jueves, 4 de agosto de 2011

Menudo papelón

Publicada el 5 de agosto de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.
En la mesa de al lado dos feligresas le contaban al cura que ayer mismo habían echado de la piscina de su comunidad de vecinos a dos niños porque eran intolerablemente negros. Lo dijeron como quien cuenta que después del martes viene el miércoles. Si acaso, con el orgullo de quien ha contribuido al bien común. Miré al cura pero no percibí que se le atravesase el churro en la conciencia. Casi le pregunto si no existe una actualización de la catequesis donde se informe de que amar al prójimo incluye a los negros, pero la cabeza se me fue a cuando me proporcionaban aquella patatera deformación religiosa que describía la vida como una sucesión de asuntos vergonzosos, pequeños crímenes, grandes hogueras eternas y una desconfianza feroz en los demás. Entonces me parecía que el cura que me confesaba no podía ser el mismo que rezase la misa. Me resultaba bochornoso tener que escuchar a quien acababa de escuchar mis podredumbres. ¿Cuáles de las miradas que acababan en mí eran un reproche y una acusación, cuáles una forma de avisar a mis padres de por dónde iba despeñándoseme el alma? Ahora pienso lo mismo pero, en cambio, me parece que el papelón es el de los curas. ¿Desarrollará aquel de quien les hablo la próxima homilía sobre la parábola del samaritano en versión era-de-las-grandes-migraciones y mirará a sus amigas con intención o preferirá hablar de B16 Superstar? ¿Cuando le confiesen que la otra noche abusaron de la jaqueca para no honrar a sus maridos, les dirá que el racismo es peor ofensa? ¿Permitirá que corran el riesgo de morir en pecado hasta la próxima confesión? ¿O les perdonará el agravio al prójimo sin que medie arrepentimiento ni propósito de la enmienda? ¡Menudo papelón!