domingo, 1 de julio de 2012

LTGB

Publicada el 29 de junio de 2012 en El Día de Castilla-La Mancha.

El fútbol le ha comido el protagonismo a los gays. Entre Fábregas y Carbonero nadie se acuerda de los homosexuales, que llevan tres días sacando de la crisis al centro de Madrid. Menos mal que no coincide la final del campeonato con el final de la fiesta gay porque, de lo contrario, el domingo la Cibeles no sabría si estaba sirviendo a la causa del arcoiris o a la balompédica. Lo único que ha sido noticia este año ha sido que Botella está dipuesta a tragarse un sapo del tamaño del sapo partero e incluir el amogollonamento homo en el calendario de fiestas de Madrid. Business is business.
Así las cosas, no encajo bien el espíritu heterodoxo de los gays con la deriva oficialista que detecto en sus formas. Hemos pasado del orgullo gay (que no todo el mundo comprende, pero sí puede pronunciar) al orgullo ltgb, que ni lo uno ni lo otro, y que incluye a las lesbianas (¿por qué no llamamos a los gays lesbianos?), transexuales y bisexuales, tengan estos dos el artículo que deban tener. Esta tendencia a marcar las diferencias dentro del colectivo, o a establecer cuatro o seis distintos -¿de momento?- suena a aquello de los y las en todas partes y nos trae a la mente los feos relejes de lo políticamente correcto.
Más aún. La gran procesión de mañana, esa de las carrozas llenas de plumas, músculos aceitados y otros tópicos, reclama para sí el adjetivo «estatal», lo que nos pone a un tris del nacionalismo homosexual o éramos pocos y parió la abuela, y reivindica el «matrimonio igualitario: la igualdad sin recortes», lo que, o se explica mejor, o no deja de aprecer una frivolidad con la que está cayendo. Por lo demás, el empeño homo de que les permitan casarse solo tiene comparación con el empeño hetero de que les permitan no hacerlo.
La vida y tal.

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