate», lo que puede pasar en cualquier momento, dado lo sensible que se ha vuelto la Academia a la «vox populi», empezaremos a preparar el entierro del «muy». Ya nada es muy bonito o muy caro. Todo es súper. La expresión, tan pija ella, se ha extendido a toda la población y esta es la fecha en la que resulta dificilísimo escuchar a alguien que no la prefiera a «muy».
José Montilla, el presidente catalán, ha avanzado un paso más y no sólo utiliza «súper» como sustituto de un adverbio de cantidad sino como le da la gana, y así se permitió definir (no los remató, aunque ganas le quedaron) a los que le jodieron la Diada quejándose del paro como una «super-minoría», dejándonos con la duda (relativa, claro) de si se trataba de una minoría grande (llegando a ser casi una mayoría) o una minoría muy pequeña, menor todavía de la que en su día estuvo interesada en aprobar o no el Estatut.
Cuando se celebren los funerales por el «remate», lo que puede pasar en cualquier momento, dado lo sensible que se ha vuelto la Academia a la «vox populi», empezaremos a preparar el entierro del «muy». Ya nada es muy bonito o muy caro. Todo es súper. La expresión, tan pija ella, se ha extendido a toda la población y esta es la fecha en la que resulta dificilísimo escuchar a alguien que no la prefiera a «muy».
José Montilla, el presidente catalán, ha avanzado un paso más y no sólo utiliza «súper» como sustituto de un adverbio de cantidad sino como le da la gana, y así se permitió definir (no los remató, aunque ganas le quedaron) a los que le jodieron la Diada quejándose del paro como una «super-minoría», dejándonos con la duda (relativa, claro) de si se trataba de una minoría grande (llegando a ser casi una mayoría) o una minoría muy pequeña, menor todavía de la que en su día estuvo interesada en aprobar o no el Estatut.
viernes, 11 de septiembre de 2009
Lo de Pozuelo
Publicada el 11 de septiembre de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
Escuché el razonamiento impecable de la chica. «Aquí no tenemos dónde beber, así que no me extraña que pasen estas cosas». Es posible que el abuelo de esta chica dijese lo mismo hace cincuenta años, después de darse unas carreras por la Ciudad Universitaria delante de una escuadra de grises: «Aquí no tenemos libertad, así que no me extraña que pasen estas cosas». Puede que el progreso sea sólo esto: cambiar el complemento directo de las oraciones. Tener libertad, tener un sitio donde emborracharse, tener un negro que apalear... Me fascina fabular sobre qué le faltará al nieto de esta chiquilla de blusa azul para que se sienta movido a descalabrar a los guardias de entonces. He oído a algunos (supongo que del PP) que la culpa es de la logse, a otros de no sé dónde que los chicos están muy consentidos y tienen de todo (hasta el cariño incondicional de los suyos, que no le retirarán ni siquiera a aquel borracho cabrón que lo utilizó como arma en plena refriega, cuando acusaba a los guardias de que no los quería nadie y por eso merecían que los moliesen a botellazos), a otros esto y a otros aquello. De todos modos, no deja de ser curioso que al extrarradio de París le peguen fuego los pobres y al de Madrid los ricos, y no me sustraigo a la tentación de decir que la libertad que los abuelos pijos de estos pijos reclamaron medio siglo antes, muchos chavales solamente la emplean para mirar escaparates (Manolo Tena, 1978).
martes, 8 de septiembre de 2009
Ordenadores para todos
Publicada el 4 de septiembre de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
He tardado un tiempo en pronunciarme sobre el asunto porque he estado buscando investigaciones educativas que avalen la medida. Encontrar investigaciones educativas es una tarea difícil en este país, pero una vez que he localizado unas cuantas, puedo asegurar que ninguna afirma que si les damos a todos los alumnos una video-consola los resultados académicos mejorarán. Tampoco, si lo que les damos es un ordenador. Regalar a cada alumno de diez años un ordenador puede ser una buena medida de política social porque se democratizará el tuenti y alguien hará negocio con un fiftin, pero dudo que sea efectiva como medida educativa. En doscientas cincuenta palabras no tengo espacio para explicarme, pero diré que dudo que cierta manera de gastarse el dinero de las autoridades sirva, en líneas generales, para paliar las carencias que los estudios internacionales detectan en nuestro sistema educativo, que es lo que a la administración le preocupa. Es posible que pronto lleguemos al 6% del PIB en educación (que es la otra preocuupación de los que mandan), pero no sé si servirá para algo más que para presentar unas estadísticas bellísimas. Lo curioso del caso es que esta política del regalo universal que se está llevando a cabo (libros, ordenadores, dinero, facilidades para titular...) la critica, sotto voce, casi todo el mundo, pero nadie lo hace en voz alta. Bueno, sí. Una amiga mía que ve que su hijo, con un diez de media, no podrá estudiar Medicina porque con el dinero de la beca no tiene ni para empezar. Igual que hace treinta años.
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